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Convertirse en abuelo o abuela: Enanos en hombros de gigantes

  Una de las experiencias que nos sumerge en una nueva etapa de nuestra vida es la de convertirnos en abuelas o abuelos, un momento vital para el que no siempre estamos preparados y al que no todo el mundo accede de la misma manera.

Hay quien experimenta una especie de sensación de decrepitud e involución, mientras otras personas sienten con el nuevo estatus un renacimiento de ilusiones dormidas.

Asumir que somos abuelas y abuelos

Se trata de reconocerse en el nuevo estatus, y hay que ser consciente de que en ello intervendrá:

  • La forma de interiorizar y aceptar el nuevo papel en la familia.
  • La resolución del conflicto interno entre el deseo y el temor por tener ya nietos. El deseo de ser abuelo está relacionado con la oportunidad de disfrutar con los hijos de los hijos, recordando, pero no imitando, la propia maternidad o paternidad. El temor llega de la evidencia de que se es mayor que entonces.
  • El estado de salud, la capacidad de articular movimientos, la agudeza visual y auditiva, no es la misma.
  • Cómo se vivieron los ciclos vitales anteriores. Se suele decir que se envejece como se ha vivido. El modo de ser abuela o abuelo dependerá de cómo se haya vivido la niñez, de cómo fue uno mismo hijo y cómo fue nieto. Se recuerda la relación con los propios abuelos, y se imita o se mejora. Por supuesto, también influye cómo se ha vivido la edad adulta y cómo se es, y se fue, padre y madre.
  • Cómo se esté viviendo el ciclo vital actual. Hasta no hace mucho tiempo convertirse en abuelo o abuela marcaba de por sí el ingreso en la tercera edad o en la vejez. Hoy, como consecuencia del aumento de la esperanza y calidad de vida, y debido a los nuevos estímulos de la sociedad en que vivimos, no equivale a ser viejo. Hay abuelas y abuelos que están viviendo en plenitud laboral, social o familiar, y tener nietos no los ha convertido en "viejos" desadaptados e inservibles.

Cómo puede ayudar la familia a que los abuelos cumplan su papel

  • Favoreciendo su independencia. Los abuelos quieren tener tiempo para sus cosas, por inútiles que puedan parecer al resto de la familia. También necesitan su espacio. Si están a gusto en su casa no hay por qué forzarles a trasladarse a otra. Una cosa es invitar con insistencia y cariño, otra muy distinta imponer el criterio de los hijos.
  •  Permitir que ejerzan como abuelos con los nietos. Para ellos es "la segunda oportunidad" de hacer con los nietos lo que no hicieron con los hijos. Es bueno hacer la vista gorda cuando "malcrían" a los nietos concediéndoles algún capricho razonable y de manera esporádica.
  • Es conveniente tratarlos como adultos. A veces se les trata como a niños con la excusa de que como son mayores se vuelven infantiles y "chochean". Hay que evitar convertirse en educadores de los abuelos.
  • Respetar sus defectos como ellos lo han hecho antes con los nuestros. La convivencia familiar es mucho más fácil cuando se es flexible con las conductas de sus miembros.
  • Ser agradecidos con ellos y enseñar a los nietos a que lo sean. No debemos olvidar que somos 'enanos subidos a hombros de gigantes' y que si somos más, tenemos más o estamos mejor preparados es, en gran parte, gracias a ellos.
  • Es importante escucharles y respetar sus maneras de pensar, aunque no coincidan con el de la generación más joven de la familia. Ni es cierto que "cualquier tiempo pasado fue mejor", ni tampoco que todo lo actual es absolutamente extraordinario o infalible.

Enanos subidos a hombros de gigantes

Ser abuelo o abuela es una oportunidad única para que surjan muchas vivencias positivas. Se pueden aprender nuevas formas de convivir entre las tres generaciones que han surgido dentro de la propia familia. Se puede aprovechar la ocasión que dan los nietos de estar en contacto con otras formas de vivir, de otros conocimientos, de otros puntos de vista que enriquecen a los mayores si están abiertos a los cambios y a las nuevas formas de vida. Por eso es tan importante que, mientras nos lo permita el ajetreo de la vida actual, se organicen reuniones familiares con cualquier excusa para estar juntos y disfrutar del placer de verse, escucharse y sentirse mutuamente. El mejor homenaje que se puede hacer a los abuelos es ofrecerles el placer de sentarse a una mesa con sus hijos y sus nietos. En ese escenario se plasman los resultados de historias personales muchas veces llenas de esfuerzos y dificultades. Es realmente satisfactorio poder ofrecer a los abuelos la posibilidad de que comprueben que su vida ha merecido la pena.

Actitudes que deben cultivar los abuelos y abuelas

  • Conservar la propia independencia, si es posible. Al margen de su edad, la abuela y el abuelo tienen derecho y necesidad de disfrutar de su propio espacio vital, de disponer de tiempo para sus aficiones, amistades o para proyectar, si les apetece, nuevas relaciones afectivas. No tienen por qué acceder a convertirse en abuela o abuelo "canguro" de forma permanente.
  • Respetar las pautas educativas que sus hijos proponen a los nietos, aunque no se esté totalmente de acuerdo con ellas.
  • No desautorizar a los padres delante de los nietos, aunque en privado puedan expresar sus discrepancias. Las opiniones de los abuelos siempre son una referencia útil para los padres, pero serán éstos quienes finalmente decidan cómo educar a los hijos.
  • Ser abuelo es la oportunidad para establecer con los nietos una relación privilegiada que tal vez no se pudo tener con los hijos. Es la ocasión para vivir lúdicamente con ellos, gratificándolos, pero sin pasarse, y consultándoles a ellos mismos si sus padres estarían de acuerdo en permitírselo. Se deben poner límites para que los nietos no se conviertan en tiranos.
  • Aprovechar cualquier momento para transmitir vivencias y recuerdos. No hay que temer ser pesados. Las personas mayores tienen como patrimonio el pasado y "las batallas del abuelo" aunque se repitan una y otra vez -porque las personas mayores no suelen llevar la cuenta del número de veces que dicen las cosas- son el recuerdo que quedará impregnado en las mentes de los nietos. Sobre todo quedará el cariño, la ilusión y la nostalgia con que se transmitieron las memorias.
  • Los abuelos pueden completar la educación que llevan a cabo los padres, pero nunca suplirla. Este es un riesgo que hoy en día se corre, dado que las circunstancias actuales obligan en muchos casos a que los abuelos o abuelas sean los cuidadores durante muchas horas de los nietos.

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