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Una de las experiencias que nos sumerge en una nueva etapa de nuestra vida es la de convertirnos en abuelas o abuelos, un momento vital para el que no siempre estamos preparados y al que no todo el mundo accede de la misma manera.
Hay quien experimenta una especie de sensación de decrepitud e involución, mientras otras personas sienten con el nuevo estatus un renacimiento de ilusiones dormidas.
Se trata de reconocerse en el nuevo estatus, y hay que ser consciente de que en ello intervendrá:
Permitir que ejerzan como abuelos con los nietos. Para ellos es "la segunda oportunidad" de hacer con los nietos lo que no hicieron con los hijos. Es bueno hacer la vista gorda cuando "malcrían" a los nietos concediéndoles algún capricho razonable y de manera esporádica.Ser abuelo o abuela es una oportunidad única para que surjan muchas vivencias positivas. Se pueden aprender nuevas formas de convivir entre las tres generaciones que han surgido dentro de la propia familia. Se puede aprovechar la ocasión que dan los nietos de estar en contacto con otras formas de vivir, de otros conocimientos, de otros puntos de vista que enriquecen a los mayores si están abiertos a los cambios y a las nuevas formas de vida. Por eso es tan importante que, mientras nos lo permita el ajetreo de la vida actual, se organicen reuniones familiares con cualquier excusa para estar juntos y disfrutar del placer de verse, escucharse y sentirse mutuamente. El mejor homenaje que se puede hacer a los abuelos es ofrecerles el placer de sentarse a una mesa con sus hijos y sus nietos. En ese escenario se plasman los resultados de historias personales muchas veces llenas de esfuerzos y dificultades. Es realmente satisfactorio poder ofrecer a los abuelos la posibilidad de que comprueben que su vida ha merecido la pena.
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