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Menús navideños sin fronteras

El 25 de diciembre tiene un sabor especial que en cada mesa adquiere un gusto particular y en cada país un aroma característico

  A estos días navideños se les pone música, a las creencias imágenes y a los momentos sabores, campanas, velas, abetos, regalos.... Este conjunto de símbolos los comparten personas, separados por miles de kilómetros, de credos y situaciones distintas, e incluso antagónicas. Las costas del Pacífico estrenan los días y en Filipinas son los primeros en disfrutar de un postre típico navideño. Se llama 'halo halo' y mezcla leche, judías rojas y blancas, nata y tiras de coco, mermelada, garbanzos, trozos de plátano y el ingrediente secreto de cada casa. Aunque la receta sorprenda, quien la prueba afirma sin dudar que resulta mucho más refrescante que un helado, y es que el 25 de diciembre en Manila se superan los 30 grados. Al norte, y con más frío, los japoneses han inventado un pastel de nata y fresas, blanco y rojo navideño, para sumarse a las tradiciones que les son muy ajenas pero audiovisualmente muy cotidianas.

  En torno a 130 millones de chinos celebrarán la Navidad. Aunque parezca una cifra considerable, solo representa el 10% de la población del país. La mayoría se suma a la fiesta y, como la saben extranjera, en Nochebuena cenan pizza. Un poco más cerca de occidente, en la India, la Navidad fue "depositada en herencia" por los ingleses y aunque sin fe cristiana hoy no falta en las mesas el pudding, en el árbol los regalos de Papá Noel y en las calles los autos sacramentales. Pero si hay un continente navideño éste es Europa. Cada país, cada región, cada comarca, cada familia tienen y salvaguardan sus tradiciones, y comparten y legan sus recetas y costumbres en torno a la mesa.

En el viejo continente

En Grecia, la gastronomía es un arte que en Navidad se multiplica y representa en varios platos. El menú del 25 de diciembre es interminable, entre las muchas y variadas recetas no falta el pavo relleno de castañas y pasas de Corinto, el gorrín asado al fuego lento y el roscón de nueces y jarabe de miel. En Bulgaria también el menú es excelso pero no hay sitio para la carne ni para los lácteos, éstos se reservan para el día siguiente. Frutos secos, albóndigas de verduras, ensaladas y legumbres conforman el menú del 25 de diciembre. En Polonia, esperan a que pasen las fiestas para comer carne, y las obleas de pan con dibujos bíblicos anteceden a un menú en el que se elaboran sopas de legumbres y pescado al horno. Dulces y chocolates ponen el punto final al encuentro familiar que comienza cuando se ve la primera estrella en el cielo de la Nochebuena.

Inglaterra e Irlanda comparten la tradición de elaborar el pudin de frutas

El vals marca los compases austriacos en Navidad. Las tartas, los pasteles, los canutillos... todo tipo de dulces protagonizan las mesas adornadas por composiciones artesanales de velas y hojas perennes preparadas durante todo el mes de diciembre. Las salchichas no faltan en la mesa alemana, pero son solo un elemento más. Galletas singulares, de múltiples formas y colores, pasteles de jengibre, manzanas rellenas y mazapanes sostienen el peso de estas jornadas tan especiales. En los países escandinavos, el sabor de la Navidad es ahumado. Es frecuente utilizar salmón, arenque, fletán, bacalao o abadejo siempre secado a la sosa y aromatizado con clavo, laurel y canela. Pero aún queda apetito para degustar jamón, queso casero y ensaladas de hongos. Los postres son rojos y morados, de grosellas y arándanos.

A las orillas del Mediterráneo, Italia ejemplariza el sentido familiar de las fiestas. En su mesa no falta un surtido importante de entremeses, los "antipasti" que anteceden al plato de espagueti con almejas o cualquier otra suculenta receta tradicional. Las lentejas que tanta literatura navideña han inspirado se reservan para la última noche del año, y los italianos comparten con España la conservación del dulce heredado de los árabes, los turrones. En el sur de Francia también se degustan y elaboran, pero sobre los galos recae el título de ser el país inventor del roscón de Reyes. El foie-gras y todo tipo de excelencias procedentes de la matanza otoñal del cerdo tampoco faltan. La Navidad abandona el viejo continente por Inglaterra e Irlanda. Comparten ambos países el ritual de elaborar en familia y con tiempo el budín de frutas para el postre de la comida del día 25 a base de pasteles salados y sabrosos purés.

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