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El tipo y el grado de discapacidad marcan la pauta a seguir en el momento de emprender una reforma del hogar
Los problemas de accesibilidad no acaban cuando las personas con discapacidad motriz, visual o auditiva cierran la puerta del portal y abren la de su vivienda. Según la última Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y Situaciones de Dependencia (EDAD) del año 2008, son casi 3'9 millones las personas que declaran sufrir alguna minusvalía, cifra que supone el 8'5% de la población española. En uno de cada cinco hogares vive al menos una persona con discapacidad, y en más de medio millón lo hacen dos o más. Los domicilios en los que viven personas discapacitadas solas representan más del 5% del total. En todos ellos la adecuación de estas viviendas facilitaría una estancia cómoda, segura e independiente, que redundaría en una mejora de su calidad de vida.
La anchura libre mínima de cualquier hueco de paso de la vivienda para que pueda circular una silla de ruedas debe ser de 0'80 metros. La anchura de los pasillos debe alcanzar al menos 1'10 metros.
El cuarto de baño es uno de los lugares con más riesgo de sufrir accidentes. Por ello, en el mercado hay una gran variedad de productos para facilitar el día a día de una persona con algún grado de discapacidad, desde duchas que se instalan sin hacer obras en el lugar que ocupa una bañera y muebles de baño adaptados, hasta inodoros regulables en altura. En uno de cada cinco hogares vive una persona con discapacidad
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