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Los padres deben sopesar los intereses del niño, sus gustos, habilidades, preparación física y madurez antes de enviarles a uno de estos centros de diversión y educación alternativa
El fin del curso lectivo se asocia con la alegría, los chillidos y las fiestas que se multiplican en las escuelas y colegios de nuestro país. El peso de cuidar, entretener y seguir educando a los pequeños durante los próximos meses de verano recae de manera absoluta en los padres. Esta tarea, aparentemente fácil de cumplir, se puede transformar en una misión frustrante en muchas familias que no logran conciliar sus horarios laborales con los de sus hijos.
Ante la imposibilidad de contratar a una persona para el cuidado de los pequeños durante estos meses por razones económicas, de falta de confianza o de horarios, cada vez es más habitual que los dos miembros de la pareja se turnen en el disfrute de sus vacaciones para que el pequeño tenga como referente a uno de sus padres. Otra alternativa, más exitosa y atractiva, es la que se plasma en la creciente oferta de campamentos y colonias de verano, que permite que los jóvenes aprendan inglés en los Pirineos, surf en el Cantábrico, multiaventura en la sierra madrileña, teatro en Bilbao, magia en Cataluña...
Las posibilidades son muchas y la oferta interminable. En la ciudad, la playa, el campo o en el extranjero y organizadas por ayuntamientos, colegios, ludotecas, empresas privadas, entidades financieras, museos o clubes deportivos, las colonias, campamentos y granjas-escuela lúdicas o formativas ofrecen diversión y formación estivales para niños y jóvenes. Ellos se divierten y sus padres encuentran respuesta al dilema de qué hacer con sus hijos mientras llegan sus vacaciones laborales, mucho más breves que las de los escolares.
De acuerdo a la edad de los chavales y de sus gustos personales, se puede escoger entre iniciativas que combinan idiomas con deportes de aventura, actividades medioambientales y talleres de magia o clases de violín con paseos en globo. Casi todas las ofertas se estructuran en turnos de una semana a quince días de duración, con precios para todos los bolsillos, que van de los 35 a los 1.570 euros. Esta diferencia de precios viene dada, principalmente, por el tipo de alojamiento: desde la misma casa del niño, hasta un hotel de 4 ó 5 estrellas, pasando por albergues, bungalows, colegios, tiendas de campaña o granjas, sin olvidar las colonias gratuitas, sobre todo urbanas, organizadas por los ayuntamientos y otras instituciones.
Con independencia del ámbito privado o público, de una metodología u otra, las colonias de verano, al igual que los campamentos y las granjas escuela, complementan el proceso de formación reglado que reciben los niños en sus centros educativos durante el curso escolar. Al mismo tiempo se conciben como un espacio idóneo para que niños y jóvenes convivan con otros chicos y chicas de su edad, y disfruten de su tiempo libre de una forma creativa, participativa y enriquecedora.
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