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En casos de asma o problemas respiratorios, se aconsejan las fibras vegetales porque acumulan menos polvo
Lejos de ser un elemento de primer orden en el hogar como los electrodomésticos, el sofá o la cama, las alfombras reclaman su protagonismo cuando la casa está prácticamente amueblada, hecho que subraya la superioridad de su importancia estética sobre la funcionalidad. Pero no siempre es así. En familias con niños pequeños -que siempre juegan en el suelo y caminan descalzos por la casa- y personas mayores -más propensas a sentir frío-, las alfombras contribuyen a guardar mejor el calor de la casa y a evitar resbalones peligrosos.
Su ubicación, la calidad el tamaño y las necesidades de la famlia determinarán la elección de un modelo u otro
Aunque las clásicas alfombras de lana y las acrílicas continúan siendo las reinas, en los últimos años este mercado ha evolucionado notablemente en materiales, colores, tamaños y diseños. Se pueden adquirir desde alfombras de fibras vegetales combinadas con cenefas o bordes en piel, pasando por las clásicas persas, hasta las compuestas de fibras sintéticas.
La elección del material es clave cuando algún miembro de la familia padece asma o problemas respiratorios. La acumulación de polvo en las alfombras contribuyen al empeoramiento del estado de estas personas, aunque la Asociación Nacional de Fabricantes de Alfombras y Moquetas (Unifam) advierte de que no suponen ningún riesgo si se someten a una adecuada limpieza y mantenimiento, así como a un correcto proceso de elaboración con materias primas de calidad. En estos casos hay que optar por colocar alfombras de fibras vegetales, más baratas y con menor resistencia a las manchas, pero que ofrecen un mejor resultado que la fibra natural (lana).
Las alfombras pueden estar realizadas a partir de fibras naturales, vegetales o sintéticas. Las diferencias entre unas y otras radican en el precio, la durabilidad y la resistencia a las manchas.
Al comienzo de su uso, es habitual que una alfombra suelte pelusilla, que debe ser eliminada a diario, durante los primeros 15 ó 20 días, con una escoba suave y en el sentido del pelo. Luego se puede emplear la aspiradora y realizar una limpieza profunda una o dos veces al año, según el grado de suciedad. Lo que no debe hacerse nunca es golpear la alfombra, ya que se puede desgastar o romper con golpes secos y continuos. Si se quiere retirar la alfombra en verano, hay que guardarla enrollada con la felpa hacia adentro, formando un cilindro simétrico en los extremos, y en posición horizontal, para que el peso no deteriore la base sobre la que se apoya.
En cuanto a las manchas, si son líquidas hay que evitar que se sequen y, si son sólidas, hay que rasparlas y cepillarlas. El producto de limpieza debe probarse primero en una esquina para comprobar que no altera el color. Después, se aplica agua tibia con una esponja y se presiona sin frotar. Es importante secar a fondo y cepillar suavemente la zona donde estaba la mancha. Las alfombras con dorso de látex o lámina de goma no deben tratarse con disolventes, excepto cuando se trate de manchas pequeñas y superficiales.
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