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Ramón Buenaventura, poeta, novelista y experto en Internet: "Internet ha contagiado las ganas de comunicarse"

  Ramón Buenaventura se enmarca dentro de esa rara especie de intelectuales que comparten el amor por la literatura y una pasión indisimulada por Internet. Su columna semanal "Cuadernos de un cibernauta" se ha convertido en una referencia para los interesados en la red de redes. Lejos del arquetipo social que se vincula a este nuevo medio de comunicación, esto es, joven introvertido, con dificultades para relacionarse y obsesionado por la tecnología, Buenaventura es poeta, novelista, traductor, idealista, cincuentón y pasional, un perfil que no le impidió convertirse en 1997, cuando Internet no era más que un anglicismo desconocido para la mayoría, en uno de los primeros articulistas que añadía a su firma su dirección de correo electrónico.

Parte de su vida puede leerse entre líneas en sus obras, en las que sus protagonistas nacen en Tánger, como él, en el mismo año de la década de los 40. Otra parte puede descubrirse a través de la Red. Y lo que no está escrito lo cuenta delante de un té. Por ejemplo, cómo tuvo que abandonar la ciudad marroquí dejando atrás su niñez y su adolescencia. No se detiene más de unos segundos en enumerar las licenciaturas en derecho, psicología y ciencias políticas que atesora, ni le lleva un minuto describirse como directivo en una multinacional, pero dedica toda la tarde a detallar su visión del ser humano y del valor de Internet.

De aquella panacea de libertad y progreso que prometía Internet, ¿qué queda?

 En los inicios de Internet, como muchos otros génesis, se sucedieron profecías que no se cumplieron, sobre todo aquellas que precisaban de un alto grado de fantasía para entenderlas, y para creértelas. Pero sí se han materializado otros beneficios verdaderamente útiles y atractivos, como la aspiración renacentista de contar con un archivo de datos casi infinito, fácil de consultar e inmediato de recibir. De cualquier forma, si Internet es capaz de seguir siendo la mayor biblioteca jamás concebida por el hombre y el medio de comunicación más grande de la historia ya tendría justificada su existencia.

En su primera columna, allá por 1997, reclamaba una tecnología que universalizara el uso del ordenador. ¿Qué crítica le merece ahora?

Internet, en contra de lo que se dice, es aliada de la cultura

De primeras, creo que la tecnología ha mejorado, sin duda, la vida del ser humano, todos los progresos, con sus luces y sus sombras, lo hacen. Puede tardar un tiempo en que las personas se sientan beneficiadas, y, por lo general, cuanto más adultas son, más dificultades les entraña aprender algo nuevo. A un chaval de 6 años le explicas cómo programar el DVD y lo asimila mientras te lo ve hacer. A un adulto de 60 le enseñas lo mismo, y es muy probable que tengas que volver a hacerlo. En el conocimiento de Internet, al problema del aprendizaje del manejo de la informática en general se le suma un problema de contexto, es decir, llegar a concebir para qué sirve la actual tecnología y cómo pueden materializarse sus resultados.

¿Cómo puede empezar alguien que no ha llegado a tiempo al tren de Internet sin miedo a perderse en todo lo que le llevan por adelantado?

Me temo que la gente rezagada no se pondrá al día hasta que el proceso se simplifique extraordinariamente, y esto tiene que suceder, pues la máquina ha de ser más sencilla. Hoy, insisto, es muy compleja para el usuario. Pensemos en la cantidad de operaciones simples, pero al fin y al cabo operaciones, que debe realizar una persona para acceder a una página web desde un ordenador apagado. Esto se ha de corregir en los próximos años, para que Internet se convierta en un bien y un servicio doméstico más.

¿Para qué quiere la gran mayoría de familias ese nuevo electrodoméstico?

Con Internet estamos expuestos a informaciones inciertas, lo que exige del usuario cierta capacidad de juicio. Pero esto no es nuevo: errores y mentiras se han publicado siempre

Entiendo su recelo. La entrada de las pequeñas computadoras en los hogares fue frustrante. Respondió a una campaña de marketing muy bien orquestada, y que llevó a la gran mayoría de los compradores a no saber qué hacer con ese aparato que se llamaba ordenador personal. Fue un juguete que funcionó mal. Simultáneamente se introdujeron en el ámbito laboral, pero ahí se les otorgaron funciones concretas, y hoy hasta los abogados trabajan con ordenadores, prueba de que su triunfo es indudable. La vuelta del ordenador a las casas está siendo más digna, sobre todo porque se acompaña de un contexto lo que les confiere algo de sentido. Nadie lleva la contabilidad desde su hogar, pero sí puede usar el correo electrónico, leer los periódicos, comprar entradas de teatro...

Internet presenta en ocasiones como enemigo de la cultura. "Acabará con los libros", han aventurado algunos.

Aunque sea una crítica recurrente, no estoy de acuerdo con ella, es más, pienso que ha sucedido todo lo contrario: las nuevas tecnologías son aliadas de la lectura, de los libros, de la cultura y de la comunicación. Cuando en el mundo occidental se corrigió en gran medida el analfabetismo, la gente aprendió a leer y a escribir, pero surgió el analfabetismo funcional, ni leía, ni escribía. Las nuevas tecnologías han contagiado las ganas de comunicarse a través de la escritura, da igual que sea por correo electrónico que por los mensajes de móviles. Con faltas de ortografía y con abreviaturas horribles, pero la gente lee y escribe.

Leemos el mismo contenido repetido cien veces en cien páginas web diferentes, un contenido que en ocasiones es rematadamente falso.

 Internet es una fuente de información pero también de porquería, y no me refiero a cuestiones morales, sino a auténticos disparates científicos que se repiten sin rubor, pues se presentan con igual categoría el más sesudo de los estudios que la falacia más simple, con el amparo del prestigio que se le confiere a lo escrito. Pero falsedades escritas se han sucedido siempre, obras dadas por buenas resultaron pura falacia. Esto también sucede con los contenidos de Internet. El usuario, como el lector, está obligado a una cierta capacidad de juicio por lo que son necesarios conocimientos anteriores, pues está expuesto a contenidos vacuos, ya que abrir una página de tres uves dobles es baratísimo.

Sin embargo, hemos visto caer páginas web con un elevado rigor en sus contenidos por falta de público. ¿Estará sucediendo como con la televisión, que parece abocada a ser un mero instrumento de entretenimiento, y no de la mejor calidad?

Hacer la página y colgarla tiene un coste cercano a cero, pero mantener un sitio web con contenidos veraces, originales y de calidad precisa dinero, y la única fuente que se me ocurre es la publicidad, que precisa que ese gasto sea inversión para el anunciante, es decir, que tenga visitas, con lo que volvemos al principio. El gran problema de Internet hoy, para quienes se sirven de él como cauce transmisor, es que es un medio de entretenimiento, de comunicación y de archivo fabuloso, pero muchas veces aquello que publicas es igual que si lo escribieras en un cuaderno y lo dejaras sobre tu mesa. Por muy bien que hagas las cosas, no tienes garantizado un público.

Medio de comunicación, entretenimiento y archivo. Internet tiene también ambición de ser un cauce de la administración. ¿Qué sucede para que todavía no lo sea?

Gran parte de los problemas de desarrollo en la informática están motivados por la falta de comunicación entre el técnico informático y el usuario, y entendamos por usuario el político con ansias de modernidad, el funcionario que busca ergonomía en su trabajo o el ciudadano que demanda más facilidades para cumplir con sus obligaciones. El programador procura dar respuesta a una necesidad cuando hay alguien capaz de explicarle cuál es esa necesidad, a veces con mayor acierto, otras con menos. Pero la informatización de los servicios administrativos para el usuario final es cuestión de años, y de pocos años.

¿Los blog son a Internet de 2004 lo que las tertulias de café a 1904?

El blog es un avance de esos que reivindico para el usuario, es decir, que una persona sin conocimientos de programación pueda crear su propio espacio en Internet, pero le falta el diálogo de las tertulias de hace un siglo. Además, hay una diferencia esencial, como en casi todo lo que se pueda comprar entre 1904 y 2004 y es la presencia de la mujer, y eso modifica cualquier comparación que se pueda hacer de estos 100 años.

¿Le gustó la película Matrix?

Aunque admito una lejanía provocada seguramente por la edad, pienso que no me hubiera gustado ni con 15 años. No tolero la estupidez, ni en la ficción. Pensar que los seres humanos pueden ser gobernados por máquinas me resulta inverosímil. Todas esas teorías son una sucesión de especulaciones sin fundamento, donde no existen experiencias humanas, algo que sí es objeto de mi interés.


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