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El 4 de octubre de 1957, Moscú sorprende al mundo entero con la puesta en órbita del Sputnik 1. Esa fecha histórica significó el comienzo de la era espacial, un periodo en el que la investigación y el desarrollo en sus más altas cotas de perfección y aplicación práctica son el eje de acción. Resulta sorprendente descubrir que muchos elementos que utilizamos en nuestra vida cotidiana proceden de los laboratorios ultramodernos de la NASA o la Agencia Espacial Rusa. Además de su eficacia y su alto grado de tecnología hasta en lo más sencillo, como en el velcro, estos inventos cuentan con una gran ventaja: en muchas ocasiones se trata de descubrimientos paralelos al objetivo final, con lo que carecen de patentes y de su uso se beneficia toda la humanidad.
Puede parecer una lista de anécdotas, pero herramientas y tejidos que hoy nos parecen tan domésticos y cotidianos se deben al ingenio de investigadores espaciales.
Algunas técnicas de desinfección usadas en los principales centros hospitalarios del mundo fueron pensadas para los vuelos al espacio.
Los trajes de los astronautas se elaboran en telas y fibras como la maylar, creadas a partir de un material aislante y flexible hecho de una combinación de metales y cerámica. Aislantes del frío y el calor, hoy las utilizan los corredores de Formula 1, los bomberos y los submarinistas... y cualquier persona que vista un forro polar, calcetines térmicos o un plumífero, o que use guantes y botas térmicas para la nieve. También se inventó el kevlar, un material plástico muy resistente con el que hoy se fabrican los neumáticos y los chalecos antibala.
Las zapatillas de deporte con sistema de aire a presión, que amortigua el impacto y dan estabilidad y flexibilidad al atleta, proceden de los zapatos inventados para permitir el movimiento del astronauta.
El tubo dental, tal y como lo conocemos ahora, se desarrolló para su uso en el espacio.
Los monitores cardiacos, que se utilizaron para controlar en tiempo real la salud de los astronautas, ahora son de uso cotidiano en todos los centros hospitalarios del mundo.
Las lentes de contacto con película antirrayado fueron desarrolladas para proteger de las radiaciones, entre ellas la ultravioleta, a los espejos y cámaras de los telescopios utilizados en el espacio.
El teflón, tan presente en las sartenes y la tapicería, que repele el agua, se inventó para cubrir la nave Saturno V.
El código de barras, presente hasta en el más pequeño objeto de consumo, fue originalmente desarrollado por la NASA para controlar los millones de piezas espaciales que fabricaban.Los avances médicos y farmacológicos están cada vez más ligados a la carrera espacial. Algunos experimentos no pueden realizarse en la Tierra y, por ello, cuando el transbordador espacial Columbia despegó en 1981, llevó al espacio más de 80 experimentos científicos de física fundamental, biología y seguridad contra el fuego. También en la Estación Espacial Internacional podrán surgir tratamientos o programas de prevención para patologías cardiovasculares, la osteoporosis, la retinopatía asociada a la diabetes y los cálculos renales.
Pero la novedad en la carrera espacial radica en el programa denominado Desarrollo de Productos del Espacio, concebido para estimular a las compañías privadas a emplear las misiones de los transbordadores y las instalaciones de la Estación como centros de investigación de nuevos productos.
Entre los experimentos financiados por el sector privado se encuentran el diseño de una nueva generación de sistemas de control de incendios, el cultivo de plantas en el espacio y la manipulación genética de especies vegetales. También la biociencia y sus potenciales usos en medicina forman parte de las misiones, que incluyen estudios de proteínas para su aplicación en el tratamiento de diversos tipos de cáncer y el desarrollo de un sistema de microencapsulación para las terapias oncológicas. Aunque esto es todavía futuro, ya hay numerosas compañías de muy distintos sectores que han tenido la oportunidad de beneficiarse del programa, incluso una empresa cosmética... y es que en el espacio, incluso las flores no huelen igual.
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