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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Analizadas 133 piscinas cubiertas de 18 ciudades de nuestro país: Su número es insuficiente y la información al usuario, muy mejorable

Su nivel general es bueno, aunque en una de cada cuatro piscinas no se indica al bañista el estado y la calidad del agua

Instalaciones bien conservadas

  El estado de conservación de las instalaciones visitadas también es positivo: sólo en el 4% de las instalaciones se hallaron deficiencias significativas (goteras con cubos de plástico, falta de una mano de pintura, zonas en obras, equipamientos anticuados o en mal estado, suelos con deficiencias importantes, baldosas rotas, etc.). En el 2% se observó como el agua de la piscina estaba sucia o descuidada: coleteros con pelos, tiritas flotando, etc., y en una de cada diez piscinas se detectaron malos olores (la proporción en A Coruña y Málaga supera el 30%), sobre todo debido a la falta de ventilación de vestuarios o aseos.

En cuanto a la seguridad de las instalaciones, ninguna de las 133 piscinas cubiertas suspende, aunque un 8% debe conformarse con un mediocre "aceptable". Las principales carencias: sólo un 37% de las instalaciones informan o cuentan con una guía de evacuación y únicamente en dos de cada tres hay carteles informativos sobre qué hacer en caso de accidente o emergencia.

Pese al notable nivel de seguridad constatado, en casi un 16% de las instalaciones se observaron elementos que pueden poner en peligro la integridad física de los usuarios (suelos y escaleras resbaladizas en vestuarios y accesos a piscinas). En una de cada diez, no se observaron bedeles ni conserjes ni personal de mantenimiento que atendiera el buen funcionamiento de la instalación y un 8% no cuenta con salidas de emergencia señalizadas.

La fundamental presencia de socorristas se cumple en la gran mayoría de casos, aunque debe reseñarse que en un 11,5% se constataron deficiencias. Así, en el 4,5% de las piscinas no se observó a ningún socorrista que atendiera y vigilara a los usuarios dentro del agua, y en otro 7% los socorristas no iban claramente identificados con camisetas o bañadores distintivos.

Sin embargo, tan sólo seis de cada diez piscinas incluían escaleras con apoyabrazos o pasamanos situados a diferente altura (asimétricos), una de las medidas de seguridad más recomendadas por los expertos consultados, ya que facilitan subir a las personas con menos fuerza, como niños o mayores.

Pocas duchas en las piscinas

  Respecto a las duchas, se aconseja que se coloquen, en las proximidades del vaso, un número al menos igual al de escaleras de acceso a la piscina. Sin embargo, en una de cada tres piscinas, esta recomendación se incumple. Y lo que es peor: en el 12% no hay ni tan siquiera una ducha, lo que obliga a los usuarios a ducharse en los vestuarios antes de acceder al vaso. Esta deficiencia se ha observado especialmente en las piscinas cubiertas de Oviedo, Murcia (el 57% de los recintos de las piscinas no tienen duchas en ambas capitales) y Málaga (la mitad). Aunque se promueve, como medida de higiene y seguridad, que la ducha previa al baño sea obligatoria, sólo en tres de cada diez se obliga al usuario a acceder a la piscina pasando obligatoriamente por debajo de una ducha (que normalmente cuenta también con pediluvio).

Una de cada cuatro no tiene indicada su profundidad en el exterior de cada tramo de piscina, por lo que no se sabe cuál es la zona profunda o la que permite hacer pie. Esta deficiencia es general en todos los vasos de Córdoba, y se repite en casi seis de cada diez vasos de Bilbao y Valladolid.

Escasa información sobre calidad del agua

Las mayores deficiencias en información al usuario se constataron en las informaciones básicas, sobre la calidad del agua y aspectos similares, que todo usuario debería poder conocer cuando acude a una piscina de acceso público: en una de cada cuatro no se facilita información sobre la temperatura del agua, sus niveles de cloro o pH, la temperatura ambiente y la humedad relativa del recinto, etc.

Asimismo, casi todas las normativas obligan a informar sobre la capacidad máxima de cada piscina (normalmente basada en su tamaño). Sin embargo, en el 75% de ellas no se observó esta información expuesta con claridad.

Un 23% carece de la señalización suficiente (no se sabe a dónde lleva cada pasillo o dónde está cada dependencia), dos de cada tres carecen de planos de situación y en un 18% de los casos los carteles indicativos son claramente insuficientes. En el 75% no se informa sobre las características y equipamientos de la instalación, sólo una de cada cuatro informan sobre el aforo, etc. Lo mejor: en tres de cada cuatro se informa sobre los precios y tarifas de acceso y en el 86% se aclaran cuáles son las normas de uso de la piscina (obligación de llevar gorro, de utilizar el calzado adecuado, de ducharse antes de bañarse, etc.). Sin embargo, en un 46% de las piscinas no se halló buzón de sugerencias y un 58% no disponía de hojas de reclamaciones a la vista.

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