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La Organización Mundial de la Salud (OMS) califica como endemia -enfermedad crónica en un territorio- los accidentes de tráfico, en los que los viandantes, sobre todo los más pequeños, son también víctimas. De hecho, las estadísticas señalan que el 30% de los niños fallecidos en accidentes de circulación en España son peatones. La erradicación de este tipo de siniestros se ha convertido en uno de los objetivos principales de la Dirección General de Tráfico (DGT). Entre las medidas destinadas a este fin, se ha encargado a la Universidad de Salamanca una investigación que determine el riesgo de ser víctima. Los datos han servido para establecer un perfil del accidentado que responde al siguiente patrón: varón, entre 5 y 9 años, que sufre el percance al término de la jornada escolar, en especial por la tarde, un viernes de los meses de febrero y marzo en una calzada de más de tres metros de ancho y en un cruce que realiza fuera de una intersección.
Una de las primeras conclusiones que se han evidenciado en el estudio es que la sociedad debe asumir el correcto comportamiento vial como un componente fundamental de la socialización general del niño. De esta forma, se han sumado a la intervención familiar, clave para educar y ser ejemplo del comportamiento como peatones, conductores y viajeros, clases específicas en colegios y campañas institucionales. Así se ha conformado la materia que conocemos como Educación Vial.
La educación de los niños en este campo es la meta primordial, pues se educa a una colectividad que conformará y educará el futuro. Los expertos aseguran también que la enseñanza debe empezar cuanto antes. Desde que el pequeño comienza a entender órdenes conviene describirle las normas de conducta seguras cuando circule y, por supuesto, servir de ejemplo.
Como materia educativa, los especialistas coinciden en que debe comenzar a impartirse desde los 3 años, ya que hasta los 7 los niños son muy receptivos. Además, en estas edades, aunque su capacidad de juicio y razonamiento es muy limitada, resulta fundamental sentar una buena base formativa. A partir de los 7 hasta los 12 años será un periodo de afianzamiento, refuerzo de conceptos y puesta en práctica. La educación vial infantil trata de:
Los adultos tenemos la costumbre de sobreestimar las habilidades de los niños, más aún cuando se trata de una actividad diaria como subir a un autobús o cruzar una calle. Aunque estas acciones son cotidianas, su grado de dificultad es mayor del que puede parecer. Hemos de tener en cuenta que su agilidad sensorial es menor. De hecho, está comprobado que los niños presentan dificultades para juzgar la velocidad de los vehículos que se acercan y que los diferentes tamaños de los automóviles pueden inducirlos a cometer errores en cuanto a la distancia. Además, su pensamiento nada tiene que ver con el de un adulto: para ellos, cruzar mal una calle está mal porque así se lo han enseñado, pero no comprenden el grado de peligro que implica.
Como peatón
Como viajero
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