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Perros Guía: Una luz en la oscuridad

Ilia es una hembra negro azabache de Labrador Retriever. Con dos años ya es un perro guía, una facultad fruto de una buena genética, una educación sin fisuras, grandes dosis de entrenamiento y mucho cariño. Nació en la escuela que la Fundación ONCE del Perro Guía tiene en la localidad madrileña de Boadilla del Monte. Unas instalaciones de 100.000 metros cuadrados donde trabajan casi 60 personas fijas distribuidas entre administración y los Departamentos de Cría, Cachorros, Perreras, Entrenamiento e Instrucción. Gracias a esta labor diaria y a las familias que acogen y educan a los futuros perros guía, mil ciegos y discapacitados visuales de España pueden desplazarse con absoluta libertad.

  
A partir de los 18 meses un perro adiestrado en la Fundación ONCE del Perro Guía está capacitado para orientar a una persona con discapacidad visua. Foto: Ruben García Blázquez.

De 0 a 2 meses

Los cachorros de perro guía ven la luz en el bloque de partos, el más vigilado y mimado de toda la escuela, pero el ciclo no comienza con el nacimiento. Detrás del milagro biológico hay un selecto programa de cría que lleva décadas seleccionando y cruzando los machos y hembras más adecuados para cumplir el trabajo de lazarillo. Las razas que mejor se adaptan al perfil de perro guía - por su fidelidad, capacidad resolutiva, adaptación al medio, fidelidad, valentía y sacrificio - son la de Pastor Alemán y sobre todo la Retriever, que engloba a Labradores, Golden y Flat Coated.

  
Camada de Labrador Retriever en el bloque de partos. Foto cedida por la Fundación ONCE del Perro Guía.
  
Todos los cachorros de la misma camada se crían juntos hasta los 2 meses. A cada camada se le asigna una letra, en este caso la "P", y el nombre de cada perro empieza por esa letra. En la imagen vemos a Plater, Pansa, Palton, Poncho, Pegui y Peky jugando con Miguel Gómez, supervisor de cachorros. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Una chica recoge de manos de un trabajador de la Fundación ONCE uno de los cachorros de la camada "P". Ella y su familia lo cuidarán y socializarán hasta que cumpla un año. Foto: Ruben García Blázquez.

De 2 a 12 meses

Tras el periodo de cría los cachorros son donados a familias que desean adoptarlos de forma voluntaria y, aparte de vivir en la Comunidad de Madrid por la cercanía, deben superar una entrevista, disponer de tiempo libre y comprometerse a no dejarlo solo más de dos horas diarias. La tarea de la familia durante los próximos diez meses es socializar al perro en los ambientes en los que desarrollará su tarea de guía, aquellos lugares a los que un ciego podría ir, es decir, todos. Este proceso, vital en la formación del futuro perro guía, lo dirige un supervisor de cachorros y la Fundación corre con todos los gastos, tanto de veterinaria, residencia, mantenimiento y asesoramiento técnico.

  
Las familias reciben un documento con todos los datos de identificación del perro, su historial clínico y la fecha de la próxima vacuna. También les marcan estrictas pautas para su alimentación diaria. Foto: Ruben García Blázquez.
  
La familia hace visitas regulares a la Fundación de forma que los perros tienen un seguimiento exhaustivo por parte de los especialistas caninos de la ONCE. No hay lugar para cabos sueltos cuando se trata de criar y formar a un futuro perro guía. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Las familias pueden llevar al perro a la Fundación durante periodos vacacionales. En las instalaciones hay una residencia específica para ellos. Foto: Ruben García Blázquez.

De 12 a 18 meses

Al año de vida, con pena, pero sin sufrir ningún trauma, la familia se desvincula físicamente del perro y éste regresa a la escuela. Los entrenadores toman ahora la batuta y adiestran al futuro perro guía de forma progresiva en intensidad y dificultad. Comienzan con entrenamientos en la propia escuela, valiéndose de circuitos, y de forma inmediata pasan a bregarlos en la propia ciudad. Entre otras tareas les enseñan a marcar bordillos y obstáculos, a buscar el camino más despejado, a viajar en transportes públicos y refuerzan sus pautas de comportamiento y obediencia. Durante este proceso viven con sus compañeros en el bloque de entrenamiento, donde los cuidadores velan por ellos las 24 horas y los mantienen en las mejores condiciones físicas y emocionales. La familia es informada siempre de la evolución del animal y de la entrega al usuario, momento que ya comparten todos juntos en la escuela.

  
Durante las visitas se comprueba como se está desarrollando el carácter y la actitud de cada perro. En la foto Miguel Gómez con Leidi, una Flat Retriever. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Eva entrenando a un Retriever en un circuito simulado. Foto: Ruben García Blázquez.
  
A base de repeticiones los perros son capaces de marcar y solventar cada uno de los obstáculos. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Los Retriever son decididos y fieles y saben acatar las órdenes. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Su futuro compañero no podrá verle así que el perro debe aprender a buscar el contacto. Foto: Ruben García Blázquez.

A partir de los 18 meses

Durante la fase de entrenamiento, los técnicos de la escuela evalúan las condiciones de cada perro y escogen entre la lista de usuarios con discapacidad visual a quienes mejor se adapten a cada animal adiestrado, de acuerdo a su grado de autonomía, sus condiciones físicas y su carácter. El futuro usuario se desplaza a la escuela y desde el primer día se le recomienda vivamente que prescinda del bastón que le ha orientado hasta entonces. Convive y entrena con el perro guía asignado durante al menos dos semanas y pronto los vínculos afectivos dan sus frutos y se forma un tándem perfecto. Así llegó Ilia a convertirse en perro guía y así conoció a su compañero José Luis, que la define como su "luz en la oscuridad".

  
Durante la fase de entrenamiento los perros viven en unas instalaciones amplias y están atendidos las 24 horas por los cuidadores, en el caso de la foto por Antonio. Foto: Ruben García Blázquez.
  
El estado físico y emocional de los futuros perros guía debe ser idóneo. Foto: Ruben García Blázquez.
  
En Mayo de 2010, tras varios años de espera, José Luis Irisarri se convirtió en usuario de perro guía. En la imagen junto a Ilia, una labradora negro azabache de dos años. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Cada perro guía lleva una chapa de identificación. Las siglas FOPG (Fundación ONCE del Perro Guía), el número de teléfono para llamar en caso de que se extravíe el animal y un número de orden interno que sirve para reconocer a cada ejemplar. Foto: Ruben García Blázquez.
  
A los perros guía se les acostumbra a comer una sola vez al día, siempre a la misma hora. De esta forma el usuario controla la hora de las las deposiciones y se asegura que el animal trabajará con efectividad el resto del día. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Usuario y perro guía pasan juntos todo el tiempo. En la imagen podemos ver a José Luis junto a otra usuaria de perro guía cantando con sus compañeros del coro. Foto: Ruben García Blázquez.
  
Para José Luis, Ilia es su "luz en la oscuridad". Todo el cariño que se les demuestre es poco. Foto: Ruben García Blázquez.

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