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Lo primero que hay que aclarar sobre la ansiedad es que se trata de una sensación, no de una enfermedad. Todos hemos experimentado cuadros de ansiedad en momentos de peligro, incertidumbre, preocupación o ante acontecimientos que sentimos nos superan. La ansiedad es una forma de reaccionar, un mecanismo adaptativo que nos permite mejorar nuestra actuación en esos momentos difíciles. Pero esta facultad que poseen todas las personas se manifiesta en algunas de forma exagerada: cualquier cosa les altera, les pone ansiosas. Su reacción es desmesurada y les conduce a un estado de descontrol que afecta a todas las facetas de su existencia. Parece ser que esta hiperreacción está influida por factores biológicos, en concreto, por una alteración en el cromosoma 15 que predispone a padecer trastornos de ansiedad. Se calcula que el 15% de la población sufre algún trastorno de ansiedad a lo largo de su vida. En ocasiones la depresión se asocia a la ansiedad. Las mujeres sufren más de ansiedad que los hombres y es posible que, además de factores culturales, determinados cambios hormonales tengan algo que ver en ello.
No hay una única forma de manifestación de la ansiedad, los desarreglos pueden ser muy distintos de una persona a otra. La forma más común, el trastorno de ansiedad generalizada, se produce por la excitación del sistema nervioso y origina los siguientes síntomas:
La ansiedad no provoca por sí misma lesiones cardiacas ni deterioro físico o mental, pero es habitual que entre las personas que sufren cuadros de ansiedad se produzca un incremento del consumo del tabaco, alcohol o de otras drogas, y el abuso de esas sustancias sí puede originar problemas físicos o de otro tipo. Ese aumento de la ingesta de comida -los famosos atracones-, la mayor propensión a fumar y la tendencia a tomar más café o alcohol les produce un alivio momentáneo que, sin embargo, resulta perjudicial a la larga y sólo incrementa su ansiedad, empeorando más la situación. Otras personas encaran la ansiedad de manera distinta: prefieren evitar las situaciones que se la producen y rechazan todo lo que pueda alterarles. Tampoco esta es una buena opción, pues a la larga pierden confianza en sí mismas y ello no hace más que incrementar sus problemas.
Pero hay también otras formas de manifestación de la ansiedad, como las crisis de angustia o ataques de pánico, las fobias sociales, las fobias específicas, la agorafobia (aprensión a encontrarse en lugares abiertos, espaciosos o situaciones donde encontrar ayuda puede resultar difícil) o el trastorno obsesivo-compulsivo. Este último es probablemente el más grave, aunque presenta hay diversos grados de severidad y algunos psiquiatras no lo incluyen entre los trastornos de ansiedad.
Comience por las manos, cerrando fuertemente los puños (10 segundos) y luego extienda los dedos (15 segundos). Siga con los bíceps: ténselos como si sacase bola, luego extienda el brazo empujándolos hacia abajo. Hombros: primero se echan hacia atrás y luego hacia delante. Cuello: se inclina la cabeza hacia la derecha, luego hacia la izquierda, después hacia delante hasta que la barbilla se apoye en el pecho y después hacia atrás. En la cara hay muchos músculos, pero limítese a abrir los ojos y la boca todo lo que pueda, luego ciérrelos todo lo fuerte que pueda. Espalda: hombros contra el suelo, impulse el tronco hacia arriba como si arquease la espalda. Abdomen: contráigalo hacia adentro como si quisiera tocar la espalda y luego sáquelo hacia fuera todo lo que pueda, que se ponga duro. Pantorrillas y pies: flexione los pies hasta que los dedos apunten hacia la cabeza y luego dóblelos en dirección opuesta.Para terminar vuelva a hacer los ejercicios respiratorios del inicio y después quédese unos minutos tumbado/a, relajado/a, respirando profunda y relajadamente.
La ansiedad es controlable y acaba desapareciendo en el 80-90% de pacientes que la padecen, pero para ello debe haber una concurrencia de factores: rápida detección, capacidad de autocontrol y fuerza de voluntad. Hay que subrayar que la ansiedad no cesa de la noche a la mañana y que es normal tener altibajos durante la recuperación. Lo primero que hay que hacer es evitar que la ansiedad progrese. Una vez que aparece tiende a mantenerse, y lo que es peor, se entra en un círculo vicioso: como los síntomas son desagradables, quien sufre ansiedad se vuelve más sensible a cualquier alteración física, más aprensivo, lo que le hace estar más ansioso y facilita que las manifestaciones de la ansiedad se agudicen.
Aunque no es fácil, en esta fase es fundamental cambiar el estilo de vida:
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