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Digestiones pesadas y atracones: de la molestia al remedio

Los alimentos por sí solos no son los únicos culpables de las digestiones pesadas, la forma de cocinarlos y la cantidad ingerida también influyen

  Digerir la comida no es una tarea fácil para todos los estómagos. Una parte de la población sufre digestiones pesadas, aunque los expertos no se atreven a dar una razón que explique por qué hay individuos que, tomando la misma comida en idéntica cantidad son más propensos que otros a padecer este problema digestivo. Eso sí: todos coinciden en que los excesos, en mayor o menor medida, se pagan con molestias estomacales. En estas fechas de celebración que se avecinan, las personas con tendencia a las digestiones pesadas deben saber que su talón de Aquiles no descansa en Navidad. Por eso, es recomendable tomar nota de una serie de remedios para combatir los efectos de los atracones.

La Navidad no siempre trae paz y alegria. Las personas con tendencia a sufrir digestiones lentas y pesadas, e incluso, dolorosas (dispepsia), no disfrutan de estas fechas en las que comemos más de lo habitual. Pero, ¿cuándo se considera que una digestión es pesada? Los expertos lo explican de la siguiente manera: se puede hablar de digestión pesada siempre que una persona note, transcurridas dos horas de haber comido, el estómago todavía lleno, la barriga hinchada con sensación de plenitud, con gases (eructos y ventosidades), somnolencia e incluso dificultades para realizar sus actividades cotidianas. Otros síntomas, como el reflujo gastroesofágico (o desplazamiento de los ácidos del estómago al esófago que produce ardor), no son tan característicos de las malas digestiones, aunque hay quienes, tras haber realizado comidas pesadas, sufren ambos efectos: digestiones lentas y acidez de estómago.

Nadie se libra de sufrir una digestión pesada

  No hay un perfil concreto de personas más vulnerables a padecer digestiones pesadas. Por mucho que se haya escrito sobre el tema, las características físicas, como la gordura o la delgadez, no son determinantes. No obstante, los expertos reconocen que los individuos más delgados, acostumbrados a comer poca cantidad, les cuesta más digerir una gran comilona. También se sabe que una parte de los afectados sufren alguna enfermedad asociada, como las piedras en la vesícula biliar, que complican la digestión y pueden endentecerla. Otros toleran peor los alimentos, ya que tienen tendencia por naturaleza, a las digestiones pesadas. Los niños, sin embargo, registran menos problemas de digestiones pesadas que los adultos ya que, por norma general, en caso de un exceso de comida, no lo toleran y lo expulsan con vómitos o diarreas. En la población infantil, éste es un problema poco frecuente, puesto que los niños tienen un metabolismo rápido y digieren los alimentos más fácilmente que la población adulta.

En cambio, en las personas mayores, los procesos metabólicos se hacen, de manera progresiva, más lentamente. Esto provoca que, aunque nunca hayan sufrido problemas digestivos, se hagan habituales con el tiempo.

Enemigos de la buena digestión

El potencial enemigo de una buena digestión es la propia alimentación. Sin embargo, conviene aclarar que las digestiones pesadas no se deben solo consumo de un determinado grupo de alimentos sino que además, la forma de cocinarlos también influye.

Los potajes de legumbres (de garbanzos o lentejas) con "tropezones", los platos muy condimentados con picante o salsas y los fritos con un exceso de aceite, pueden conducir a una digestión pesada si el aparato digestivo es vulnerable. Esto se debe a que la vesícula biliar debe trabajar más y se necesitan más jugos gástricos para digerir los alimentos. En cambio, es más difícil que provoquen digestiones pesadas las comidas ligeras, basadas en los alimentos crudos, hervidos o a la plancha.

Otros factores que favorecen o entorpecen una buena digestión son las circunstancias personales de cada uno -comer con prisas, estar estresados o trabajar y no poder descansar tras la comida-, el tipo de platos que se consumen y la época del año. En verano y durante el descanso estival, es más difícil que una persona padezca digestiones pesadas, aun cuando se dé un atracón, puesto que si se descansa tras la comida, se notan menos las molestias propias de este problema digestivo.

Por el contrario, en invierno se tiende a comer platos más calóricos y a realizar excesos alimentarios que resultan difíciles de digerir, sobre todo si no se puede sestear. Por lo tanto, las personas con tendencia a padecer digestiones pesadas lo pasan peor en la época invernal. Esto tiene especial incidencia en trabajadores que comen fuera de casa, más aún si eligen platos grasientos y complicados de digerir que les dificulta la realización de su actividad laboral tras el mediodía. Algo similar les sucede a los estudiantes que toman una comida copiosa fuera de su domicilio. Por eso, es frecuente que por las tardes les cueste más concentrarse.

Dos problemas distintos

La digestión pesada y el atracón no son trastornos iguales. Una persona puede sufrir una digestión pesada sin darse un atracón porque el problema reside en la incapacidad del sistema digestivo en hacer la digestión de manera correcta. Y, viceversa: un individuo puede comer hasta la saciedad, es decir, darse un atracón, comer sin límites, sin sufrir, después, una digestión lenta y pesada.

Por tanto, se considera que una persona sufre un atracón cuando se ha registrado un claro exceso alimentario. Lo habitual en estos casos es que el afectado vomite porque su aparato digestivo se encuentra colapsado, y no tanto por sufrir de digestiones lentas y pesadas. No obstante, en las personas más susceptibles de sufrir molestias estomacales es más habitual que después de un atracón padezcan una digestión pesada.

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