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Inma Shara, directora de orquesta: "Para disfrutar de un concierto no hay que ser un experto en música"

  Inma Shara revisa fugazmente su vestimenta negra, sujeta con firmeza la batuta, exhala un suspiro y cubre cadenciosamente la distancia que le separa del podio. Frente a ella, la orquesta; a su espalda, el público; y en sus manos, la responsabilidad de crear un momento único, irrepetible, para todos. Ahora bien, "todo ese halo de glamour en torno a nuestra figura es sólo literatura", matiza sonriente esta directora de orquesta.

Pocas mujeres en el mundo pueden disfrutar la experiencia profesional y vital de esta joven nacida hace 32 años en la localidad alavesa de Amurrio. Discípula del aclamado Zubin Mehta, admite que la autoridad es imprescindible para dirigir, "pero sólo puede emanar del trabajo".
Esta es la máxima que ha primado a lo largo de su incipiente carrera, que comenzó como Inma Sarachaga, su verdadero apellido. "Estaba cansada de que la gente tuviera dificultades para pronunciarlo y opté por 'Shara', más sencillo", explica. Estudió viola porque "en los instrumentos de cuerda se encuentra la arquitectura de la orquesta", siguió con el piano, y terminó la carrera de composición e instrumentación, "para poder desenmarañar una partitura" con el propósito de crearla de nuevo bajo su propia visión.

¿Cómo explicaría la función de un director de orquesta, una figura de relevancia pareja al del compositor?

Un buen director de orquesta es un buen orador y la lectura que realiza de lo que está escrito depende de su talento. La partitura es un diálogo creado por un artista, el compositor, que necesita ser puesto en escena para que cobre vida, y eso es lo que trata de hacer el director. Cada uno tiene una sensibilidad diferente y una manera de interpretar, y de ahí que cada pieza suene distinta, pues cada director narra su versión, persigue ese momento en que se convierte en un creador de arte. Existe un instante en que él se reconoce en la música que está dirigiendo y contagia de esa emoción a los músicos, y logra que esa creación sea percibida por el público. En esto consiste dirigir una orquesta.

¿Los músicos son entonces meros instrumentos?

En absoluto. El director necesita a la orquesta para desenmarañar la semántica de una partitura, y tiene un enorme respeto por ella. Igual que lo tiene por el público, pues es a él a quien se dirige. En realidad, el director es un puente entre el público y la obra que se convierte en una pieza única cuando bajo su batuta es interpretada por los músicos y escuchada por el público.

Que eso se consiga, ¿en qué medida depende del tipo de espectadores que conforma el auditorio?

Para que el público pueda contactar con lo exquisito hay que ofrecérselo, o al menos, intentar ofrecérselo. Cada vez sabe discernir mejor entre lo bueno y lo malo, y desde luego, percibe la emoción cuando ésta se crea. Hay que romper con la idea de que para disfrutar de un concierto es preciso ser cultivado o un experto de la música, de una corriente o de un autor. La música usa el lenguaje de las emociones. Cierto que existen matices que pueden ser descubiertos por unos y no por otros, pero igual sucede con la pintura o con la poesía, cada cual llegará a disfrutar de ella por diferente camino. La música sólo trata de emocionar, no de aleccionar a nadie.

Pero admitirá que la música clásica encierra cierto sentido culto.

Más lo calificaría de elegante, una cualidad que también puede tener un concierto de rock. Lo que sucede es que en un concierto clásico el cuidado de las formas es un elemento más de comunicación. Esto no tiene que significar distancia entre quien ofrece la música y quien la recibe, pero sí respeto mutuo.

Su batuta le ha llevado por todo el mundo. Alemania, Austria, Chequia, países eminentemente melómanos. ¿Descubre a su vuelta la tan denunciada falta de preparación musical de nuestro país?

No creo tan necesario que las personas sepan leer una partitura y, sin embargo, sí pienso que la música es una herramienta que ayuda al ser humano, de manera individual y colectiva. Quiero decir, no defiendo la bondad de que los escolares lleguen a la música como una disciplina sobre la que deben alcanzar un conocimiento, sino que se sirvan de ella en su vida cotidiana. De todas formas, una cosa positiva que podemos achacar a la tardía inmersión musical de nuestro país es la gran calidad de espacios que están siendo construidos para la música. No hay teatros recoletos, pero han proliferado los auditorios de una categoría sonora más que digna.

"Para mí la música no es una profesión, sino una forma de vida". ¿Por qué los músicos se muestran tan grandilocuentes?

En mi caso, la entrega a la música es absoluta porque me apasiona, y poder dedicarme a esto es un placer que entraña mucho sacrificio, pero que compensa. El hecho de no ser titular de ninguna orquesta me obliga a ofrecer un repertorio muy trabajado, con el que esté muy segura, y para eso necesito estudiar 12 horas al día una partitura. Es muy gratificante, pero no deja de ser un trabajo, en el que debe estar presente la constancia. Por el momento, acepto desarrollar seis nuevos proyectos al año, pues necesito al menos 2 meses para poder prepararlos, precisan de mucho compromiso personal en el que me vuelco física y mentalmente. A veces, esa música te gusta, te identificas con ella, pero hay ocasiones en las que tu espíritu artístico no empatiza con una obra, pero es tu obligación conocerla, e incluso diría que amarla.

¿Cómo recibe las críticas?

Imagino que como a cualquier persona, me gustan más las positivas que las negativas. Ante éstas, si no son constructivas, si no me ayudan a madurar como profesional, intento no sucumbir porque muchas veces hay detrás un interés que no es la música. Recuerdo una columna que comenzaba hablando de mi color de pelo. Lo que seguía debía tener el mismo rigor que informar de si soy rubia o morena.

¿Qué autores y por qué son los más solicitados?

Depende de cada foro y el presupuesto que se maneje, si se va a contar con varias familias de instrumentos, con voces y con solistas. Si se quiere ir sobre seguro, quien organiza sabe que Bach, Brahms, Stravinski son valores garantes de éxito. A la gente le gusta disfrutar en vivo con piezas que conoce y que puede volver sobre ellas, pues las tiene en casa.

¿Y no intenta innovar?

Por supuesto, pero aunque nuestra profesión es muy encantadora, no deja de ser un trabajo. Yo navego mucho en la literatura sinfónica y presento obras nuevas para añadir a mi repertorio, pero a la larga, la novena de Beethoven encandila al público, que no olvidemos, es para quien tocamos. No hay duda de que la música contemporánea, salvo quizá las bandas sonoras, es más difícil de entender que cualquier obra barroca, renacentista o romántica. Además, la vanguardia en ocasiones no está concebida para prevalecer, responde más a una ruptura con lo anterior, como si lo pasado no fuera válido, y eso nos lleva a asistir a un abanico de superposiciones de creaciones que no acaban de cuajar, pues se trata más de una búsqueda desenfrenada de algo diferente, no artístico, sino original, y eso no es música. El arte nace para satisfacer al ser humano, no a su creador, pues en su esencia está el otorgar felicidad a los demás.

¿Qué espacio ocupan entonces los autores contemporáneos?

Salvo en foros que están concebidos para ello, como festivales o simposios, entre los propios especialistas existen controversias y es natural, ya que no en vano la música es algo vivo que mientras está surgiendo tiene sus detractores y sus defensores. Al final, lo bueno prevalecerá, y será el público quien decida, más que los críticos, qué es lo que debe salvaguardarse para cumplir con su misión de ser testigo de una época. La música no refleja sólo la sensibilidad o capacidad artística de un compositor, es la expresión de un contexto, unos gustos y unas necesidades.

Atendiendo a sus palabras, descubrimos que el directo crea una obra. ¿Tiene su propia discografía?

He dirigido algunas grabaciones, pero todavía no me siento preparada para poder firmar una interpretación. Necesito más años de experiencia, madurar. En definitiva, vivir más música. Si quiero ofrecer mi versión de una obra necesito tenerlo muy claro, y reconozco que todavía mis estados de ánimo están muy contagiados por la pasión musical... La música te da tanto, a cambio de que tú le ofrezcas dedicación, de acuerdo, pero tiene algo que ofrecerte cada día, y ya llegará el momento en que pueda darme también la oportunidad de capturarla.


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