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Actualmente hay 8.000 especies de árboles en peligro de extinción en su forma silvestre, con 976 en una situación crítica. Organizaciones ambientales como FFI (Flora y Fauna Internacional) y PNUMA (la Agencia Medioambiental de la ONU) han iniciado una campaña cuya finalidad es establecer un plan para crear bosques sostenibles. Una herramienta muy útil para materializar ese plan será la elaboración de un Atlas Mundial de Árboles Amenazados. Según los investigadores, ya están funcionalmente extintas numerosas especies raras de árboles en los trópicos. Estiman, además, que casi la mitad de la madera tropical del mercado internacional ha sido talada ilegalmente. Por otro lado, se calcula que entre 1960 y 1990 desaparecieron más del 20% de los bosques tropicales (un 33% en Asia y el 18% en África y América Latina). Hoy, la deforestación de la Amazonia se produce a un ritmo todavía más acelerado que en la década de 1980, cuando el problema comenzó a suscitar interés a nivel mundial. Y a pesar de todos estos datos, seguimos sin prestar la atención debida a las consecuencias de la pérdida de los bosques.
En primer lugar, hay que identificar las causas directas y subyacentes que determinan la deforestación en cada caso, así como los actores involucrados, y adoptar medidas estratégicas para su solución. La implantación de la Certificación Forestal (FSC) es un elemento que ayuda a esta defensa de los bosques. Se trata de un gran instrumento de mercado que garantiza y demuestra al consumidor que la madera o cualquier otro producto forestal (corcho, resinas...) procede de un bosque gestionado de manera responsable y sostenible.
Para la ONG Adena/WWF son muchos los agentes que pueden frenar la deforestación:
Los bosques primarios son grandes extensiones de ecosistemas forestales que no han sido alterados por la actividad humana, por lo que se consideran reductos de lo que fueron los bosques originales del planeta. A pesar de su vital importancia para la Tierra y sus habitantes, están desapareciendo rápidamente y de manera irreversible, según Greenpeace. Más del 75% de los bosques primarios se localizan en tres grandes áreas: los bosques boreales de Canadá y Alaska, los de Rusia y los bosques tropicales de la Amazonía y el escudo de las Guayanas. En España no quedan ya bosques primarios, aunque todavía existen pequeñas superficies de bosque a las que no ha llegado la actividad humana, como en zonas del Pirineo o de la cordillera Cantábrica. No obstante, son espacios demasiado reducidos para ser considerados bosques primarios. Aún así, deviene fundamental conservar estos bosques viejos y maduros, pues albergan gran parte de la biodiversidad forestal amenazada de los bosques ibéricos.
Es el árbol emblemático de la Patagonia chilena y argentina. Sobrevive en pocos lugares del mundo, y una de las zonas a las que se ha adaptado es precisamente ese territorio inhóspito de Sudamérica. Allí, donde sólo los arbustos más duros pueden resistir los crudos inviernos de vientos y temperaturas casi insoportables, la araucaria sigue creciendo como tratando de alcanzar el cielo con sus puntiagudas ramas. Los bosques de araucaria viven a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar y su desarrollo es lentísimo, pero pueden alcanzar alturas de hasta 40 metros y vivir entre 500 y 1.000 años. Incluso algunos de los ejemplares más antiguos de Sudamérica tienen hasta 3.000 años. Su madera, de excelente calidad, es una de las causas de su paulatina desaparición, así como los incendios que se registran en estas latitudes.
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