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Cambiar ciertos hábitos en la cocina como vigilar los aliños en las ensaladas utilizar la cocina al vapor y controlar el consumo de bebidas azucaradas y alcohólicas permite ahorrar la ingesta de 100 calorías por ración
Las especias, los condimentos y las hierbas aromáticas sirven como aromatizantes perfectos que reducen la necesidad de sazonar los platos y de acompañarlos con salsas grasas. No hay que bajar la guardia: un plato saludable puede echarse a perder por la salsa o el aliño de acompañamiento. Tan sólo dos cucharadas soperas de aceite de oliva contienen 200 calorías, así que cambiar los aderezos de siempre por una salsa de yogur desnatado con un poquito de mostaza, unas gotas de limón y estragón para aromatizar puede reducir el plato en más de 150 calorías. La salsa mimosa con zumo de limón, ajo, perejil y huevo troceado también es muy ligera y apropiada para combinar con ensaladas de patatas, arroz o pasta.
Una bebida alcohólica o un refresco azucarado pueden arruinar los logros conseguidos con la confección de unos platos bajos en grasas y azúcares. La mejor bebida que complementa una dieta hipocalórica es, sin duda alguna, el agua. No obstante, se pueden utilizar zumos de frutas u hortalizas rebajados con hielo si son comerciales o, en el caso de tomar vino, hacerlo con un poco de gaseosa.
El broche final de una comida lo da el postre. Las frutas son la mejor elección: frescas, asadas, en sorbetes, con yogur desnatado, en compota... Utilizar frutas para añadir dulzor a los postres es una de las mejores formas de eliminar de la dieta algunas de las tentaciones gastronómicas más peligrosas, como los mousses, los helados y las tartas de todo tipo que coronan cualquier menú de celebración.
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