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Productos tóxicos: Uso masivo y riesgos patentes

Instituciones como la UE promueven una menor utilización de sustancias peligrosas, presentes en la fabricación de numerosos productos

  Se acaban de cumplir 20 años del desastre de Bhopal en la India. Un escape químico de la empresa Unión Carbide mató a más de 15.000 personas, según cifras oficiales, y se estima que afectó a otras 120.000 que, aún hoy, continúan sufriendo las secuelas de la tragedia. En aquella ocasión fue el escape de isocianato de metilo lo que provocó el desastre. Este componente se utilizaba para producir SEVIN, un pesticida milagroso, barato de producir, mortal para los insectos, aunque inocuo para otros animales. Sin embargo, en su producción eran necesarios compuestos muy tóxicos.

Los pesticidas como éste representan un ejemplo de productos de consumo que se utilizan de manera habitual y que en muchos casos contienen aditivos químicos cuya producción, comercio, utilización y desecho tienen, si no se adoptan las correspondientes precauciones, un gran impacto en el medio ambiente y en la salud. La lista de productos es inmensa e incluye, por ejemplo, cosméticos que utilizan fijadores producidos con ésteres de ftalato, ropas que contienen pirorretardantes bromados para prevenir o retardar la propagación de llamas o alfombras con compuestos organoestánnicos para luchar contra los ácaros.

Más de 100.000 productos químicos

Algunas industrias se han visto obligadas a cambiar el modo de fabricación de sus productos

Según datos de la Unión Europea, en Europa se pueden encontrar unos 100.000 productos químicos y cada año la industria produce más de 200 nuevos compuestos que imitan sustancias naturales o bien que son sustancias totalmente artificiales. Pese a los evidentes riesgos que entraña, el uso masivo de este tipo de productos no ha venido acompañado de estudios e investigaciones sobre su incidencia en la vida de la población mundial y, sobre todo, en el medio ambiente.

Son muchas las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan para evitar la generación, el uso y vertido de sustancias peligrosas. Sin embargo, para conseguir su total abolición del mercado de consumo se necesitan medidas políticas e industriales severas que mitiguen y hagan disminuir el uso de todo tipo de sustancias químicas tóxicas. Estos elementos pueden ser inflamables, explosivos, producir cáncer o dañar los sistemas reproductores de los humanos, entre otros efectos.

Información sobre las sustancias químicas en las etiquetas

  En la actualidad, Europa trabaja por desarrollar una nueva política que promueva la sustitución de las sustancias más peligrosas por otras más naturales y amables con la naturaleza. Desde 1992, la UE regula la clasificación, embalaje y etiquetado de sustancias peligrosas para la vida humana y para el medio ambiente. Así, los fabricantes y distribuidores quedan obligados a facilitar en los embalajes y etiquetas información técnica sobre efectos indeseables, instrucciones de seguridad, etc. que garanticen el uso controlado y responsable de todo tipo de sustancias tóxicas.

La industria juguetera, por poner un ejemplo, es una muestra de cómo se han visto obligados a transformar los juguetes de PVC, que contienen un grupo de ftalatos (sustancias químicas tóxicas que se utilizan como plastificantes de PVC y que parece probado que provocan lesiones renales, desequilibrios en el sistema hormonal e incluso algún tipo de cáncer), en juguetes de otros materiales no tóxicos. Una medida que nace a consecuencia de la publicación por la UE del Libro Verde del PVC, que vio la luz en junio del 2000, en el que se evalúan diversos aspectos medioambientales y de salud relacionados con el tratamiento de residuos de PVC y se presenta una serie de opciones para reducir estos impactos.

Alternativas

  La alternativa a los productos químicos se puede encontrar en el seguimiento de algunos criterios de actuación, como evitar productos con PVC o derivados del cloro, el uso de madera tratada con productos no contaminantes y obtenida mediante sistemas de gestión respetuosos con la naturaleza, la adquisición de frutas y verduras cultivadas sin pesticidas, el uso de pinturas al agua o pinturas que no contengan componentes tóxicos o la utilización de productos de limpieza de bajo impacto sobre el medio ambiente.

Criterios de clasificación de las sustancias químicas

Por sus propiedades toxicológicas, los productos químicos se clasifican en:

Muy tóxicos: entrañan riesgos extremadamente graves, agudos, crónicos e incluso la muerte.

Tóxicos: entrañan riesgos graves, agudos, crónicos e incluso la muerte.

Nocivos: pueden producir riesgos de gravedad limitada.

Corrosivos: los que en contacto con tejidos vivos pueden ejercer una acción destructiva de los mismos.

Irritantes: sustancias y preparados no corrosivos que, por contacto breve, prolongado o repetido con la piel o las mucosas puedan provocar una reacción inflamatoria.

Sensibilizantes o alérgicos: las sustancias y preparados que, por inhalación o penetración cutánea, puedan ocasionar una reacción de alergia, de forma que una exposición posterior a esa sustancia o preparado dé lugar a efectos negativos característicos.

Sustancias químicas tóxicas más comunes en nuestra vida diaria

PVC
El PVC (Cloruro de Polivinilo) es un material cuya versatilidad, bajo precio, limpieza, propiedades higiénicas y resistencia han favorecido su expansión en la construcción y en la producción de objetos de plástico. Pese a todo, es un material que entraña peligro en su uso, en su producción y en su eliminación. Si durante su creación se generan dioxinas, una de las sustancias sintéticas más tóxicas que se conocen, su utilización también resulta delicada, ya que puede liberar aditivos perjudiciales para la salud y el medio ambiente. Pero el mayor riesgo se da en su eliminación, puesto que si termina en el vertedero se producen graves daños al medio ambiente y si es incinerado genera grandes cantidades de dioxinas y otras sustancias cloradas que contaminan aire, agua y suelo. No obstante, los productores de PVC argumentan que los conocimientos tecnológicos que se están aplicando a su producción, uso y eliminación ayudan a controlar sus posibles efectos negativos.

El PVC se encuentra en las tuberías, cables de distribución y ventanas de los edificios; en los envases de agua embotellada y en los embalajes de los productos habituales de consumo; en los suelos, papeles pintados o cortinas de los hogares; en las tarjetas de crédito, en los coches o incluso en algunos útiles médicos.

COPs
Los COPs (Contaminantes Orgánicos Persistentes) son sustancias químicas orgánicas muy peligrosas para la salud y muy resistentes a los procesos de degradación natural. Entre otros COPs se pueden señalar productos como la aldrina, clordano, DDT (pesticida), dieldrina, endrina, dioxina, furano, heptacloro, hexaclorobenceno, mirex, PCB y toxafeno. Una vez que se liberan al medio ambiente, muchos persisten durante años e, incluso, décadas. Otra característica es su alta permanencia en los tejidos de los seres vivos (son bioacumulables), se acumulan en los tejidos grasos y en órganos de animales y humanos y acaban formando parte de nuestra cadena alimenticia. Los COPs pueden encontrarse en pesticidas utilizados en agricultura; cosméticos; electrodomésticos; dioxinas liberadas en procesos industriales, como la incineración de residuos y la industria del cloro, o en pinturas para barcos.


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