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Migrañas o jaquecas: De evolución imprevisible

Hay tratamientos preventivos de fondo para prevenir las crisis cuando éstas son muy frecuentes o intensas

  La cefalea o dolor de cabeza representa una de las formas más comunes de dolor en la raza humana. Afecta al 93% de los hombres y al 99% de las mujeres por lo menos una vez en la vida y es motivo del 5% de las consultas de los médicos de asistencia primaria y el más frecuente entre las consultas de los neurólogos. Pese a ser un problema cotidiano, en ocasiones plantea problemas de diagnóstico y de tratamiento, si bien la gran mayoría de las cefaleas pueden ser detectadas exclusivamente mediante un completo historial clínico, es decir, analizando los síntomas, cómo son, cuándo se presentan, con qué frecuencia, qué factores la desencadenan...

Síntomas muy variables

La cefalea no es una enfermedad, es un síntoma que se caracteriza por dolor o sensación desagradable en la región de la bóveda craneal. El dolor puede ser muy tolerable, tan leve que no origine más que un pequeño fastidio o tan severo que incapacite temporalmente a una persona. Puede durar un rato o persistir durante horas o días; aparecer muy de vez en cuando o repetirse casi diariamente. Es, por tanto, un dolor muy cambiante, y precisamente por esta variabilidad en su presentación, localización, intensidad y en las causas que lo producen se han realizado tantas clasificaciones sobre un síntoma tan aparentemente simple como un dolor de cabeza. La más utilizada es la que en 1988 elaboró la Sociedad Internacional para el Estudio de la Cefalea que, en líneas generales, distingue cuatro grandes grupos: la migraña, la cefalea tensional, la cefalea en racimos y otras asociadas a procesos diversos de índole inflamatoria, tóxica, medicamentosa, tumoral, vascular... De las cefaleas crónicas, persistentes o repetitivas, las más frecuentes son las migrañas y las cefaleas de tensión, que representan aproximadamente el 90% de todas las cefaleas crónicas.

Migraña o jaqueca

Descrita ya en la antigüedad y mencionada en los anales sumerios 4.000 años a.c., la migraña o jaqueca se puede definir como un trastorno con base hereditaria, que se caracteriza por episodios recurrentes de dolor de cabeza. Aunque se localiza inicialmente en un lado del cráneo, se generaliza posteriormente y es frecuente que se acompañe de manifestaciones digestivas como nauseas y vómitos, así como de sensación de abatimiento y malestar general. El dolor de la migraña suele ser intenso y pulsátil (golpes que se perciben en la frente, sienes, mandíbulas, oídos y alrededor de los ojos). En un 25% de los casos es típica, 10 ó 30 minutos antes de la crisis, la aparición de aura (alteraciones visuales como centelleos, manchas negras en el campo visual, imágenes de líneas en zig-zag, fogonazos luminosos, hormigueos en la cara...). El dolor de cabeza se intensifica con los movimientos bruscos de cabeza, tos, estornudos y esfuerzos físicos. La crisis dura de 4 a 72 horas.

Más frecuente en mujeres jóvenes

Ejercicio físico, relajación y una dieta saludable ayudan a controlar la migraña

A pesar de que ambos sexos se ven afectados por la migraña, es más frecuente en mujeres jóvenes, y aunque en la infancia pueden presentarse crisis, lo más común es que el trastorno comience entre los 10 y los 35 años. La relación es de 5 mujeres por 1 hombre. La migraña suele iniciarse en la adolescencia o en la infancia. El niño migrañoso es muy propenso a marearse en el coche y en algunos casos se han descrito crisis de sonambulismo. La evolución de la migraña suele ser tender a la cronicidad, si bien en algunos casos las crisis desaparecen o se hacen muy esporádicas, mientras que en otros las crisis se hacen muy frecuentes y por temporadas pueden ser diarias. No hay nada que permita conocer con seguridad cual va a ser la evolución. Las crisis se presentan con frecuencia muy particular en cada persona.

Tratamiento de las migrañas

Aunque todas tienen en común el dolor, las migrañas difieren notablemente de una persona a otra en su intensidad, frecuencia y factores desencadenantes, por lo que el tratamiento debe ser personalizado. No obstante, se pueden hacer unas recomendaciones comunes:

  • Llevar una vida sana: además del sueño y descanso regular, el ejercicio físico moderado es conveniente. Se han de evitar el estrés -o combatirlo con relajación- y los ayunos prolongados.
  • Identificados los factores desencadenantes, se deben evitar en la medida de lo posible.
  • Respecto a los desencadenantes dietéticos antes mencionados, no afectan a todos por igual y no lo hacen siempre, por lo que no hay que ser muy restrictivos en las dietas.
  • No automedicarse en las crisis agudas ni tomar analgésicos en exceso pensando que nos van a ayudar.

Combatir la crisis aguda

  Lo mejor es retirarse a una habitación poco iluminada y silenciosa, e intentar conciliar el sueño. En ocasiones esto es suficiente para que la crisis desparezca, pero en otras hay que recurrir al tratamiento medicamentoso: el tartrato de ergotamina combinado con paracetamol y codeína suele ser muy eficaz (hay que administrarlo en forma de supositorios cuando hay nauseas y vómitos). También los triptanes son muy eficaces, ya que actúan sobre los receptores de la serotonina. Pero tanto la ergotamina como los triptanes son vasoconstrictores, por lo que hipertensos y cardiopatas deben de ser muy cautos con su administración, que siempre será bajo indicación y control médico. Cuanto más precozmente se administre más efectivo es el medicamento, por ello en los casos de crisis con aura se administraran en cuanto aparezcan los primeros síntomas. Su efecto disminuye cuando la crisis está ya avanzada y los procesos arteriales y neuroquímicos en marcha. Si hay nauseas y vómitos, hay que tomar también antieméticos para eliminarlos.

Prevenir los episodios de jaquecas

El tratamiento preventivo de fondo se utiliza para prevenir las crisis cuando éstas son muy frecuentes o intensas. Hay muchas alternativas, pues ninguna de ellas es eficaz en todos los casos. Se han probado betabloqueantes, antagonistas del calcio, antiserotonínicos, antidepresivos tricíclicos e inhibidores de la recaptación de la serotonina, antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), algunos antiepilépticos...

Actualmente se utilizan la flunarizina, la amitriptilina y el propanolol, con los que se han conseguido buenos resultados. Por lo general se administran en monoterapia durante un periodo de tres a seis meses. Pero si el tratamiento farmacológico es importante, no hay duda de que el estilo de vida deviene fundamental. Deporte, relajación, dieta sana y equilibrio emocional, son pilares básicos para el control de la migraña.

Factores desencadenantes de la migraña

  • La relación entre hormonas femeninas y migraña no está clara, pero hay indicios que permiten sospecharla: muchas mujeres presentan crisis con la menstruación y la ovulación, mientras que desaparecen con el embarazo. Algunas sufren la primera crisis después de la menopausia; por el contrario otras, las que habían padecido migrañas antes de la menopausia, dejan de tenerlas. Tampoco están claros los efectos de los anticonceptivos orales en la migraña y en otras cefaleas, aunque hay muchas mujeres que empeoran con su toma y cuyas crisis se hacen más frecuentes e intensas.
  • El estrés y la ansiedad, sea por problemas laborales, familiares o de otra índole, también generan jaquecas en muchas personas.
  • El ejercicio físico intenso puede desencadenar migrañas.
  • La falta de sueño o exceso del mismo no son convenientes: dormir 7-8 horas y acostarse y levantarse a la misma hora ayudan a prevenir las crisis. Algunas personas sufren migrañas los días festivos, en los que es habitual permanecer más horas en la cama (migraña del fin de semana).
  • La ingesta de alcohol, especialmente de vino tinto o cavas, es nefasta para algunos jaquecosos.
  • Algunos alimentos, como chocolate, huevos, yogurt, nueces, habas, pescado ahumado, frutas ácidas y, especialmente, salsas que contienen glutamato monosódico (salsa china y otras), tiramina (presente en quesos fermentados y curados) y nitritos y nitratos (en las carnes en conserva, perritos calientes...) pueden ser desencadenantes de crisis, así como el ayuno prolongado y la consiguiente bajada de la glucemia.
  • La exposición prolongada al sol.
  • El exceso de tabaco.
  • El ruido, ambientes cargados, luces, focos y luminosos centelleantes, también pueden desencadenar una crisis.

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