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En una familia con problemas no hay un culpable, los conflictos se deben a deficiencias en la interacción entre sus miembros
Las relaciones humanas generan las mayores alegrías, pero también son fuente de problemas. En toda agrupación humana, bien en el trabajo, en el entorno social o en la familia, la convivencia genera conflicto. Esto es natural, pero lo que hay que procurar es que los conflictos no se conviertan en un problema. Si esto sucede en el trabajo o en otros ámbitos en los que los vínculos personales son secundarios, la experiencia no es agradable, pero resulta especialmente dolorosa cuando el fallo se origina en la familia. De ella se espera afecto y con ella se comparte el objetivo principal de crecer y desarrollarse como persona en la vida. Por eso, cuando las relaciones familiares no funcionan hay que procurar arreglar el problema. No es tarea fácil. Para intentarlo es fundamental conocer sus pautas y mecanismos para así analizar correctamente cómo surgen los conflictos y cuáles son las soluciones más adecuadas.
Una familia es una unidad que no puede ser reducida a la suma de las características de las partes, sino que es un conjunto de interacciones de personalidades y circunstancias. Cuando su funcionamiento es adecuado promueve el desarrollo integral de sus miembros y les procura un estado de salud favorable. Por el contrario, cuando una familia arrastra una marcha inadecuada se convierte en un factor de riesgo y propicia la aparición de síntomas y enfermedades en sus miembros. Hasta ahora ese proceso se concebía de forma lineal: había una causa o un causante que provocaba un efecto. Pero este enfoque no es correcto. Hay que romper con ese error y asumir una idea determinante: en una familia con problemas no hay un culpable, sino que los conflictos se deben a deficiencias en la interacción familiar.
Cuando en las familias se generan situaciones problemáticas provocadas por alguno de sus miembros (por problemas con el alcohol o el consumo de drogas, fracaso escolar, depresiones, etc.), éste no debe concebirse como un problema, sino como el portador de las problemáticas familiares. No se debe decir: "vaya problema tiene ese hijo", sino "esa familia tiene un problema". En ese momento, en lugar de buscar recetas y consejos, lo más importante es analizar por qué la familia no está funcionando. Un buen instrumento de análisis es comprobar el grado de cumplimiento de los indicadores de salud familiar. En esto se puede encontrar el origen del conflicto y la fórmula para trabajar en solucionarlo.
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