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Zonas peatonales: estudiadas 57 de las principales calles peatonales de 13 ciudades: Más de la mitad suspenden

Las infracciones a las restricciones para vehículos son frecuentes, en señalización y la accesibilidad fallan la mayoría y el equipamiento es escaso en muchas calles

Multas muy distintas según las ciudades

Las sanciones (mínimas, porque pueden ser mayores en determinados casos) por estacionar indebidamente en zona peatonal (dejando al margen el coste de la grúa) son muy distintas entre las ciudades estudiadas: la más fuerte es las que rige en A Coruña, 96 euros, seguida de Málaga, Barcelona y Almería (en torno a los 90 euros). Las más livianas son las de San Sebastián y Valencia (30 euros) y Vitoria (casi 46 euros).

En cuanto a las multas por circulación de vehículos no autorizados en zona peatonal, van desde los muy persuasivos 150 euros de Barcelona hasta los 30 euros de A Coruña y los 60 euros de Pamplona y Málaga. Son también onerosas las sanciones en San Sebastián, Bilbao (100 euros), Murcia (96 euros), Vitoria, Oviedo y Valencia (en torno a 90 euros).

Excepto en Málaga y A Coruña, la cuantía de las multas es superior cuando la infracción consiste en circular indebidamente en zonas peatonales que cuando se trata de estacionar en ellas. En Pamplona y Madrid la sanción es la misma en ambos casos (60 y 84 euros, respectivamente).

Naturalmente, el establecimiento de estas sanciones económicas ejerce un efecto disuasorio, pero tan importante como su implantación normativa es que los infractores sean multados cuando así procede.

El equipamiento de las zonas peatonales

 Un aspecto esencial es su correcto estado de limpieza y mantenimiento. Fue satisfactorio comprobar que sólo el 10% de las calles analizadas tenía el pavimento sucio (excrementos, basuras, papeles, desperdicios). Por otro lado, sólo en el 16% de las calles visitadas el pavimento presentaba irregularidades o baldosas y adoquines sueltos, o con agujeros que propician la formación de charcos, o que supongan un riesgo de caída para los peatones.

En cuanto a las papeleras, en 3 de cada 4 calles peatonales se encontraban en buen estado de uso, pero sólo en un 40% de las calles visitadas el número de papeleras era el adecuado. Otra cuestión importante (por seguridad y comodidad) es la iluminación: casi el 95% de las calles estudiadas cuenta con la suficiente, tal y como se pudo comprobar con la visita nocturna que se realizó a cada calle. Además, tres de cada cuatro de estas calles disponen de farolas específicas para las zonas peatonales, en su mayoría de estilo clásico (en los antiguos cascos) o de diseño moderno acorde con el resto del mobiliario urbano. También se agradece que las zonas peatonales cuenten con árboles, pero más de la mitad no los tienen, debido en algunos casos a la estrechez de ciertas calles, ubicadas mayoritariamente en los cascos antiguos de las ciudades. Se comprobó que prácticamente todos los árboles de estas calles se encontraban en buen estado de conservación. Sin embargo, tan sólo la mitad disponían de enrejados en su parte inferior para evitar tropiezos y facilitar la conservación del espacio en el que están plantados. Otra vez en positivo, se estimó que en casi el 90% de las calles con árboles el número de ellos era adecuado.

No todo es andar: de vez en cuando conviene descansar, y para ello los bancos son fundamentales. Lo malo es que el 56% de las calles peatonales visitadas no disponen de bancos y que en una de cada 8 de las que los tienen, algunos se veían sucios o deteriorados. Ahora bien, en todas las calles con bancos el número de ellos era suficiente. Al igual que con el resto del mobiliario urbano (excepto con papeleras y farolas, siempre imprescindibles), la inexistencia de bancos en algunas zonas peatonales puede disculparse por la carencia del espacio necesario para colocarlos de forma que no dificulten o entorpezcan el tránsito de los peatones.

Habrá quien piense que las jardineras con plantas o flores son un lujo innecesario en las ciudades, pero también quien argumente que aportan naturaleza, vida belleza y alegría a entorno urbano. Este informe estudió la situación al respecto en las zonas peatonales, y se comprobó que en la mitad de las calles visitadas no había jardineras, y que donde se veían, en la tercera parte de los casos su estado de conservación y mantenimiento no era el adecuado. Por otro lado, andar no sólo cansa sino que también da sed. A pesar de ello, tan sólo en el 23% de las calles peatonales estudiadas había fuentes de agua potable. Y de las que existen, una de cada 13 no funcionaba. Mucho peor lo tiene el ciudadano que desee dar respuesta a sus necesidades fisiológicas: sólo en una de las 57 calles peatonales se encontró un aseo público que, además, se encontraba fuera de servicio.

Por último, queda el apartado cultural y estético de las calles peatonales:
sólo en el 20% de las analizadas existía al menos una obra de arte, si bien todas se encontraban en perfecto estado de conservación.

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