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Detectores de gas: Alerta ante un peligro silencioso

La utilidad de estos dispositivos se limita a elementos de seguridad adicionales, con revisiones periódicas imprescindibles

No siempre huele, es silencioso, rápido, muy peligroso y, en la mayoría de las ocasiones, mortal. No se trata de una adivinanza, sino de la descripción de uno de los mayores factores de riesgo de la estructura de los hogares españoles y, lo que es más importante, de la vida de sus inquilinos: las fugas de gas. En los últimos cinco años se han registrado en nuestro país diez explosiones de gas natural y butano, que se han cobrado la vida de 27 personas y han herido a más de un centenar. ¿Se podrían haber detectado a tiempo? La Asociación Española del Gas y patronal de empresas gasísticas (Senagas) asegura que las revisiones y el correcto mantenimiento de las instalaciones son la clave para prevenir y evitar accidentes como los ocurridos recientemente en diferentes puntos de España. Sin descuidar las revisiones recomendadas por los expertos, el mercado ofrece un elemento de seguridad adicional: los detectores de gas.

 

No son obligatorios, pero sí muy útiles

Estos protectores de fugas son capaces de reconocer diferentes tipos de gases: los combustibles, como el propano, butano y natural -éste último el más demandado por la sociedad española (en la actualidad la cifra estimada de población que tiene el gas natural en su vivienda ronda el 42%)-, y otros como el monóxido de carbono, un gas inodoro y letal que se produce por una combustión deficiente o un "mal tiro" de las chimeneas de calderas y calentadores.

Según el modelo, estos equipos pueden llegar a cortar el suministro de electricidad y evitar así la posibilidad de una deflagración por el contacto entre el gas y una chispa. Todos ellos disponen de un sensor, la mayoría eléctrico, que varía su conductividad o características eléctricas cuando entra en contacto con el gas. Esta variación la percibe la cabeza sensora, que inmediatamente activa su alarma visual y acústica en el mismo momento en que detecta gas en el ambiente y antes de que su concentración sea peligrosa. La norma establece que los detectores no deben reaccionar por debajo del 3%, para evitar así falsas alarmas, y deben saltar antes de que se alcance el 20% de esa concentración.

Ante los numerosos siniestros vividos en los últimos meses (como la explosión de ocurrida en Laredo a finales del pasado mes de julio), tanto profesionales del sector como gran parte de la población piden a la Administración Pública una ley que exija la instalación de estos sistemas en las viviendas. Sus argumentos se centran en que, de la misma manera que es obligatoria la instalación de un diferencial que corte la luz para evitar quedar electrocutado, sería necesario la instalación de un dispositivo de corte de gas siempre que se produzca una fuga.

Tipos de alarma

  Aunque el mercado de estos dispositivos se ha ampliado en los últimos años, su variedad es bastante limitada y depende del tipo de gas a detectar, de su instalación y de sus funciones. Mientras que unos aparatos detectan la fuga y avisan, la misión de otros va más allá e incluye la interrupción de la fuga.

  • Alarmas simples: son los aparatos que emiten un pitido cuando se superan las concentraciones de gas admisibles.
  • Alarmas luminosas: además del sonido, todos los aparatos incorporan indicadores luminosos. Los técnicos recomiendan que tengan tres luces: la verde para indicar el funcionamiento, la roja como alarma y la amarilla para llamar la atención sobre algún fallo en el funcionamiento.
  • Detectores de corte: aparte de dar la alarma, están conectados a un dispositivo que les permite cortar el suministro de gas. En este caso concreto, la instalación siempre la debe realizar un técnico. De hecho, los expertos recomiendan que sea un profesional el que se responsabilice de la instalación de cualquier detector de gas. No sólo por razones de seguridad, sino porque la adquisición de estos dispositivos no es sencilla. En ocasiones es necesario encargarlos a través de los instaladores profesionales, que son quienes los compran y colocan.
  • Modelos atornillados. Son los más sencillos de instalar, basta con atornillarlos a la pared y funcionan con pilas. También son los más baratos, no suelen superar los 100 euros de precio.
  • Modelos empotrados. son más complejos de instalar, puesto que es necesario empotrarlos en una caja, como un foco halógeno, y suelen llevar un transformador. Estos aparatos disponen de un cableado hasta la electroválvula encargada del corte automático de gas. No obstante, conviene aclarar que todos los modelos necesitan corriente eléctrica, por lo que es necesario llevar siempre un cable hasta el punto donde se vaya a colocar.
  • Tipo de gas. Lo más habitual es que estos dispositivos estén preparados para detectar un tipo de gas concreto, que puede ser butano, propano, gas ciudad, gas natural o monóxido de carbono, aunque hay algunos modelos que pueden funcionar con varios gases diferentes.

Consejos

Para evitar accidentes relacionados con el gas, la Asociación Española del Gas aconseja el cumplimiento de las siguientes recomendaciones:

  • Cada cuatro años es obligatoria una revisión de la instalación de gas natural, y si es de gas butano, cada cinco años.
  • No hay que tapar las rejillas de ventilación (permiten renovar el aire).
  • Si se detecta olor a gas en casa, hay que cerrar la llave general de paso, ventilar la estancia y no generar puntos de ignición. En estos casos hay que ponerse en contacto inmediatamente con la compañía distribuidora para informarle de lo ocurrido.

A tener en cuenta para su colocación

  • Instalación. Los detectores no deben colocarse en zonas donde la temperatura baje por debajo de los 5ºC o suba a más de 35ºC; tampoco sobre los fregaderos o zonas muy húmedas, ni en lugares donde haya corrientes de aire.
  • Sensores. Es determinante que el sensor del detector sea fiable ante los posibles cambios, como el aumento de humedad y las subidas o bajadas de tensión eléctrica, porque pueden afectar a los aparatos y emitir falsas alarmas.
  • Duración. Estos protectores tienen una vida media de cinco o seis años, que es cuando el sensor empieza a fallar, aunque depende de modelos. Los expertos recomiendan mantener limpios los sensores pasando el aspirador por la rejilla cada tres meses.
  • Precios. Los más económicos se pueden adquirir desde 40 euros (aunque, según los técnicos que los colocan, son los menos fiables) y los más completos rondan los 300 euros, en función de sus prestaciones.

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