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Toxoplasmosis: Gatos a distancia

Las mujeres embarazadas forman el principal grupo de riesgo de una enfermedad transmitida sobre todo por los felinos

Una de las advertencias más comunes a una mujer que se encuentra embarazada es que se mantenga alejada de los gatos. El motivo de esa recomendación es la toxoplasmosis, una enfermedad transmitida de los gatos al ser humano, de amplia distribución mundial y provocada por el "Toxoplasma Gondii", un protozoo (organismo microscópico) con el que entre el 20-80% de la población, según zonas geográficas, ha estado en contacto. El toxoplasma se comporta como un parásito intracelular y tiene un ciclo evolutivo en el que los felinos, especialmente el gato, son huéspedes definitivos, y los humanos, mamíferos y aves son huéspedes intermedios. Esto significa que sólo en el intestino de los felinos se cumple el ciclo que conduce a la formación de nuevos parásitos que se eliminan en las heces y que resisten en el medio ambiente más de un año, con lo que pueden infectar a otros animales o al ser humano.

Salud del bebé

El problema más grave de esta afección es que si afecta a una embarazada puede poner en peligro la salud de su bebé. Cuando una mujer en estado contrae toxoplasmosis por primera vez hay un 40% de probabilidades de que la transmita al feto. Sin embargo, el riesgo y la gravedad de la afección en el bebé varían según el estado del embarazo. Si ocurre en el primer trimestre, el 15% de los fetos se infecta; en el segundo pasa a un 30% y en el tercero a un 60%. Sin embargo, cuanto más cerca del comienzo del embarazo se produce la infección, más graves son las consecuencias para el bebé.

Evitar el contacto con los gatos y comer carne bien hecha son dos de las claves de la prevención

Por ello la toxoplasmosis es objeto de observación cuando se produce el embarazo y se realizan una serie de pruebas para ver si la embarazada la ha pasado, la tiene o no ha tenido contacto con esta enfermedad. Si ya la ha padecido, está inmunizada y no hay riesgo para el bebé porque los anticuerpos de la madre lo protegen. Si está infectada, tendrá que someterse a un tratamiento y habrá que averiguar si el feto también lo está. Y si no la ha pasado, deberá tomar ciertas precauciones -como evitar el contacto con gatos o el consumo de carne poco hecha- para evitar contagiarse.

La toxoplasmosis puede adquirirse de varias formas:

  • Por ingesta de carne contaminada al ingerirla cruda o poco hecha.
  • Por contacto con excrementos de gatos o productos que hayan estado en contacto con ellos. Por lo general, los gatos infectados aparentan estar sanos. La infección es mucho más habitual en gatos de zonas rurales o que andan sueltos, porque no se puede controlar qué comen.
  • Por vía materno-fetal o congénita, transplacentaria.
  • Más raras es la transmisión por transfusiones, transplantes...

Pocos síntomas

 Si una persona se contamina, lo habitual es que la infección transcurra con muy pocos síntomas: ligera fiebre, malestar general, dolor de cabeza, dolores musculares y aumento del tamaño y dureza de los ganglios linfáticos del cuello, con aparición de dolor. En la mayoría de los casos la infección pasa sin más. Una vez superada, la persona que la ha padecido no vuelve a sufrirla nunca más.

En el huésped inmunodeprimido con las defensas bajas, la enfermedad puede causar problemas graves: toxoplasmosis cerebral, toxoplasmosis de la retina... Pero el problema más grave es el de la toxoplasmosis congénita.

La infección aguda durante el embarazo tiene un riesgo de infección fetal del 40%-50%, y de ellos el 10% sufrirá malformaciones graves o muerte fetal. Las secuelas son más graves si ocurren en el primer trimestre. Pueden nacer normales, pero tienen riesgo de secuelas tardías como infecciones oculares (coriorretinitis), retraso mental, microcefalia, sordera... También pueden aparecer anemia, ictericia, hepatoesplenomegalia (hígado y bazo agrandados), erupciones cutáneas...

La mejor prevención de la infección congénita es actuar antes del embarazo. Para ello se dispone de una batería de pruebas serológicas que reflejan el estado de la embarazada o de la mujer que planea tener un hijo: si ha pasado la enfermedad y es inmune, si la tiene en ese momento o si no la ha tenido.

Tratamiento

Si se confirma la infección activa de la madre, el paso siguiente es verificar si el feto también está infectado, lo que puede hacerse mediante pruebas prenatales como la amniocentesis y la ecografía. Si se sospecha que el feto está infectado, se trata a la madre con dos medicamentos: pirimetamina y sulfadiazina. Si el feto aún no está infectado se trata a la madre con espiramicina. Los neonatos y los bebés infectados deben de tratarse, incluidos los que nacen sin síntomas, con dos medicamentos: pirimetamina y sulfadiazina. El tratamiento debe prolongarse durante todo el primer año de vida, y en ocasiones más tiempo. 

Debido a la ausencia de síntomas, puede ocurrir que la mayoría de los bebés infectados no sean sometidos a tratamiento. En ocasiones la enfermedad no se detecta hasta que se presenta una infección ocular u otro problema meses o años después de nacer. Para evitarlo se recomienda que a todo bebé nacido de madre diagnosticada de toxoplasmosis se le efectúen pruebas diagnósticas para comprobar si está infectado y, en este caso, comenzar un tratamiento.

Prevención

Si no se ha tenido contacto con la toxoplasmosis, no hay anticuerpos circulantes y, por tanto, se puede adquirir la infección aguda durante la gestación. Se ha comprobado que en algunos países desarrollados el 80% de las mujeres en edad fértil nunca han tenido toxoplasmosis. Por eso, la prevención es fundamental. Éstas son algunas recomendaciones para mujeres embarazadas:

  • Evite el contacto con gatos.
  • Si tiene gato en casa, no lo alimente con carnes crudas o poco cocidas.
  • Manténgalo dentro de casa para evitar que cace roedores o aves.
  • No vacíe ni limpie la caja donde el gato hace sus necesidades. No obstante, la caja debe vaciarse todos los días porque los parásitos de los excrementos no se convierten en infecciosos hasta pasadas 24 horas.
  • Evite el contacto con los areneros en los que los gatos hacen sus necesidades.
  • Coma la carne muy hecha. Debe cocinarse hasta alcanzar una temperatura de 70º en todas las zonas y debe adquirir color marrón o rosa oscuro.
  • Lávese las manos con agua y jabón después de manipular carne cruda y no se lleve los dedos a los ojos, nariz o boca.
  • Limpie las tablas de cortar, las superficies de trabajo y los utensilios, con agua caliente y jabón después de haber estado en contacto con carnes crudas, frutas o verduras sin lavar.
  • Lave bien todas las frutas y verduras antes de consumirlas.

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