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Cañadas navarras, cabañeras aragonesas, cordeles y veredas castellanas... Las antiguas rutas de la trashumancia ganadera configuran una extensa red de vías pecuarias que atraviesan y recorren la Península Ibérica en unos 125.000 kilómetros de longitud, ocupando una superficie de 425.000 hectáreas. Las vías pecuarias son una especie de corredores ecológicos que se distribuyen por más de 40 provincias y que en la actualidad, además de servir para el tránsito de reses, se han convertido en sustento de otras prácticas de ocio en plena naturaleza. Se estima que casi el 40% de estos caminos han desaparecido en la actualidad. Ante el progresivo abandono de este patrimonio público, es necesario conocer el estado actual de estas vías y ofrecer alternativas de uso, compatibles con el aprovechamiento ganadero, que garanticen su recuperación y revitalización.
Su origen se remonta a los primitivos pastores nómadas y alcanza su esplendor con el desarrollo de la Mesta castellana (organización ganadera y económica) en los siglos XV y XVI. Tradicionalmente, los movimientos estacionales de rebaños en busca de pastos, la trashumancia, se realizaban a través de las cañadas que unían los pastos de verano en las montañas, con los de invierno situados en las áreas de clima más benigno de los valles. Históricamente, han sido frecuentes los conflictos en las cañadas por el paso de los rebaños junto a las propiedades agrícolas. Para evitar este tipo de disputas, se procedió a delimitar (deslindar y amojonar) las vías pecuarias, así como a reglamentar su uso. La red de vías pecuarias se complementaba con abrevaderos (pilones, arroyos o remansos de ríos donde el ganado bebía), descansaderos (zonas destinadas al descanso de animales y pastores) y majadas (lugares donde se pasaba la noche, el ganado recogido y los pastores con cobijo).
En la segunda mitad del siglo XX, la crisis de los sistemas ganaderos tradicionales y el abandono rural, junto a las numerosas agresiones a que han sido y son sometidas las cañadas, han agudizado su decadencia hasta extremos que hacen peligrar su integridad futura, y con ella la del patrimonio etnográfico, histórico y cultural asociado a las mismas.
Hay tres grandes sistemas de vías pecuarias
La central o segoviana, la occidental o leonesa y la oriental o de la Mancha. La segoviana era también conocida como andaluza o soriana. Las dos primeras penetran ampliamente en el territorio de la actual Comunidad de Madrid, una de las provincias de mayor densidad de vías pecuarias debido a su estratégica posición al sur del Sistema Central. Ambas poseen en la misma tramos muy importantes, obligadas como están a trasponer el Sistema Central por sus pasos naturales.
El régimen jurídico de las vías pecuarias consagra el carácter público de estos caminos, considerando la totalidad de los mismos como un legado histórico de interés capital y único en Europa. La legislación actual contempla que las comunidades autónomas deberán llevar a cabo su actuación respecto a las vías pecuarias de acuerdo con los siguientes fines:
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