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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Gimnasios: Más de la mitad suspenden el examen

Lo peor es la atención al cliente y el asesoramiento médico-deportivo. Lo mejor, el equipamiento y estado de las instalaciones

  Más de cinco millones de españoles acuden de forma habitual a un gimnasio y lo hacen, según indican las encuestas, con la intención de mejorar su imagen, su estado de salud y su calidad de vida. En consonancia, cada vez son más numerosos los gimnasios, que en pocos años han evolucionado desde aquellos pequeños y austeros locales en los que se realizaban prácticas deportivas básicas (musculación, aeróbic, bici estática...), hasta los actuales establecimientos multi-servicio donde, además de ofrecerse lo de siempre complementado con nuevas actividades y disciplinas deportivas, se despliega ante los usuarios todo un abanico de posibilidades (sauna, jacuzzi, termas, peluquería, masajes, estética, solariums), más vinculadas a la imagen y al sentirse bien que al propio deporte.

Es difícil encontrar un gimnasio barato de buena calidad

CONSUMER ha estudiado la calidad del servicio que ofrecen estos establecimientos deportivos, que cobran, además de una matrícula de inscripción, una cuota mensual de unos 60 euros de media si tienen zona de aguas -jacuzzi, sauna, baño turco, piscina, aguas termales- y de unos 42 euros si carecen de ella. El pasado mes de mayo los técnicos de esta revista visitaron (haciéndose pasar por clientes) 130 gimnasios ubicados en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Málaga, A Coruña, San Sebastián, Vitoria, Pamplona, Cádiz, Castellón, Burgos y Murcia.

La primera conclusión de la investigación es que más de la mitad de los gimnasios suspenden el examen de CONSUMER, que se dividía en cuatro apartados. Sólo el estado y equipamiento de las instalaciones obtiene un bien de media (aunque suspende casi el 30% de los gimnasios visitados), mientras que la diversidad de servicios que se ofrecen en el centro consigue de media un aprobado sin más, aunque suspende la mitad de los gimnasios estudiados. Lo peor, con un claro suspenso de media, es la atención al cliente y el asesoramiento médico-deportivo. Dos de cada tres gimnasios no aprueban este amplio bloque. Sólo el 3% ofrece seguros médicos (la ley sólo les obliga a que tengan seguro de responsabilidad civil), ocho de cada diez no hacen un examen médico previo al nuevo cliente, tres de cada cuatro no disponen de servicios médicos y dos de cada tres ni siquiera preguntan al cliente por su estado físico. Y todo ello a pesar de que cuando se inician en la práctica de algún deporte, quienes sufren lesiones físicas, padecen enfermedad coronaria, tienen el colesterol alto o presentan antecedentes familiares de cardiopatía, y todos los mayores de 40 años que sean obesos, sedentarios, hipertensos o fumadores, no sólo deben estar bien asesorados cuando hacen sus ejercicios sino que conviene que se les realice una evaluación médico-deportiva y de esfuerzo, para evitarles posibles problemas de salud, que podrían incluso ser muy graves. Pero esto no es todo: casi siete de cada diez gimnasios no informan de que disponen de hojas de reclamaciones, sólo la mitad cuentan con monitores convenientemente titulados para el ejercicio de su profesión y tres de cada diez se niegan a explicar al cliente la titulación específica del personal del gimnasio que se va a encargar de su puesta en forma.

El siguiente apartado donde más han fallado los gimnasios ha sido el que se refiere a los horarios y aspectos relacionados con las tarifas. Si tenemos en cuenta que un gimnasio supone un importante desembolso mensual, parece excesivo que tres de cada cuatro centros establezcan el pago de una matrícula que supone de media 42 euros en gimnasios sin zona de aguas y más del doble en los que cuentan con éstas. Además, tres de cada cuatro no ofrecían tarifas reducidas para usuarios que acuden sólo en determinados días o franjas horarias (por ejemplo, sólo por las mañanas, o sólo los días festivos).
Y son más de la mitad los gimnasios que obligan a sus usuarios a domiciliar los pagos de las cuotas mensuales. Para terminar con este apartado, el 44% de los gimnasios estudiados no permiten la entrada a usuarios no matriculados y uno de cada cuatro, además, no ofrecen descuentos de ningún tipo (familias, tercera edad, estudiantes, por uso de muchas actividades o instalaciones, etc). Todo ello habla de la escasa flexibilidad organizativa de la mayoría de los gimnasios y de la ínfima adaptación a las necesidades prácticas y circunstancias especiales de los usuarios. Un dato positivo: sólo el 18% de los gimnasios no exponen sus tarifas al público. Otro, el de los horarios, que están bien pensados en la mayoría de los casos: sólo dos de cada diez cierran al mediodía, únicamente el 15% no abren los sábados y sólo el 12% mantienen sus instalaciones cerradas en agosto. Pero también en los horarios hay una deficiencia importante: más de siete de cada diez gimnasios no abren sus puertas los domingos, un día perfecto para visitar estos centros y hacer un poco de deporte.

En el terreno de la seguridad, sólo el 88% de los establecimientos disponen (a la vista) de extintores dentro de sus instalaciones, la mayoría de ellos señalizados. Especialmente negativa es la situación encontrada en A Coruña, Burgos, Castellón y Madrid, ya que en el 30% de los gimnasios visitados no había extintores visibles. Por otra parte, sólo en el 46% de los gimnasios se encontraron salidas de emergencia señalizadas y libres de elementos que impidieran su uso. Destacan negativamente en esta cuestión los estudiados en Burgos, Bilbao, Castellón y Pamplona.
Por último, en el 6% de los gimnasios visitados se anotó la existencia de algún tipo de situación que ponía en riesgo la integridad física de los clientes: zonas en obras o reformas sin señalizar, zonas con desorden excesivo, zonas con poca iluminación, escaleras con demasiada pendiente, equipos o máquinas demasiado juntos que hacen difícil pasar entre ellos, etc. Se encontraron situaciones potencialmente peligrosas en dos de cada diez gimnasios visitados en Barcelona y Burgos y en uno de cada diez de A Coruña, Bilbao, Pamplona y Valencia.

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