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Alfombras: Los nuevos materiales, a sus pies

En casos de asma o problemas respiratorios, se aconsejan las fibras vegetales porque acumulan menos polvo

  Lejos de ser un elemento de primer orden en el hogar como los electrodomésticos, el sofá o la cama, las alfombras reclaman su protagonismo cuando la casa está prácticamente amueblada, hecho que subraya la superioridad de su importancia estética sobre la funcionalidad. Pero no siempre es así. En familias con niños pequeños -que siempre juegan en el suelo y caminan descalzos por la casa- y personas mayores -más propensas a sentir frío-, las alfombras contribuyen a guardar mejor el calor de la casa y a evitar resbalones peligrosos.

Su ubicación, la calidad el tamaño y las necesidades de la famlia determinarán la elección de un modelo u otro

Aunque las clásicas alfombras de lana y las acrílicas continúan siendo las reinas, en los últimos años este mercado ha evolucionado notablemente en materiales, colores, tamaños y diseños. Se pueden adquirir desde alfombras de fibras vegetales combinadas con cenefas o bordes en piel, pasando por las clásicas persas, hasta las compuestas de fibras sintéticas.

La elección del material es clave cuando algún miembro de la familia padece asma o problemas respiratorios. La acumulación de polvo en las alfombras contribuyen al empeoramiento del estado de estas personas, aunque la Asociación Nacional de Fabricantes de Alfombras y Moquetas (Unifam) advierte de que no suponen ningún riesgo si se someten a una adecuada limpieza y mantenimiento, así como a un correcto proceso de elaboración con materias primas de calidad. En estos casos hay que optar por colocar alfombras de fibras vegetales, más baratas y con menor resistencia a las manchas, pero que ofrecen un mejor resultado que la fibra natural (lana).

Elementos clave que determinan la adquisición de una alfombra

  • Color y estilo de los muebles. Desde un punto de vista estético, las alfombras deben combinar, en estilo y color, con el resto de muebles de la estancia.
  • Ubicación. Cuando se colocan en lugares de mayor tránsito, se recomiendan los colores oscuros y las alfombras de rizo cerrado.
  • Iluminación de la estancia y tonalidad. Una alfombra beige o amarilla da mayor claridad a la habitación y crea sensación de amplitud. Los tonos oscuros ocultan mejor las manchas y proporcionan un ambiente más acogedor.
  • Calidad de la base. La base aísla del frío, alarga la vida de la alfombra y hace la pisada más cómoda. No obstante, no debe ser demasiado blanda, ya que puede hacer una pisada insegura, y debe contener caucho si se quieren evitar resbalones.
  • Densidad y textura. La altura y el rizado del pelo determinan el grado de suavidad. La densidad (cantidad de pelo) se comprueba empujando hacia abajo con las yemas de los dedos. Una mayor densidad aumenta el peso de la alfombra, la hace más resistente y hunde más la pisada.
  • Durabilidad. La vida de una alfombra depende de su tránsito. Por ello, colocar un felpudo a la entrada del piso ayuda a que las alfombras más utilizadas (pasillo y recibidor) se manchen menos y, por lo tanto, duren más.
  • Tamaño. En el mercado se oferta una gran cantidad de tamaños estándar. Los más comunes son los que se fabrican para dormitorios (0,60x1,20 centímetros; 0,70x1,40 ; y 0,90x1,60), hall (1,20x1,60), estancias pequeñas (1,40x2,00) y estancias mayores (1,70x2,40; 2,00x2,50; 2,00x3,00, etc.). La maquinaria para fabricar alfombras permite un ancho máximo de cuatro metros, aunque, mediante procesos artesanales, se pueden unir piezas para incrementar el tamaño.
  • Tintado. La mayoría de los tintes utilizan productos químicos. Hay que buscar en la alfombra la etiqueta que certifique que el proceso de tintado ha pasado por controles y auditorías de calidad.
  • Proceso productivo. Puede ser mecánico o manual. El primero emplea máquinas para entrelazar los hilos y fijar la felpa (parte visible), lo que da resistencia al producto. El segundo anuda manualmente los hilos y no recurre a procesos posteriores de consistencia, por lo que la alfombra es, en principio, menos resistente.

Diversidad de materiales

Las alfombras pueden estar realizadas a partir de fibras naturales, vegetales o sintéticas. Las diferencias entre unas y otras radican en el precio, la durabilidad y la resistencia a las manchas.

  • Lana. La mayoría del producto nacional se fabrica con lana, que ofrece mayor densidad, resistencia y protección frente al frío. Sin embargo, es imprescindible un buen mantenimiento para que no pierda sus cualidades y puede ser necesario algún tratamiento antipolilla. La lana procede del borrego (más suave), el camello (aislante) o el chivo.
    Precio: las más pequeñas rondan los 80 euros, mientras que las más grandes se venden a partir de 900 euros.
  • Algodón. Su tendencia al desgaste es mayor que en la lana, pero no se apolilla y es más difícil que se apelmace. El algodón se tinta para ofrecer una gama amplia de colores y diseños. Ofrece una pisada agradable y no acumula electricidad estática.
    Precio: desde 8 euros.
  • Piel natural. Puede emplearse visón, zorro, liebre, merino o vaca. El cuero hace que la alfombra sea flexible y suave.
    Precio: según el tamaño, a partir de 180 (pequeña) y 400 euros (mediana).
  • Fibras sintéticas. Son alfombras acrílicas, de polipropileno, poliamida, poliéster o nylon, entre otros. Este último material (nylon) es muy común en las alfombras porque es muy resistente y responde bien en zonas transitadas. El polipropileno aguanta mejor la humedad, el poliéster dispone de más texturas y el acrílico es la fibra más parecida a la lana.
    Precio: a partir de 100 euros.
  • Fibras vegetales. Estas alfombras emplean yute, sisal, coco, abbaca, bambú o algas. Son poco resistentes a las manchas, más baratas y menos duraderas, excepto las de algas y sisal, que se pueden emplear durante más tiempo. Las de coco son más ásperas y las de yute más económicas.
    Precio: a partir de 150 (yute) y 200 euros (sisal, algas o bambú).

Conservación y limpieza

  Al comienzo de su uso, es habitual que una alfombra suelte pelusilla, que debe ser eliminada a diario, durante los primeros 15 ó 20 días, con una escoba suave y en el sentido del pelo. Luego se puede emplear la aspiradora y realizar una limpieza profunda una o dos veces al año, según el grado de suciedad. Lo que no debe hacerse nunca es golpear la alfombra, ya que se puede desgastar o romper con golpes secos y continuos. Si se quiere retirar la alfombra en verano, hay que guardarla enrollada con la felpa hacia adentro, formando un cilindro simétrico en los extremos, y en posición horizontal, para que el peso no deteriore la base sobre la que se apoya.

En cuanto a las manchas, si son líquidas hay que evitar que se sequen y, si son sólidas, hay que rasparlas y cepillarlas. El producto de limpieza debe probarse primero en una esquina para comprobar que no altera el color. Después, se aplica agua tibia con una esponja y se presiona sin frotar. Es importante secar a fondo y cepillar suavemente la zona donde estaba la mancha. Las alfombras con dorso de látex o lámina de goma no deben tratarse con disolventes, excepto cuando se trate de manchas pequeñas y superficiales.


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