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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Cinco años de Barómetro de Consumo (2001-2005): Exigentes en el consumo y muy preocupados por la salud

La macroencuesta muestra la evolución de las actitudes y comportamientos de los ciudadanos en tanto que consumidores de productos y usuarios de servicios

 Exigentes y cada vez más cualificados cuando ejercen de consumidores, confiados en la calidad y seguridad de los alimentos aunque haya algunos (comida rápida y transgénicos) que no terminan de merecerse una buena imagen, decepcionados porque se paga demasiado dinero para lo que se recibe a cambio, autónomos e individualistas y con la autoestima por las nubes en lo que compete a su capacidad de informarse y acertar en la compra; poco comprometidos, sin embargo, en la mejora de la sociedad de consumo, muy preocupados por su salud y sólo un poco menos por su apariencia física, reacios a subirse al carro de las Nuevas Tecnologías e Internet, pero reduciendo año tras año los recelos ante una de las más revolucionarias novedades de las dos últimas décadas... Estos son algunos de los rasgos más significativos de los ciudadanos españoles como consumidores de productos y usuarios de servicios, según el Barómetro de Consumo editado desde 2001 cada año por FUNDACIÓN EROSKI y realizado por el Instituto de Empresa. Otras señas de identidad son las que siguen: amantes de las comodidades del hogar y a su vez crecientemente habituados a los viajes de vacaciones, poco dados a militar en ONGs, concienciados de la necesidad de colaborar con la recogida selectiva de residuos, y más aficionados a ir de compras o pasear por centros comerciales que a emplear su tiempo de ocio en salir a comer o cenar, en ir al cine o asistir a espectáculos deportivos.

Un lustro con pocos cambios para los consumidores

 Las opiniones de los ciudadanos no han cambiado mucho en los últimos cinco años, si bien la evolución de algunos hitos parece indicar cierta evolución. Aumenta, por ejemplo, la consolidada confianza de que disfrutaban los alimentos con D.O y los ecológicos, y la carne supera definitivamente la crisis causada por el problema de las "vacas locas", mientras que la confianza en la comida rápida y en los restaurantes que la dispensan no levanta cabeza: era ya deficiente y cada año que pasa se mantiene o es aún peor. Continuando con los alimentos, la edición de 2003 del Barómetro de Consumo demostró en su momento que la confianza suscitada en la calidad y seguridad de un producto tan tradicional como el pescado no se resintió en absoluto por el vertido de las miles de toneladas de petróleo que llevaba en su interior el siniestrado "Prestige".

Por otra parte, se anota un aumento en la credibilidad de las asociaciones de consumidores como fuentes de información sobre los alimentos y una poco satisfactoria, si bien con tendencia a mejorar, posición de las Administraciones Públicas en este ámbito. Y destaca asimismo un cambio aparentemente menor (disminuye la frecuencia en la consulta de la fecha de caducidad de las etiquetas de los alimentos y aumenta la de la lista de ingredientes y la de la información nutricional) que tiene dos lecturas de calado. De un lado, la cualificación de los ciudadanos como consumidores que demandan y utilizan información de valor añadido que les sirve para trasladar a la elección de productos su creciente preocupación por la salud y el aspecto físico; y de otro, el aumento de confianza en la profesionalidad y eficacia de productores y distribuidores de alimentos: si se consulta menos la fecha de caducidad se debe, casi con seguridad, a que hoy es infrecuente toparse en las tiendas de alimentación con productos con la fecha vencida.

Pero seguimos pensando que la vida está cara, no nos sentimos compensados por lo que recibimos a cambio de lo que pagamos, la evolución de la ratio no deja lugar a interpretaciones: comenzó con 5,7 puntos en 2001 y no ha llegado a 5,8 en ninguna de las ediciones del Barómetro. Pero también hay buenas noticias. Cada año que pasa hacemos más uso del derecho a cursar una reclamación formal cuando no se han cumplido las expectativas depositadas en el producto o servicio. Continuando con los cambios positivos, somos una sociedad más informatizada e Internet y las nuevas tecnologías llegan a más personas y suscitan menos recelos. Y volviendo a lo menos estimulante, la satisfacción con la información de utilidad para el consumo de productos y servicios no mejora, al seguir instalada en una mediocridad de apariencia inamovible: el sector que más satisfacción genera en este ámbito es el de servicios médicos (6,7 puntos), seguido del de alimentación (6,4 puntos), ambos con valoraciones bien discretas, mientras que la información sobre vivienda, reparación de electrodomésticos y seguros es la peor valorada. Y qué decir del escaso dinamismo que, medido en proporción de usuarios que han cambiado de proveedor, ha generado la liberalización de sectores anteriormente monopolísticos como telefonía y distribución de electricidad y gas.

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