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Documentarse antes de salir de casa, realizar un entrenamiento físico adecuado, cargar con lo indispensable y alimentarse bien durante la peregrinación son las claves para disfrutar y llegar a Santiago en buenas condiciones
El esfuerzo económico, más en los tiempos que corren, es otro elemento a tener en cuenta. El gasto por pernoctar en un albergue puede cifrarse en una media de cinco o seis euros, si se incluyen albergues privados, públicos y parroquiales, ya que el precio en estos últimos es inferior. A ello se suman los gastos en comida, cena y bebida. Además, hay que añadir un suplemento por el resto de gastos que origina el Camino, como el uso de la lavadora y secadora en los albergues, la visita a algún monumento, compras imprevistas, etc. En total, el coste medio es de 30 euros al día. Si se hace el Camino Francés a pie, que consta de unas 30 etapas, tres más si se continúa hasta Finisterre, el desembolso rondará los 1.000 euros.
Recorrer etapas largas y a buen ritmo los primeros días surte el mismo efecto que sacarse el carné de conducir, comprarse un Ferrari y ponerlo a 200 kilómetros por hora a la salida del concesionario. El riesgo de accidente, en nuestro caso lesión, rondará el 100 %. El refrán "camina como un viejo y llegarás como un joven" es el mejor consejo que puede recibir un peregrino profano. Durante las tres primeras jornadas, si no se está acostumbrado a caminar con peso, no es recomendable recorrer más de 20 kilómetros al día. Desaparecidas las agujetas y las molestias iniciales, se puede aumentar el número de kilómetros por día hasta los 30 ó 35 kilómetros. En el Camino abundan los deportistas que se atreven con caminatas de 40 y 45 kilómetros diarios, aunque muchos de ellos son víctimas de las temidas tendinitis. Las más frecuentes son las del tendón peroneo y las del talón de Aquiles. Para prevenir posibles lesiones hay que realizar una sencilla tabla de estiramientos antes de andar y al finalizar el ejercicio. Las partes del cuerpo que más sufren son los pies, los tobillos, las piernas, la espalda y los hombros.
Públicos, parroquiales o privados, los albergues de peregrinos son una más de las numerosas señas de identidad del Camino de Santiago. En los últimos años se han construido de acuerdo a la gran afluencia de visitantes, sobre todo los privados. Sólo en el Camino Francés hay más de 200, situación que favorece variadas posibilidades para pernoctar y, por ende, una división de etapas entre localidades menos encorsetada. En casi todos estos alojamientos, salvo en algunos privados, no está permitida la reserva y se ocupan según el orden de llegada, liderando las prioridades quienes hacen el recorrido a pie, seguido de quienes lo transitan a caballo o en bicicleta. Para alojarse en ellos es indispensable portar la credencial. La estancia se limita a una noche, salvo por enfermedad o fuerza mayor.
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