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Menos agresiva y dolorosa, las intervenciones con incisiones mínimas están desplazando a la cirugía clásica por su comodidad y rapidez en la recuperación del paciente
Más rápida, cómoda y segura. No se trata de la promoción de una aerolínea, ni de una marca de coches, sino de las ventajas de la Cirugía Mínima Invasiva (CMI). Desde que se diera a conocer a mediados de los años 80, esta práctica se abre camino con paso firme y continuado entre las alternativas quirúrgicas para resolver problemas de salud cada vez mayores. Si en los inicios sus posibilidades se limitaban a apéndice, vesícula, próstata y caderas, ahora ya es posible extirpar órganos y vísceras, cuando no tumores, tanto benignos como malignos.
El objetivo de esta técnica es simple: se trata de acceder al interior del cuerpo humano a través de cortes muy pequeños. El uso de tecnologías de visión y de instrumental adaptado, junto con un mejor aprovechamiento de las oquedades y vacíos internos que todo cuerpo humano contiene, han hecho el resto.
Su mayor beneficio: la recuperación del paciente es más rápida y menos dolorosa. A diferencia de la cirugía clásica o abierta, en la que son necesarias grandes incisiones para acceder a la parte del cuerpo que se desea intervenir, basta con realizar cortes de reducidas dimensiones por donde se introducen endoscopios (tubos flexibles provistos de una cámara en un extremo y que están conectados a un monitor donde se visualiza la zona a tratar), además de distintos sistemas ópticos.
Las técnicas poco invasivas han experimentado tal desarrollo, de manera especial en intervenciones del aparato digestivo, que en estos momentos la colescistectomía (extirpación de la vesícula biliar) laparoscópica se ha convertido en una de las técnicas más utilizadas. En EE.UU. representa ya el 65% de todas las intervenciones de colescistectomía. Proporciones similares se empiezan a registrar en Europa. Según una encuesta nacional de la Asociación Española de Cirujanos, el 89 % de la extirpación de piedras de la vesícula -colelitiasis-, el 80% de la cirugía del reflujo gastroesofágico y el 54% de las pancreatitis agudas no complicadas se realizan con cirugía laparoscópica. Pese a estas cifras, los expertos están de acuerdo en que en España las cifras son aún muy reducidas por falta de tecnología y formación práctica necesaria.
Pero no sólo el aparato digestivo y la vesícula se benefician de esta técnica. También es muy recurrente en otras especialidades como cardiología y cirugía vascular, urología, ginecología, cirugía plástica, cirugía ortopédica y traumatológica, neurocirugía, otorrinolaringología y también en pediatría. Se estima que hay al menos cien procedimientos médico-quirúrgicos en los que se pueden practicar técnicas de CMI, aunque sólo una parte de ellos están aceptados por las autoridades sanitarias. En EE.UU. la aprobación de las distintas variantes ha sido muy rápida, lo que ha favorecido su extensión. En la Unión Europea, en cambio, el proceso es más lento y desigual. Pese a ello, sólo el 10% de los 15 millones de operaciones que se realizan cada año en EEUU se realizan mediante esta cirugía poco invasiva, según el informe Technology Forecast Report in Minimally Invasive Surgery. El pronóstico para los países europeos es que en los próximos cinco años alrededor del 25% de todas las intervenciones que se efectúen serán siguiendo directrices de CMI.
Las técnicas de Cirugía Mínima Invasiva han ganado terreno en los últimos años a la cirugía clásica por las ventajas que ofrece al paciente. Entre las más destacadas se encuentran:
Sin perder de vista en ningún momento las numerosas ventajas, hay que tener en cuenta que las técnicas de CMI también arrastran algunos inconvenientes respecto a la cirugía abierta.
Uno de los principales afectan a los cirujanos, ya que la formación en esta área es un proceso largo y difícil. Son técnicas muy exigentes y que precisan un gran entrenamiento. La CMI priva de visión y palpación directas, por lo que los cirujanos deben aprender a ejecutarla de un modo distinto al convencional. Asimismo, es necesario ser muy meticuloso en su práctica, puesto que si se produce una hemorragia importante, las complicaciones para controlarla son mayores. Además, el proceso de sutura (puntos) puede resultar más lento y adverso que en otras cirugías clásicas.
La cirugía mínima invasiva se puede aplicar en un centenar de procedimientos quirúrgicos
A todo ello hay que añadir la gran inversión necesaria en equipos e instrumentación y la falta de evidencia científica suficiente que avale la relación coste-beneficio frente a la cirugía convencional. Esos gastos hay que confrontarlos con el ahorro en atención y estancia hospitalaria. Aunque parece claro que para el paciente el sistema es ventajoso, hay que demostrar que lo es también para el sistema sanitario. Los expertos reclaman tiempo para ello.
En los dos últimos años ha aparecido una nueva variante de la Cirugía Mínima Invasiva, conocida como NOTES (acrónimo inglés de Cirugía Endoscópica Transluminal) que aprovecha los orificios naturales para acceder a órganos o tejidos internos. Boca, ano y vagina son los más destacados. La técnica, cuyos primeros pasos datan de 2004, todavía se halla en fase experimental. Apenas se han afrontado unos pocos casos en todo el mundo y en nuestro país los primeros se efectuaron en 2007. Hasta ahora, se han conseguido extirpar la vesícula biliar por la vagina y por la boca; el apéndice por la boca y el riñón por la vagina. En España, son centros pioneros en esta técnica el Hospital Son Llátzer de Palma de Mallorca y el Hospital Clínico de Barcelona.
La NOTES por el momento no se ofrece de forma rutinaria a los pacientes y todavía se practica junto a otras vías de acceso como la laparoscopia. Además, debido a que es una técnica novedosa, se desconocen sus resultados a largo plazo. Por esta razón, antes de someterse al procedimiento, al igual que ocurre con cualquier otra cirugía, es conveniente que el paciente se informe bien del tipo de intervención que le van a practicar y de la experiencia del equipo de cirujanos. Conviene leer con detenimiento el consentimiento informado (documento en el que se exponen cuáles son los beneficios y posibles complicaciones, riesgos y secuelas de la cirugía), y no descartar una segunda opinión médica en caso de considerarlo necesario.
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