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Residencias de ancianos: Sigue habiendo muy pocas y cada vez son más caras

Tres de cada cuatro tienen listas de espera, una de cada siete suspende en calidad y, en general, las públicas siguen siendo mejores y más baratas

Infraestructuras de las residencias

  Es el punto débil de las residencias, a pesar de que se trata de uno de los apartados en los que más se les debe exigir. Hay residencias en las que todavía no todas las habitaciones tienen baño completo, en las que escasean las habitaciones individuales, otras en que las camas articuladas son utilizadas sólo por los ancianos enfermos o asistidos. La sala de rehabilitación bien equipada se percibe como una necesidad pero sólo dos tercios de los centros visitados disponen de ella.
Pero, por otro lado, el timbre de llamada está instalado en prácticamente todas las habitaciones, es cada vez más habitual que las residencias dispongan de jardines para facilitar el paseo de sus inquilinos (70%), biblioteca, salón de actos o gimnasio, por lo que cabe pensar que a medida que las residencias más antiguas sean reformadas y actualizadas, contarán de manera generalizada con algunas comodidades básicas de las que hoy carecen. Al parecer, en términos medios, las residencias privadas son las que menos han invertido en infraestructuras y, por tanto, las que peor valoración obtienen en este apartado.

Atención asistencial a los ancianos

Se trata de uno de los aspectos más importantes que deben cuidar, y a la vez mejorar, las residencias. En general, la dotación de personal es satisfactoria (corresponden, de media, 3 ancianos por cuidador), aunque en las residencias privadas la cobertura (o el despliegue de personal) es menor, especialmente en las residencias para válidos (en cuatro de ellas a cada cuidador se le asignaban más de once ancianos).
Además, tan sólo un escaso 58% cuenta con servicio médico permanente (de nuevo las públicas quedan mejor paradas...). Tras la mejora de las infraestructuras, es en la calidad asistencial donde mayores inversiones económicas se requieren: de nada sirve que una residencia sea nueva si no hay personal suficiente para atender adecuadamente a sus usuarios.

¿Cuánto cuestan las residencias?

Las cuotas mensuales que cobran unas y otras residencias a sus usuarios son muy distintas. Los factores que más influyen en la conformación de estas tarifas son la titularidad de la residencia (pública, privada o concertada), el estado de salud del anciano y la atención que requiere (válido-autónomo o asistido-dependiente), el tipo de habitación (individual o compartida), las características y servicios que ofrece cada centro y (únicamente en las públicas y concertadas) la capacidad económica del residente.
En los centros privados visitados la media fue de 1.342 euros al mes (bien lejos de los 900 euros que costaban en 2000). Según el tipo de habitación y los cuidados que necesite el residente, la cuota mensual representa entre los 1.600 euros de media para un anciano asistido (o dependiente) en habitación individual y los 1.100 euros mensuales para un anciano válido en habitación compartida. En las residencias públicas, las tarifas son más asequibles: 956 euros de media, frente a los 720 euros que suponía en 2000. Los ancianos dependientes con habitación individual abonan de media en las residencias pública 1.095 euros al mes, pero los no dependientes que comparten habitación sólo pagan 775 euros mensuales. No obstante, a las personas mayores que no pueden sufragar este coste se les cobra una cantidad que, según los casos, representa entre el 75% y el 90% de sus ingresos, frecuentemente la pensión. En las concertadas, los precios son similares a los de las públicas, pero conseguir una plaza en una pública o concertada es realmente difícil: hay que cumplir ciertos requisitos socio-económicos de admisión (ser mayor de 60 ó 65 años, precisar de ayuda para realizar las actividades de la vida diaria, estar empadronado en la comunidad autónoma o provincia en la que se solicita plaza con al menos dos años de antigüedad, no superar un determinado límite de ingreso) y... apuntarse a la lista de espera.

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