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España se halla a la cola de la Unión Europea en la compra de productos de Comercio Justo, aunque esta práctica solidaria gana adeptos
Entre los años 2000 y 2003, los productos de Comercio Justo que se consumían en España procedían básicamente de 34 países, distribuidos a lo largo de los continentes africano y asiático, así como de las regiones del Sur y Centro América. Durante el bienio 2004-2005, el circuito de importación se ha transformado, especialmente a través de nuevas incorporaciones que han permitido que el número de países desde los que se importa algún producto de Comercio Justo aumente hasta un total de 42.
Por lo que respecta a nuestras preferencias, la artesanía de Comercio Justo generó en España ventas por 3,9 millones de euros en 2000, frente a los 2,5 de la alimentación, según el informe de SETEM. Sin embargo, en un lustro, se han invertido las cifras y en 2005 la alimentación aportó 9,3 millones de euros, el doble de la artesanía. Es evidente que los alimentos, con un 62% de las ventas, son los auténticos protagonistas del Comercio Justo. Respecto al futuro, los responsables de Comercio Justo prevén el lanzamiento de zumos de fruta, arroz con setas liofilizadas o cereales poco conocidos en nuestro país, como la quinoa, una bomba de proteínas procedente de Bolivia que actualmente se utiliza para evitar la pérdida del cabello.
La mayor parte de los productores venden tan sólo una pequeña parte de su producción al Comercio Justo. El resto se distribuye en el mercado tradicional. Sin embargo, el simple hecho de que una parte, aunque pequeña de la producción, se pague a un precio más alto tiene frecuentemente un efecto dominó en el resto de la producción. La parte comprada a buen precio por las organizaciones de Comercio Justo reduce el volumen de productos disponibles y obliga a los intermediarios a ofrecer precios más altos para obtener las cantidades que quieren. No obstante, para muchos productores, el aspecto más importante del Comercio Justo no es el precio justo, sino la prefinanciación que le aseguran las organizaciones de Comercio Justo. Esta ventaja es crucial para los pequeños productores porque así pueden comprar los materiales necesarios para la producción y sobrevivir hasta la cosecha sin tener que acudir a un usurero y caer en el círculo vicioso del endeudamiento.
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