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Los datos, informaciones, interpretaciones y calificaciones que aparecen en esta información corresponden exclusivamente al momento en que se realizaron y tienen, por tanto, una vigencia limitada.

Productos contra la obesidad y la calvicie: Muchas farmacias venden productos milagro y apenas informan

El 96% de ellas despachan productos anti-obesidad y anti-calvicie sin solicitar el diagnóstico médico previo.

  La obesidad y la caída del cabello, aun siendo problemas bien distintos (el primero está relacionado con la salud y puede convertirse en enfermedad, mientras que la calvicie no) tienen dos cosas en común: afectan a la imagen estética del afectado e incluso a su autoestima; y dos, son muy difíciles de resolver. Superar la obesidad requiere casi siempre cambiar de modo permanente una dieta inadecuada y realizar más ejercicio físico y, mal que pese a muchos, todavía no hay soluciones rápidas contra el exceso de peso que resulten saludables y duraderas; y, hasta el momento, la investigación científica no sólo no ha dado con un producto que promueva - en todos o, al menos, en la mayoría de los casos- el crecimiento del pelo, sino que tampoco ha conseguido garantizar que su caída se detenga definitivamente y sin que ello reporte efectos secundarios. Ante esta doble coyuntura (problemas percibidos como importantes por muchas personas, e inexistencia de soluciones eficaces, contrastadas científicamente, estandarizadas y fiables), el mercado ofrece a los consumidores una enorme diversidad de productos relacionados con la obesidad y la caída del cabello que prometen mucho y consiguen poco, y que, además, en algunos casos pueden perjudicar nuestra salud.

Para perder peso hay dos medios, ingerir menos calorías y quemar más calorías

Lo primero que debemos saber es que, en ambos casos, las soluciones radicales o milagrosas no existen, y que lo acertado es acudir al médico especialista para que, estudiando nuestras circunstancias específicas, nos sugiera lo que debemos hacer. Ir directamente a la farmacia en busca de una solución es un error, por una triple razón: el farmacéutico -si no lo pregunta- ignora nuestro diagnóstico e historial médico, así como nuestros hábitos de vida y circunstancias particulares, por lo que se puede equivocar y dispensarnos productos inadecuados para nuestro organismo; dos, en las farmacias abundan los productos milagro que, aunque puedan guardar alguna relación con nuestro problema y no ser perjudiciales, no contienen principios activos para resolverlo; y tres, algunas farmacias venden productos anti-obesidad y anti-calvicie sin informar suficientemente al usuario sobre sus características principales: indicaciones, contraindicaciones, efectos secundarios, etc.

Técnicos de CONSUMER visitaron el pasado mes de mayo, sin presentarse como tales y actuando como un cliente más, un total de 192 farmacias en 13 ciudades -Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Málaga, Zaragoza, San Sebastián, A Coruña, Murcia, Vitoria, Almería, Santander, Pamplona - solicitando productos que resolvieran estos dos problemas y comprobaron que el 96% de ellas despachan productos anti-obesidad y anti-calvicie sin solicitar el diagnóstico médico previo. Además, el 53% de los boticarios los vendía sin ofrecer al cliente la información y los consejos necesarios para su uso correcto. Por último, en el 44% de las farmacias visitadas se comercializaban "productos milagro", que ni son medicamentos ni aportan una eficacia científicamente demostrada para resolver el problema que dicen tratar y que basan su "gancho" en unas promesas publicitarias engañosas dado que no consiguen el efecto que el usuario espera al consumirlos.

Cómo se hizo el estudio

Los técnicos de CONSUMER que visitaron las farmacias pidieron a quienes las atendían "un producto adelgazante para bajar rápidamente de peso" y otro "que haga crecer el pelo o que, al menos, sirva para evitar la caída del cabello que aún me queda". No se solicitaron artículos con su marca o denominación comercial, simplemente se requería el remedio farmacéutico para un problema. Lo más correcto, en ambos casos, hubiera sido que el farmacéutico no dispensara producto alguno y enviara al cliente al médico especialista. Una opción menos elogiable, pero mejor que otras, es que el farmacéutico preguntara al cliente cuestiones específicas relacionadas con su problema, para así poder ofrecer el producto más adecuado para esa persona en concreto. En cada visita, se anotó la actitud del farmacéutico y sus respuestas ante las numerosas preguntas del cliente, que era un técnico de esta revista. Además, se tuvo en cuenta el grado de conocimiento del farmacéutico sobre los productos que ofrecía y, especialmente, sobre sus posibles efectos secundarios. En los métodos supuestamente adelgazantes, se valoró si se aconsejaba la visita al especialista o no, y si se preguntaba por nuestra dieta, índice de masa corporal (IMC) o hábitos de vida. En lo que atañe a los productos para evitar la caída del cabello se comprobó si se aconsejaba acudir al especialista (médico dermatólogo), si se preguntaba por nuestra dieta y hábitos de vida, por el tiempo que hacía que habíamos comenzado a notar la pérdida de cabello y por la cantidad de pelo que perdíamos. En definitiva, se evaluó si el farmacéutico trataba de indagar en la causa de nuestro problema, para así proponer el mejor producto posible.

En todas las farmacias se comprobó asimismo si se nos aconsejaba realizar un diagnóstico médico antes de despacharnos el producto, si ofrecían productos milagro (no son medicamentos, sus indicaciones no se corresponden con las solicitadas y prometen efectos terapéuticos que no pueden conseguir). Y, por último, se contrastó si las farmacias que vendían productos anti-obesidad y anti-calvicie ofrecían información adecuada al cliente sobre su eficacia, limitaciones y posibles efectos secundarios.

La realidad difiere de una ciudad a otra

Las ciudades en que una mayor proporción de farmacéuticos (aunque sólo fuera el 12%) mostró una actitud ejemplar (no vender el producto anti-obesidad o anti-calvicie, y recomendar la visita previa al especialista médico) fueron Almería y A Coruña. En segundo lugar, se encuentran las de Bilbao (10%), Málaga y Barcelona (8%, ambas). En las otras 8 ciudades, todas las farmacias vendieron directamente al menos uno de estos productos.

Si un producto nos ofrece soluciones rápidas y milagrosas, debemos desconfiar

Por otro lado, San Sebastián fue la ciudad en cuyas farmacias se ofrecieron en mayor proporción (el 75% de las visitadas) productos milagro relacionados con estos dos problemas. Le siguen las de Valencia, con un 59%, y con un 50% aparecen las de Pamplona, Vitoria, Madrid y Almería. Las ciudades en cuyas farmacias se ha anotado una menor oferta de estos productos milagro fueron Santander y Murcia, donde sólo una de cada cuatro disponían de ellos. En Bilbao los tenían sólo en el 30% y en Málaga en un 34%.

La importancia de la información

Si, como se ha comprobado, la mayor parte de las farmacias no exige al cliente la opinión previa del médico para despachar productos anti-obesidad y anti-calvicie, parece imprescindible que los farmacéuticos provean al usuario de la información pertinente sobre el producto que ofrecen: qué son, para qué sirven y qué limitaciones, contraindicaciones o posibles efectos secundarios tienen. Sólo el 47% de las farmacias dispuestas a vender estos productos lo hicieron proporcionando al cliente esta información tan necesaria. En Pamplona, todos los farmacéuticos visitados los vendían sin informar con un mínimo detalle sobre los productos. A continuación se sitúan las farmacias de Vitoria y Murcia con un 88% y un 79%, respectivamente. Como comportamiento modélico, puede destacarse el de los farmacéuticos de Bilbao: en ningún establecimiento se olvidaron de comunicar estas informaciones. En segundo lugar encontramos a Valencia, donde sólo un 9% los despachaba sin los consejos adecuados. En tercer lugar se sitúa A Coruña, con un 25%, y le siguen Zaragoza, Málaga y Almería con un 50%. En la zona media figuran San Sebastián y Santander, con el 60% y el 63%, respectivamente.

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