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Placas vitrocerámicas y de inducción: Compensan las de inducción

Cuestan el doble que las vitrocerámicas y exigen un menaje específico, pero las placas de inducción calientan hasta el doble de rápido, gastan menos electricidad y se limpian con más facilidad

Las placas vitrocerámicas y las de inducción son, a la vista, muy parecidas, si no idénticas. Las superficies de las dos son de vidrio cerámico, muy resistente al peso y a los golpes, fáciles de limpiar e, incluso, elegantes. La gran diferencia que constata el consumidor cuando se decanta por una u otra es la etiqueta del precio: las de inducción son el doble de caras. Para conocer el resto de características, CONSUMER EROSKI ha llevado al laboratorio y ha sometido a una prueba de uso ocho placas de cocción, cuatro vitrocerámicas y otras cuatro de inducción, para averiguar si ese sobreprecio está justificado.

El precio de las vitrocerámicas analizadas oscila entre los 296 euros de Balay 3ET713X hasta los 402 euros de Bosch PKF651E01E, y las de inducción desde los 644 euros de Teka IT644 hasta los 739 euros de Bosch PIE651TO1E. Las de inducción han demostrado calentar el agua el doble de rápido, gastan menos electricidad (hasta un 30% menos), son más fáciles de limpiar y más seguras porque su superficie no se calienta. Lo más probable es que una familia que haga un uso habitual de este electrodoméstico amortice su adquisición a lo largo de su vida útil. Por eso, la mejor relación calidad-precio de este estudio es para Balay inducción, de las más baratas entre las de inducción y que registró unos buenos resultados. Otra opción interesante si el usuario prefiere una vitrocerámica (para poder utilizar cualquier tipo de menaje o porque no desea realizar un gasto inicial mayor) es la vitrocerámica Balay, la más barata.

Todas las placas analizadas tienen los mandos en la propia encimera, por lo que su instalación no lleva aparejada la del horno. La botonera es táctil y digital y permite regular la intensidad de cada foco. Para evitar accidentes, por ejemplo con niños, las ocho se pueden bloquear. Fagor de inducción es la única en la que cada foco es programable, lo que resulta muy cómodo para que el fuego se apague en un periodo prefijado.

El tamaño de estos electrodomésticos no es estándar. La más grande (Teka, 600x510 mm) y la más pequeña (Balay vitrocerámica, 575x505 mm) difícilmente encajarán en el mismo hueco. Por ello, si se trata de sustituir a la placa actual, la persona interesada debe realizar las oportunas mediciones para garantizar que la nueva cocina entra en el espacio de la anterior.

Estos electrodomésticos son grandes consumidores de electricidad, especialmente las placas de inducción, que llegan a los 7.200 W de potencia. Disponen de cuatro calefactores, de diversos tamaños y potencias. Son comunes los focos de 210 mm y de 180 mm de diámetro. Pero, en los dos focos más pequeños sí hay disparidad, y van desde los 145 mm hasta los 160 mm del cuarto foco y desde los 145mm hasta los 180 mm en el tercero.

Calentar, mantener el calor y no perderlo

La primera prueba de laboratorio con las placas fue calentar litro y medio de agua y calcular el tiempo y la potencia eléctrica que necesitaban. Para ello se usó el fuego de 180 mm de diámetro (el segundo más grande, presente en todas ellas) programado con la máxima intensidad. El agua estaba inicialmente a 15ºC y la prueba concluía cuando alcanzaba los 90ºC. Todas las cocinas de inducción fueron más rápidas que las vitrocerámicas: Fagor inducción invirtió sólo 4 minutos y 49 segundos. Las otras tres de inducción tardaron un minuto más en completar la prueba. Balay y Bosch vitrocerámicas necesitaron más de 8 minutos, mientras que Fagor y Teka, las más lentas, llegaron a los 10 minutos y 20 segundos. En cuanto al gasto energético en ese tiempo, se situó sobre los 170 W en las de inducción y alrededor de las 233 W en las vitrocerámicas. Por tanto, en este test, las vitrocerámicas fueron, de media, un 75% más lentas y necesitaron un 40% más de electricidad.

Además de calentar rápido, es importante que estas cocinas controlen y mantengan una temperatura uniforme. Para calcularlo, se midió cuánto tiempo necesitaban para calentar litro y medio de aceite de girasol desde los 23ºC hasta los 250ºC, de nuevo con el foco de 180mm y a la máxima potencia. Las placas de inducción necesitaron entre seis y siete minutos, y las vitrocerámicas entre los 11 minutos de Balay y Bosch, y los 17 minutos de Fagor y Teka. La prueba se repitió calentando la misma cantidad de aceite durante 30 minutos a media potencia. Fagor inducción fue la mejor, la única que con esta potencia alcanzó los 250ºC, seguida de la vitrocerámica Bosch, que se quedó en 212ºC. Los dos modelos de Teka fueron los que obtuvieron un resultado más discreto (sobre los 160ºC). Esta prueba se realizó por tercera vez para comprobar cómo se desenvolvían "al mínimo". Fagor y Teka calientan el aceite hasta 70ºC (peor, porque un usuario quizá desee cocinar a una temperatura inferior), mientras que Teka inducción no pasó de 46ºC. El resto se movió sobre los 50ºC.

Para comprobar el calor residual (el tiempo que la cocina sigue emitiendo calor una vez apagada) se calentó otro litro y medio de aceite de girasol en el foco de 180 mm a máxima potencia hasta los 80ºC. Cuando se alcanzaba esta temperatura se apagaba el equipo, pero no se retiraba del fuego. Todo lo que subiera su temperatura de los 80ºC era consecuencia del calor residual y, por tanto, negativo. Las vitrocerámicas fueron, como se preveía, las que más energía perdieron (entre tres y cuatro veces más que las de inducción). El derroche de calor en estas placas fue considerable: desde los 42ºC de más de Fagor hasta los 53ºC de Bosch. Pero entre las de inducción también hubo diferencias: Teka ganó 9ºC y Bosch alcanzó 17ºC más. La mejor solución para evitar la pérdida de este gasto inútil de calor y energía es apagar el fuego unos minutos antes de terminar la cocción, principalmente en las placas vitrocerámicas.

La prueba de fritura

Para conocer su eficiencia en la fritura se midió el número de sartenadas de patatas que pueden freír en 45 minutos a la máxima potencia en el fuego más grande (210mm). Cada fritura (de 500 gramos de patatas en tres litros de aceite) duraba exactamente siete minutos. La siguiente tanda de patatas no se introducía en el recipiente hasta que el aceite alcanzaba de nuevo los 180ºC. Si dos placas freían el mismo número de raciones, la mejor valoración correspondía a la que antes acababa con la última tanda. Durante la prueba, los tres focos restantes estuvieron calentando agua para simular la máxima intensidad en la que pueden trabajar estos equipos. Las cuatro vitrocerámicas sólo frieron dos tandas y las de inducción llegaron a cuatro, salvo Fagor de inducción, que se quedó en tres fritadas (lo que, según los técnicos puede deberse a que sus otros fuegos estaban encendidos, lo que le habría restado potencia debido a su configuración). En cuanto a los accesorios incluidos, las placas vitrocéramicas ofrecen una cuchilla de limpieza, que sólo falta en Fagor. Teka de inducción también la incluye, si bien no resulta tan necesaria en este tipo de cocinas. De nuevo Fagor se desmarca del resto por ser la única de inducción sin imán, accesorio prácticamente forzoso para saber si un recipiente es apto o no para esta clase de fuegos.

Prueba de uso

Tres usuarios habituados a estos electrodomésticos probaron las placas de cocina y valoraron diferentes apartados. Los ocho equipos son fáciles de usar, pero los de Teka se quedan en un "correcto" porque no cuentan con un sencillo mando de regulación de "más" y "menos" (+/-), sino que para cambiar la potencia hay que hacer tres operaciones. Las instrucciones más completas y claras son las dos de Balay, las dos de Bosch y en las de Fagor y Teka de inducción. El manual de Teka vitrocerámica suspendió porque explica diferentes sistemas de mando, lo que confunde al usuario. En cuanto a la facilidad de limpieza, en todos es mucho más sencilla que con las cocinas de gas, pero los usuarios destacaron con un "excelente" a Balay y Fagor de inducción y a los dos modelos de Bosch.

Así funciona su tecnología

Las vitrocerámicas utilizan una resistencia eléctrica que cuando se pone "al rojo" calienta un cristal cerámico, que a su vez pasa el calor al recipiente. Cuando las vitrocerámicas se apagan, la resistencia deja de recibir electricidad, pero tarda unos minutos en dejar de desprender calor, por lo que durante un rato sigue calentando la cazuela o sartén. La principal ventaja de este sistema es que calienta ollas de cualquier material.

Las cocinas de inducción son más modernas. Utilizan un mecanismo de campos magnéticos que calienta directamente el recipiente, no el cristal cerámico intermedio, que permanece frío. Eso hace que para limpiarlas baste pasar un paño húmedo. Sin embargo, estas placas no sirven para cocinar con cualquier menaje. Las cazuelas de barro, las de aluminio así como cualquier recipiente en el que no se adhiera un imán no se calienta con estos campos magnéticos. El menaje debe contar además con fondo plano, liso y grueso.

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