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Analizada la accesibilidad en tres edificios públicos (ayuntamiento, hospital y estación de tren) de 18 ciudades: Las ciudades avanzan en accesibilidad para discapacitados físicos pero olvidan a ciegos y sordos

La escasez de información en braille y la falta de intérpretes profesionales de lengua de signos son las trabas más evidentes para los discapacitados auditivos y visuales

Hospital, no siempre sanos y salvos

Es fundamental que todos los ciudadanos puedan acceder, sin problemas, a este tipo de instalaciones. No obstante, todavía hay algunas barreras importantes para los tres tipos de discapacidad. En primer lugar, se ha de destacar que durante el recorrido se encontraron algunos peligros en A Coruña, Murcia, Oviedo, San Sebastián, Sevilla y Zaragoza para las personas ciegas, debido en gran parte a que el pavimento no era estable (baches pronunciados, hundimientos de calzada, trozos de tierra suelta, baldosas que sobresalían, bordillos demasiado altos) y tampoco antideslizante.

  Durante el recorrido hacia el edificio hospitalario hubo que atravesar la calzada varias veces. Para el discapacitado visual es imprescindible que exista un medio acústico que avise de que cruza una calzada con tráfico, sin embargo, entre las ciudades donde el paso de peatones tenía semáforo, éste solo disponía de aviso acústico en Alicante, Bilbao, Córdoba, Granada, Madrid, Oviedo y Valladolid. Por su parte, las personas con problemas auditivos necesitan que toda la información que les rodea sea visual, pero entre los semáforos que se encontraron durante los 18 recorridos, únicamente en Córdoba se señalaban los segundos que faltaban para que se pusiese en rojo.

Para acceder al hospital, la puerta era giratoria solo en Bilbao y en Valladolid, aunque en ambos casos había un acceso con puertas manuales. Durante los recorridos con la persona con discapacidad motriz se observó que la entrada no estaba al mismo nivel de la calle en 13 de las 18 ciudades analizadas; es más, en diez había escalones, eso sí, salvados por rampas no mecánicas y ascensores. Dentro del hospital, solo en Vitoria determinadas zonas dificultaban la movilidad. Asimismo, el discapacitado visual únicamente encontró bandas o guías de dirección de diferente color y textura que le ayudaran en Bilbao y Vitoria. Además, solo en Granada se encontraron obstáculos en el interior del edificio que complicaban el recorrido de las personas con problemas de visión, aunque en todos los casos el pavimento era estable.

Para pedir información, las personas en sillas de ruedas se acercaron a los mostradores de atención al paciente, pero especialmente en Bilbao, Granada y Oviedo no había ninguno a una altura adecuada. Las personas que más problemas tuvieron a la hora de comunicarse fueron los discapacitados auditivos: solo en Málaga se informó de la existencia de un servicio de intérprete profesional de lengua de signos, aunque no se ofrecía al instante. Esto obligó a que la persona se comunicara de manera escrita y por gestos, aunque se dificultaba sobremanera la comunicación. De hecho, el trato no fue correcto en Barcelona, Cádiz, Córdoba, Pamplona, San Sebastián, Sevilla y Valencia, básicamente por las dificultades a la hora de facilitar la información.

Por su parte, las personas ciegas también tienen problemas para acceder a la información que existe en un edificio público, ya que en líneas generales la gran mayoría de carteles, folletos e impresos no están traducidos al braille.

Por último, los aseos adaptados de los hospitales están señalizados en su mayoría con el símbolo internacional de accesibilidad y la puerta de entrada permite la entrada de una silla de ruedas. Sin embargo, en el interior se encontraron algunas carencias reseñables: faltaban sistemas visuales para indicar si el baño estaba ocupado o libre y los grifos no disponían de un sistema automático que se accionase cuando se ponían las manos bajo él (útil para los discapacitados visuales y los físicos).

Estación: un viaje de obstáculos

  En el caso de la accesibilidad para personas invidentes, lo más llamativo es que en cerca de la mitad de las ciudades estudiadas (Alicante, Cádiz, Granada, Málaga, Oviedo, San Sebastián, Vitoria y Zaragoza) se encontraran obstáculos o peligros en el entorno inmediato de la estación de ferrocarril: mobiliario urbano mal colocado (columnas, árboles, farolas), pavimento en mal estado...

Para las personas con discapacidad física todas las estaciones disponían de un servicio de ayuda y acompañamiento (denominado Atendo promovido por Renfe), además de que la distribución interior del edificio permitía la movilidad sin problemas, tal y como se pudo observar en las 18 estaciones de trenes analizadas. Sin embargo, se encontraron algunos obstáculos a la hora de dirigirse a los andenes (en Granada y San Sebastián) y a los mostradores de atención al público (Alicante, Córdoba, Pamplona, Valencia, Valladolid y Zaragoza). Igual de negativo resulta el hecho de que en siete de las 18 ciudades, los mostradores de información y compra de billetes se encuentran demasiado altos para una persona en silla de ruedas; es el caso de A Coruña, Bilbao, Granada, Vitoria, Murcia, Oviedo y Valencia.

Prácticamente la mayoría de estaciones no disponen de señales acústicas de información o de ubicación para ayudar a los invidentes. Tampoco las puertas, paredes y suelos están pintadas de un color contrastado entre ellos para que una persona con visión reducida pueda distinguirlos. Los bordes de los andenes de las estaciones de tren de Alicante, Pamplona, Valencia y algunos de Valladolid no tienen bandas de seguridad sobre el pavimento. Además, en más de la mitad de las estaciones de tren visitadas (localizadas en A Coruña, Alicante, Barcelona, Córdoba, Málaga, Murcia, Oviedo, Pamplona, Valladolid y Zaragoza) las máquinas electrónicas de compra de billetes no tenían las instrucciones en braille o relieve. Aun así, la atención demostrada por el personal de la estación hacia la persona invidente fue satisfactoria en todos los casos salvo en San Sebastián, Madrid, Zaragoza y Alicante donde la persona del mostrador de información se dirigía en todo momento al técnico que acompañaba al invidente en lugar de a este que era el que le había solicitado información.

Por su parte, el mayor problema para una persona con discapacidad auditiva reside en la falta de dispositivos visuales para alertar a los usuarios en caso de emergencia (solo se vieron en las instalaciones de A Coruña, Bilbao, Málaga, Murcia, Sevilla y Valencia). Pero, el mayor obstáculo para comunicarse sigue siendo la falta de un intérprete profesional de lengua de signos: solo contaban con este servicio las estaciones de Barcelona, Madrid, Valladolid, Córdoba, Oviedo, Pamplona y Málaga. Sin embargo, en más de la mitad de ocasiones, la atención demostrada por el personal de información hacia esa persona con discapacidad auditiva era buena.

Para finalizar la visita, se comprobó la accesibilidad de los aseos de la estación. Hay pocos aspectos negativos para los discapacitados físicos. En todas las ciudades los baños visitados estaban señalizados con el símbolo internacional de accesibilidad en la puerta. El acceso era lo suficientemente ancho como para que pudiera entrar cómodamente una persona en silla de ruedas. Sin embargo, en los aseos visitados en A Coruña, Bilbao y Zaragoza, su interior no era lo suficientemente espacioso. Además, el aseo de la estación gallega no tenía barra de apoyo.

Asimismo, si las puertas de entrada a los lavabos no se encuentran pintadas en colores llamativos o bien señalizados en braille, difícilmente pueden ser localizados por una persona invidente o con visión reducida, y esto opcurría en los aseos de A Coruña, Barcelona, Córdoba, Madrid, Málaga, Murcia, Oviedo, Pamplona, Sevilla, Valladolid y Zaragoza. Además, solo en tres ocasiones (Córdoba, Murcia y Sevilla) los baños contaban con un sistema visual que indicara si estaba libre y ocupado, necesario para los no oyentes.

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