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La construcción de grandes presas, grupo al que pertenecen las que superan 15 metros de altura o almacenan más de 100.000 metros cúbicos, siempre ha sido motivo de polémica. Fuente de progreso y de reparto racional del agua según algunas personas, perjudiciales por su impacto medioambiental y los problemas de seguridad que pueden ocasionar según otras, la necesidad de estas grandes obras todavía se discute.
España, con 1.200 presas de esta envergadura, es el segundo país del mundo, después de Estados Unidos, con mayor número de ellas. La mitad de éstas tienen más de 40 años y, según algunas fuentes, el 80% no siguen las normas de la Instrucción para el Proyecto, Construcción y Explotación de Grandes Presas por los elevados costes económicos que supone hacerlo.
Los críticos dicen que estas presas se construyen sin evaluar su impacto negativo
La capacidad de los embalses españoles es de 53.000 millones de metros cúbicos, de los que se ocuparon el 65% en el año 2002. El llenado mayor tuvo lugar en las cuencas Norte (88%) y del Ebro (77%). Los pantanos de menor ocupación fueron los del Segura y Júcar, que apenas llegaron al 20% de su capacidad.
En alrededor de 140 países las grandes presas proporcionan energía hidroeléctrica, cuyo papel es fundamental para la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero, y aguas para riego, que bañan las tierras que suministran casi el 16% de los alimentos del mundo. Sin embargo, también han provocado la desaparición de bosques, de hábitats de rica fauna y de la biodiversidad acuática. Los contrarios a estos pantanos gigantes sostienen que para la construcción de la mayoría de ellos no se ha realizado una evaluación de su impacto negativo sobre las comunidades desplazadas y relocalizadas. Califican de superficiales e ineficaces los esfuerzos por mitigar los efectos imprevistos que sufren más de 80 millones de personas desplazadas y la pérdida de su medio de vida aguas abajo.
Según la Comisión Mundial de Presas, las grandes presas podrían desaparecer, pues se ha demostrado que construir minicentrales hidroeléctricas es más barato y permite una mejor gestión del agua, especialmente de los sistemas de irrigación.
La enorme presa de las Tres Gargantas, en el curso medio del río Yangtse, comenzó en junio a llenar su gran pantano. Cuando el embalse esté a su plena capacidad, en el año 2009 (17 años después de su inicio), será el tercer lago artificial del mundo, tras el de Asuán, en Egipto, y Zambeze, en Zambia. Ese año, la producción de la presa alcanzará los 18.200 millones de kilovatios por hora y su capacidad de 39,3 millones de metros cúbicos permitirá también regular el comportamiento de un río que, como el Nilo, está íntimamente unido a una civilización.
China ha convivido a lo largo de su historia con las inundaciones del Yangtse, su mayor río. En los últimos dos mil años, el Yangtse se ha desbordado de media una vez cada década. La contabilidad del siglo XX registra más de 300.000 muertos por esta causa y la pérdida de millones de casas.
La gran presa acabará con esto, pero sus críticos citan numerosos perjuicios medioambientales, sin contar el millón de desplazados que ha generado, el enorme gasto (casi 22.000 millones de euros) y la desaparición, bajo las aguas, de 140 núcleos urbanos.
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