Saltar el menú de navegación e ir al contenido
El 70% de los hogares españoles recurre a productos congelados una vez a la semana, y el 38% lo hace más de tres veces. Así lo recoge el reciente "Estudio sobre los hábitos de consumo de los alimentos congelados en España", realizado por la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU) y los 14 principales fabricantes de congelados envasados.
La falta de tiempo y la poca afición para cocinar, además de la comodidad y la rapidez que supone preparar estos productos, son algunas de las razones que se esgrimen para justificar su uso. Pero lo cierto es que estos productos no son los más indicados para consumirlos habitualmente. La clave: introducirlos en la dieta de forma ocasional y no como base de la misma.
Productos resultantes de una preparación culinaria no completada, envasados y conservados en frío. Para su consumo precisan de un tratamiento doméstico adicional, por ejemplo hornearlos o freírlos.
Croquetas y empanadillas refrigeradas o congeladas que necesitan de la fritura para su consumo, patatas y barritas de pescado congeladas, pizzas congeladas o refrigeradas, etc.
Platos preparados envasados en tarro de cristal o lata, sometidos a un tratamiento de calor intenso (esterilizados) para ser conservados. Hasta que se abre el envase, no necesitan frío para su conservación. Pueden consumirse tras un simple calentamiento.
Fabada asturiana, cocido madrileño, albóndigas en salsa, pimientos rellenos...
Platos preparados, envasados herméticamente y tratados por calor u otro procedimiento para su conservación. Deben conservarse en frío. Pueden consumirse tras un simple calentamiento.
Pollo asado y envasado al vacío, tortilla de patata envasada, etc. Lasaña y canelones, platos de arroz y pasta congelados que requieren del horno convencional o del microondas para su consumo.
En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI