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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Enfermedades, fármacos y conducción, un triángulo peligroso

Conocer los síntomas de la enfermedad, su tratamiento y seguir las directrices del personal sanitario sobre las limitaciones que puedan afectar a la conducción son las claves para conducir con seguridad

  Abrir la puerta, meter la llave, colocar los espejos y arrancar. Esta es la rutina diaria para millones de conductores en todo el mundo que, más preocupados cuando salen de casa en no olvidarse la llave del coche, descuidan otros aspectos que pueden suponer un riesgo para su propia vida y la de otras personas, como los efectos del fármaco que acaban de tomar o las consecuencias que para un diabético puede tener circular por la mañana sin haber desayunado. En general, pocos conductores y acompañantes asumen que ponerse delante del volante es una acción que exige la perfecta integración de múltiples funciones de carácter sensorial, cognitivo y motriz. Por esta razón, los procesos agudos o crónicos que alteran la salud pueden influir en la capacidad para conducir, aumentando el riesgo de sufrir un accidente. Estudios realizados por la Asociación Española de Centros Médicos Psicotécnicos (ASECEMP) cifran en 37.000 las personas a las que se les priva del permiso de conducir por razones médico-sanitarias, lo que representa un 0'94% de los casi cuatro millones de conductores que se someten cada año a un reconocimiento.

La mayoría de las enfermedades crónicas con riesgo de reducir las capacidades para conducir un vehículo se deben a sus manifestaciones agudas o al deterioro derivado de su evolución. Según los datos revelados en el proyecto europeo IMMORTAL, llevado a cabo en Noruega por el Instituto de Economía del Transporte (TOI), los trastornos neurológicos y las enfermedades mentales son las patologías que mayor riesgo de accidentalidad representan. A estos trastornos les siguen, en orden de influencia, los medicamentos y la diabetes. En menor grado se encontrarían las enfermedades cardiovasculares, las afecciones del sistema locomotor y artritis, además de los problemas de audición y oftalmológicos.

Los daños colaterales de los fármacos

En nuestro país, y según datos de la DGT, el 77% de los conductores españoles se pone al volante bajo estados de estrés, mientras que el 22% lo hace en episodios depresivos, trastornos que pueden generar ideas suicidas y que intervienen en el 2'6% de los accidentes graves. La misma situación se plantea ante el tratamiento farmacológico a seguir, y es que un 15% de conductores reconoce estar medicándose para tratar la depresión, la ansiedad, los trastornos del sueño, o para relajarse o dormir. Mareos, somnolencia, aturdimiento, irritabilidad, nerviosismo, espasmos musculares, visión borrosa, disminución de la atención, desmayos y mayores tiempos de reacción son sólo algunos de los efectos secundarios a los que se enfrentan.

Las medicinas, debido a su capacidad depresora del sistema nervioso central, a sus efectos secundarios o por la interacción con otras sustancias como el alcohol, son uno de los factores que más pueden afectar la capacidad para conducir un vehículo de forma segura. Según datos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, un 30% de los conductores españoles toma de manera habitual algún medicamento, y las estadísticas de la DGT (Dirección General de Tráfico) especifican que entre el 5% y el 10% de los fallecidos en accidente de tráfico han consumido algún tipo de fármaco con efecto psicoactivo.

Pero lo más alarmante es que en numerosos casos el paciente desconoce el riesgo potencial de los medicamentos que ingiere durante la conducción. Ya sea por falta de información por parte del personal sanitario, o por no leer con detenimiento el prospecto del fármaco en caso de automedicarse (hábito extendido entre el 25-30% de la población), casi tres cuartas partes de los conductores no son conscientes de su influencia en la conducción de vehículos y desconocen los riesgos que pueden suponer la combinación de fármacos con el volante.

Medicamentos que pueden poner en peligro la capacidad para conducir vehículos

 

  • Analgésicos opiáceos. Somnolencia, sedación, confusión, vértigo, etc.
  • Antidepresivos. Somnolencia, visión borrosa, etc.
  • Antidiabéticos. Hipoglucemia.
  • Antiepilépticos. Somnolencia, mareo, trastornos de la visión, disminución de la capacidad psicomotora.
  • Antihistamínicos. Sedación, somnolencia, visión borrosa, alteraciones psicomotoras.
  • Antiinflamatorios no esteroideos. Somnolencia y mareo.
  • Ansiolíticos. Somnolencia, mareo, disminución de la concentración.
  • Benzodiazepinas. Somnolencia, sedación, aumento del tiempo de reacción, debilidad muscular.
  • Betabloqueantes. Somnolencia, vértigo, fatiga, disminución de la concentración.
  • Bupropión. Insomnio, mareo, temblor.
  • Estimulantes centrales. Excitación, euforia, insomnio, nerviosismo.
  • Neurolépticos. Somnolencia, apatía, confusión, alteraciones visuales, agitación.
  • Relajantes musculares. Somnolencia, vértigo, mareo.

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