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El carácter asintomático y el riesgo de patologías cancerosas vinculadas con tumores intestinales exige una gran atención, sobre todo a partir de los 40 años
El cáncer de colon, el tercero con mayor tasa de mortalidad en el mundo, tiene en la transformación de pólipos intestinales en tumores malignos una de sus principales causas. Un pólipo intestinal es un tumor circunscrito, un abultamiento en la pared intestinal de tamaño variable.
Lo fundamental es determinar su constitución microscópica, esto es, el tipo de células que los constituyen, puesto que el interés de estos pólipos radica en su capacidad de evolucionar a tumores malignos. Los pólipos pueden ser únicos o múltiples y afectan sobre todo al intestino delgado y al colon o intestino grueso.
Cuando el número de pólipos es elevado se habla de poliposis intestinal, que se vincula con enfermedades bien diferenciadas que se engloban bajo el nombre de "Síndromes polipósicos". El más frecuente es la Poliposis Intestinal Familiar Difusa, de carácter hereditario y no ligada al sexo. Puede permanecer asintomática durante años y a medida que la enfermedad progresa, en especial cuando ha empezado la degeneración maligna, aparecen dolores cólicos abdominales, heces líquidas malolientes, pérdida de sangre, anemia... y afectación del estado general. En estos casos la resección del colon es la única solución.
La importancia de los pólipos depende de su morfología histológica, esto es, de sus tejidos: pueden ser pólipos neoplásicos, es decir, con tejidos que sustituyen a los normales y generalmente cancerígenos (adenomas y carcinomas), o no neoplásicos (hamartomas, inflamatorios e hiperplásicos), que son benignos.
Los síntomas que provocan son poco específicos: el más frecuente es el sangrado, la presencia de sangre en las heces. También pueden aparecer dolores abdominales recurrentes, obstrucción intestinal, tenesmo rectal (sensación de necesidad de ir a defecar), estreñimiento, anemia crónica& lo más frecuente es que permanezcan durante años asintomáticos.
El diagnóstico de los pólipos es sobre todo radiológico y se realiza visualizando el interior del colon mediante rectosigmoidoscopia o colonoscopia. La exploración se aprovecha para efectuar un estudio histológico de la lesión y su extirpación, debido a que, aunque no todos los pólipos degeneran en lesiones malignas, la polipectomía endoscópica (extirpación del pólipo) representa la estrategia más eficaz para prevenir el cáncer colorrectal.
Benignos
Malignos
Constituyen grupos de alto riesgo: los individuos de ambos sexos con antecedentes familiares de adenomas benignos o lesiones malignas colorrectales, los que presentan adenoma de colon, los que tienen enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa, enfermedad de Chron), los que padecen síndromes de poliposis familiar.
Se sospecha un cáncer de colon cuando hay:
La lesión cancerosa puede localizarse en cualquier parte del colon, pero la más frecuente es en el colon descendente, sigma y recto. El diagnóstico precoz de la lesión es fundamental para evitar la expansión del tumor, puesto que la supervivencia depende del grado de extensión. Cuanto más localizado se encuentra cuando se detecta, mayor es el grado de supervivencia.
Para el diagnóstico precoz es preciso que los individuos con riesgo de cáncer colorrectal, sobre todo a partir de los 50 años, sigan una serie de controles periódicos:
En la actualidad la cápsula endoscópica está siendo objeto de evaluación. Es una alternativa cara, pero parece que mejora mucho el diagnóstico de las lesiones intestinales por las imágenes que ofrece. A modo de submarino que navega por el tubo digestivo y con una autonomía de 8 horas, la cápsula toma imágenes cada 2 segundos que, procesadas, se convierten en un archivo de vídeo.
Pero la prevención del cáncer de colon pasa también por la adquisición de hábitos higienicodietéticos. Los factores dietéticos más implicados en el cáncer de colon son la elevada ingesta de grasas y la ingesta insuficiente de fibras, así como el exceso de calorías y la obesidad. El papel de sustancias antioxidantes como las vitaminas A, C, D, y E, así como B-carotenos, calcio y selenio no está muy aclarado del todo pero parecen jugar un papel preventivo.
En cuanto al uso de algunos fármacos como preventivos, el más estudiado es el de los antiinflamatorios no esteroideos (AINES) como la aspirina y los inhibidores de la COX-2: su consumo prolongado parece asociarse a una menor probabilidad de desarrollar adenomas. Lo mismo ocurre con el tratamiento hormonal a base de estrógenos y progestágenos, que parecen disminuir la prevalencia de adenomas colorrectales. Pero de momento no existen datos suficientes que permitan defender un tratamiento quimiopreventivo para evitar el cáncer de colon en la población general, a excepción de las recomendaciones sobre el estilo de vida y la dieta. En los grupos de alto riesgo se está probando en estudios controlados la quimioprevención con resultados esperanzadores.
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