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La neumonía, una amenaza para los pulmones

Su gravedad depende del microorganismo que la causa, de la edad del paciente y de otras enfermedades que pueda padecer

  "No se acaba de curar este catarro". Éste es el veredicto autoproclamado por la mayoría de los afectados que, tras sufrir cuadros de fiebre, mucosidad y dolor muscular durante varios días, incluso semanas, no hallan ninguna mejoría. Lejos de ser un resfriado o un catarro mal curado, como se piensa en numerosas ocasiones, es probable de que se trate de una neumonía o pulmonía. Una infección respiratoria muy común que afecta especialmente a las personas con pocas defensas y a los ancianos que sufren otras patologías. Entre el 40% y el 50% de todas las neumonías detectadas no revisten gravedad, pero en la misma proporción está infección requiere hospitalización e incluso el ingreso en la UCI. Ciertas costumbres malsanas, como fumar, beber y no cepillarse los dientes después de cada comida, y determinadas dolencias pueden favorecerla. Evitar las primeras y controlar las segundas son dos de las medidas más efectivas para prevenir esta amenaza.

Quien esté libre de sufrirla...

La neumonía, más conocida como pulmonía, es una inflamación de los pulmones causada por una infección. Se desarrolla cuando un individuo entra en contacto con diferentes clases de microorganismos patógenos (bacterias, virus y hongos) que llegan a los pulmones a través del aire o que ya se encuentran en la boca y que penetran en las vías aéreas.

Entre esos microorganismos, el principal agente que la causa, hasta en un 40% de los casos, es el Streptococcus pneumoniae o neumococo. La neumonía puede orginarse también por la Legionella pneumophila y el Mycoplasma pneumoniae, bacteria causante de la neumonía en niños mayores y adultos jóvenes. En cualquier caso, los síntomas que la anuncian son la fiebre alta, acompañada de sudoración y escalofríos, tos productiva, falta de apetito y debilidad, dolor generalizado, dolor de cabeza y en los casos más graves dificultad al respirar o disnea. Además, en ciertos tipos de neumonía, como la que afecta a las personas mayores, se registran otros síntomas, como el padecimiento de cuadros de confusión, y, en la neumonía causada por el neumococo, es frecuente la aparición del herpes labial. La intensidad con que se manifiestan todos estos síntomas es variable, como también lo es la gravedad de la neumonía: existen numerosos casos leves, que se pueden tratar en el domicilio; otros de mayor gravedad, que requieren hospitalización; y otros muy graves, que exigen el ingreso en la Unidad de Cuidado Intensivo (UCI).

Casos vulnerables

  Las personas más vulnerables frente a la neumonía son las inmunodeprimidas, bien por una enfermedad o bien porque toman algún tratamiento que debilita sus defensas, así como las personas más mayores que ya padecen otra enfermedad. De hecho, la neumonía es la infección más frecuente en los adultos de más de 65 años y en los niños. Pero, además de la edad -un factor no corregible- hay ciertos hábitos nocivos que pueden favorecer el desarrollo de una neumonía y que podrían evitarse, como el alcoholismo y el tabaquismo, ya que un 51% de los fumadores tienen más riesgo de sufrir neumonía respecto a los no fumadores. La mala higiene bucal también eleva la presencia de bacterias que potencialmente pueden causar la enfermedad. Otras situaciones que contribuyen a que bajen las defensas frente a la neumonía son ciertas enfermedades crónicas, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la cardiopatía congestiva, la diabetes o ciertas dolencias hepáticas e inmunológicas. Entre las que aumentan la concentración de bacterias causantes de la neumonía destaca las que generan pérdida de conciencia. En estos casos, se reduce la capacidad de toser y expeler mucosidad y otras secreciones. De esta manera, se aumenta el riesgo de que se desencadene una infección. Si se ha diagnosticado un tumor de laringe, de esófago o se ha pasado por una cirugía de abdomen o un traumatismo de tórax, ya que los afectados presentan una respiración poco profunda, tienen menos capacidad para toser y, por lo tanto, retienen más mucosidad que puede dar origen a la infección.

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