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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.
El 68% de los centros suspende, el 46% propone tratamientos con "productos estrella", uno de cada tres plantea pérdidas de peso poco saludables y en más del 30% los clientes no son atendidos ni por médicos ni por expertos en nutrición
Uno de los aspectos criticables más comunes de estos centros es que se identifica el problema del paciente con ligereza, bien porque no se pesa ni mide al cliente, bien porque no siempre atiende un profesional cualificado en dietética y nutrición.
Para efectuar un correcto diagnóstico, es imprescindible elaborar un informe exhaustivo, que incluya mediciones antropométricas, Índice de Masa Corporal (IMC), hábitos de alimentación y antecedentes patológicos, entre otros. Sin embargo, el 42% de los centros no realizó una adecuada medición de estos parámetros, error que imposibilita el diseño de un tratamiento idóneo.
Los datos son concluyentes: sólo un 58% efectuó una exploración física al paciente, mientras que apenas la mitad preguntó al cliente si se había hecho de forma reciente una analítica de sangre, aspectos ambos indispensables para un buen diagnóstico. Unicamente el 37% de los centros indagó acerca de tres o más antecedentes patológicos personales o familiares del paciente (problemas hormonales, digestivos, vasculares, intolerancias, etc.), mientras que uno de cada tres no solicitó información al paciente sobre la ingesta de fármacos, un aspecto fundamental que puede condicionar el tratamiento y aumentar sus riesgos. Más del 65% de los centros ni se interesaron ni revisaron la tensión arterial del cliente.
Los resultados no son tan negativos si se evalúa el examen de datos antropométricos, fundamentales para identificar el posible exceso de peso, la distribución y cantidad de la grasa corporal, etc. Sin embargo, llama poderosamente la atención que el 13% de los centros visitados no tomaran ni siquiera el dato del peso, y un 17% no apuntaran la talla. Además, sólo uno de cada tres midió los perímetros de cintura, cadera, etc. del paciente y únicamente una cuarta parte de los profesionales se tomaron la molestia de medir la cantidad de grasa total del cuerpo, fundamentalmente mediante impedancias (máquinas que sirven para cuantificar la cantidad de grasa, de agua y de masa libre de grasa de forma rápida y eficaz).
Apenas la mitad de los centros se interesó por la evolución del peso del paciente en el tiempo, necesaria para conocer el origen de su posible exceso de peso, y sólo en dos de cada tres centros preguntaron sobre los hábitos nocivos del paciente (por ejemplo el consumo de alcohol y tabaco) y sobre el grado o clase de actividad física que practicaba. Los aspectos psico-sociales (comportamiento ante la comida, preferencias y aversiones frente a los alimentos, estado de ánimo, etc.) sólo fueron correctamente analizados en un 30% de los centros.
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