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La calidad de un perfume se determina por la cantidad de esencia empleada en su elaboración
La historia del perfume discurre pareja a la de las civilizaciones que lo han incluido en su vida cotidiana. Atrás quedaron los tiempos en los que las más antiguas culturas utilizaban en sus ritos religiosos plantas aromáticas y resinas, y los días en los que el París exquisito de la corte del Rey Sol convirtió al perfume en el accesorio imprescindible del buen gusto. Poco a poco su carácter exclusivo fue democratizándose conforme lo hacía la sociedad. Hoy, en la era del consumo, los perfumes mueven cantidades astronómicas de dinero, constituyen una industria puntera en la investigación y el desarrollo, ligada a grandes marcas, y arrastran nombres míticos del mundo de la moda y la fama.
Hoy en día se siguen empleando técnicas antiguas como la maceración de flores en grasas animales purificadas y cocidas, que consigue una mezcla que se solidifica casi inmediatamente, a partir de la cual se elaboran las distintas esencias. Sin embargo, la elaboración de un perfume al por mayor precisa de adelantos científicos y técnicos que desarrollan fórmulas complejas y mecánicas en todo el proceso. Éste abarca desde la elección de materias primas y las técnicas de destilado, pasando por la profesionalidad olfativa de los perfumistas. La base de la gran mayoría de los perfumes son aceites esenciales extraídos desde las materias primas naturales mediante destilación. Con esta técnica se tratan flores, hojas, raíces, maderas... Las sustancias que llevan el olor son arrastradas en el vapor de agua y al tener la esencia y el agua distinta densidad, se separan fácilmente. Otros aceites más delicados, y con los que esta técnica no funciona, se extraen a través de disolventes volátiles. La planta de la que se va a extraer el aceite se pone en maceración, utilizando el disolvente apropiado (petróleo o benzol), la esencia queda disuelta y el disolvente se elimina por evaporación. Sea cual sea la fórmula, la mayoría de los perfumes están finalmente disueltos en varias formas de alcohol y contienen ingredientes para que la sustancia sea estable. La llegada al mercado del perfume en su envoltorio depende, pues, de su elaboración, pero lo que le importará al consumidor es la materia prima que provoca la nota predominante.
Según ésta se pueden clasificar los perfumes en tres grandes grupos:
La calidad de un perfume se determina por la cantidad de esencia empleada en la fórmula de su elaboración. Así, podemos hablar de extracto cuando la concentración de esencia alcanza el 40% en relación a la cantidad de alcohol. Esta fórmula, la más cara de todas, se presenta en forma de crema. Pero, sin duda, las formas líquidas del perfume son las más conocidas y utilizadas.
Eau de Parfum. La más alta concentración de fragancia presentada en formato líquido. Normalmente contiene hasta un 20% de ingredientes activos, aceites esenciales o fragantes. Su fragancia perdura hasta 7 horas.
Eau de Toilette. Presenta más o menos un 10% de aceites esenciales. Su olor en el cuerpo se mantiene entre 3 y 5 horas.
Eau de Cologne. Incluye aproximadamente un 5% de esencia. Su aroma aguanta aproximadamente 3 horas en el cuerpo.
Colonia. Es una forma muy ligera de perfume, con sólo 2-3% de concentración. Es la más utilizada por quienes gustan de aplicarse las fragancias generosamente, pero no dura más de dos horas en el cuerpo.
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