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La vinculación del Virus del Papiloma Humano con el cáncer de cuello de útero se ha plasmado en el desarrollo de la primera vacuna, aún en fase de estudio, contra una de las neoplasias más frecuentes entre las mujeres
Uno de los descubrimientos más importantes en la investigación de las causas del cáncer en los últimos años ha sido la demostración de que el cáncer de cuello uterino está causado por el Virus del Papiloma Humano (VPH), un virus de transmisión fundamentalmente sexual. De hecho, se puede considerar al cáncer de cuello uterino como resultado final de una enfermedad venérea no resuelta. Esta neoplasia es una de las más frecuentes y letales en las mujeres. Cada año se diagnostican 500.000 casos nuevos (el 83% se da en los países en vías de desarrollo) y la mitad de las afectadas fallece por esta causa. En los países desarrollados la incidencia es mucho menor por la efectividad de los programas de detección precoz de lesiones precancerosas.
La identificación del virus es compleja porque no se puede cultivar in Vitro como otros virus o bacterias, por lo que se utilizan los llamados métodos moleculares. En el caso del VPH, están basados en la detección del ácido desoxirribonucleico (ADN) del virus, aunque también se están desarrollando métodos basados en la detección del ácido ribonucleico (ARN). En el caso de este virus, los métodos de detección de anticuerpos tampoco sirven para el diagnóstico habitual.
Los estudios epidemiológicos han permitido definir diversos factores de riesgo:
Evitar la transmisión del VPH en las relaciones sexuales no es tarea fácil. Un estudio realizado en la Universidad de Manchester entre mujeres jóvenes, con una edad media de 15 a 19 años, demostró que el preservativo, a diferencia de lo que sucede con otras patologías venéreas, no es un sistema eficaz para eludir el contagio.
Otra investigación, en esta ocasión de la Universidad de California, permitió comprobar que la infección por VPH no es necesariamente para toda la vida, ya que en una gran proporción de casos, el 90% en 36 meses, se elimina el virus del organismo. No obstante, también son muchas las personas que se reinfectan.
Una vez producida la infección, puede desaparecer sin más o bien instalarse como una infección crónica que puede generar:
Una serie de factores de riesgo asociados a la infección por VPH también contribuyen al desarrollo de cáncer cervical:
La prevención primaria de la infección por VPH es hoy posible gracias a una vacuna tetravalente frente a los virus tipo 6, 11, 16 y 18. Los resultados obtenidos en los ensayos previos fueron muy buenos y todo indica que la vacunación contra el VPH podría contribuir sustancialmente a reducir las tasas de cáncer de cuello uterino a nivel mundial. Sin embargo, todavía no está introducida en los programas de vacunación como medida de Salud Pública, debido a las cuestiones pendientes de resolver: edad óptima de vacunación, población diana, cómo será aceptada por la población una vacuna para una "enfermedad de transmisión sexual", si se precisan revacunaciones, relación coste-eficacia, etc.
La prevención secundaria del cáncer de cuello uterino está basada en la detección precoz de las lesiones precancerosas mediante el estudio de la citología según la técnica de Papanicolau. Los programas organizados de cribado poblacional han demostrado su eficacia con la disminución de la incidencia y mortalidad en los países donde se aplica de forma masiva y continuada. La edad de inicio para el examen citológico más recomendada es la de 25 años, ó 3 años después de iniciadas las relaciones sexuales, y conviene repetir la prueba cada 3-5 años.
La situación en España se puede calificar de buena según los datos disponibles: el 63% de las mujeres de 20 años o más se han hecho una citología y esta proporción es del 81% en mujeres de 35 a 54 años. La cobertura del cribado hay que mejorarla en las mujeres de más de 55 años, en el medio rural y en los niveles sociales menos privilegiados.
Se está estudiando en la actualidad combinar el cribado de la citología con la identificación del VPH mediante el ADN. En los hombres también es necesario identificar el VPH, puesto que, aunque el riesgo de cáncer es menor que en la mujer, es un reservorio vírico importante que facilita la aparición del cáncer en el cuello uterino. Por lo tanto hay que tratarlo igual. Para ello se cuenta con un método de detección, la peniscopia, cuando no hay lesiones visibles. Tanto las lesiones visibles, las verrugas venéreas o condilomas acuminados, como las invisibles se pueden tratar mediante preparados aplicados localmente (resinas de podofilino, a. tricloroacético, 5-fluoracilo), crioterapia, laserterapia, electrocauterio, exéresis quirúrgica e inmunoterapia.
El VPH es un viejo conocido de la humanidad. En la Antigua Roma llamaban "higos" a las verrugas genitales que, aunque entonces no lo sabían, estaban producidas por el VPH. Estas verrugas, llamadas también condilomas acuminados, representan una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes en el mundo. Y es que el VPH no es un único y exclusivo virus. Es más, se han identificado más de 150 tipos. Unos se encuentran en las verrugas cutáneas y plantares; otros son de gran riesgo oncogénico y, con otros, este riesgo es mínimo.
Tanto la mujer como el hombre pueden ser portadores asintomáticos y transmitir la infección genital por VPH, que además no se localiza en un punto concreto. Se pueden hallar en el cuello uterino, vagina, vulva, canal anal, en el periné, escroto y pene.
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