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Elvira Andrés, directora artística del Ballet Nacional: "La danza es arte, no tiene nada que ver con la moda"

  Platón consideró el arte como el idioma que todas las personas pueden entender. Desde hace siglos, diversas corrientes de pensamiento han intentado delimitar las expresiones de la emoción humana que merecen entronizarse como "arte". Y si bien las clasificaciones pergeñadas a lo largo de la historia atienden a criterios dispares, la danza siempre mereció un lugar en el olimpo de las siete "bellas artes", al lado de la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la literatura y el teatro. Sin embargo, y lo dice la directora artística del Ballet Nacional de España, "a la danza se le hace poquísimo caso".

Elvira Andrés ingresó en el Ballet Nacional en 1978, el mismo año en que éste comenzó su andadura bajo la dirección de Antonio Gades. En sólo dos años, Elvira llegó a solista del Ballet Nacional. Siempre inquieta, participó en la génesis del Grupo Independiente de Artistas de la Danza (GIAD) y en el rodaje de Bodas de Sangre, film de Saura. Y fundó, junto a bailarines como Merche Esmeralda, José Granero y José Antonio, el Ballet Español de Madrid, en el que trabajó desde 1982 hasta 1987, año de su disolución.

Como bailarina, realizó giras por todo el mundo y ganó importantes galardones, entre ellos el premio de coreografía del Certamen de Danza Española y Flamenco, por su montaje Mujeres. Hace ahora dos años, el Ministerio de Cultura, a propuesta del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música, la nombró Directora Artística del Ballet Nacional. Uno de los retos que se marcó entonces Elvira Andrés fue "impulsar la danza sin caer en populismos ni modas", y bajo esta premisa celebra las bodas de plata de la compañía. La sesión fotográfica se realizó en los camerinos de maquillaje del Teatro Real de Madrid, donde el Ballet Nacional abrió la temporada de la celebración de su onomástica.

Este mes se entregan los premios APDE, equiparable a los Goya en la Danza pero, a diferencia de lo que ocurre con el cine, la repercusión mediática será mínima. ¿Qué pasa con el ballet para que continúe siendo el ilustre desconocido de las bellas artes?

A la danza se le hace menos caso del que merece, y obtiene de su trabajo menos eco del que le corresponde si tenemos en cuenta la actividad que desarrolla y el número de propuestas que ofrece al ciudadano.

¿Son suficientes veinticinco años para que una compañía de danza tenga su propia identidad?

Si nos comparamos con otras compañías nacionales mucho más antiguas, nuestra juventud es patente, pero hemos fijado las características propias de este tipo de agrupación y nos hemos convertido en el buque insignia de la danza en nuestro país. Además, las compañías nacionales de danza son instituciones que estudian, mantienen y crean coreografías. Celebrar las bodas de plata es una bonita circunstancia para reflexionar sobre la labor realizada. Hoy, el Ballet Nacional se ha convertido en la compañía que aglutina la totalidad de los lenguajes de diferentes autores. Esta idea se comprenderá mejor si se compara con la actividad de una compañía privada, que persigue transmitir un lenguaje concreto, el de esa compañía o el de su creador. Aquí esto no sucede, el Ballet Nacional procura un espacio para todas las corrientes de la danza española.

Hablamos de danza española, pero ¿a qué nos estamos refiriendo con este término?

 Su pregunta es reflejo la ignorancia general que hay sobre esta expresión artística. Es cierto que el flamenco vive un momento de popularidad, pero la danza española no es sólo flamenco. Es Fuenteovejuna, donde existe una mezcla de riqueza de cultura recuperada con la danza clásica. Es la escuela bolera de Medea con guión de Miguel Narros y coreografía de José Granero; es Danza y tronío de Mariemma, una obra maestra que sólo se representa en el Ballet Nacional. Recuperar, proyectar y dar a conocer toda la riqueza de la danza española, de toda ella y no sólo del flamenco, es nuestro objetivo.

Una tarea que pasa bastante desapercibida para el ciudadano común.

Insisto, los medios de comunicación nos hacen muy poco caso. Apenas se hacen eco a nivel nacional de las representaciones en ciudades que no sean Madrid o Barcelona. O, a nivel internacional, raras veces se habla de algo que no sea política, deporte y, en todo caso, cine. El Ballet Nacional simultanea espectáculos en Alicante, Bilbao y en el Teatro Real de Madrid.

¿El foro del teatro requiere, para la danza, características especiales?

No, necesita una dimensión mínima, y son muchos los teatros que la ofrecen. Además, se estudia el escenario y se adapta el programa a sus dimensiones. La danza no trabaja sólo en teatros de ópera.

En algunos de estos teatros, al ser el aforo de abono, se ven con frecuencia asientos vacíos cuando el programa es de danza.

Tristemente, es así. Y aunque nuestra compañía, al ser pública, no tiene el objetivo prioritario de la rentabilidad, debemos cumplir la misión de mimar el arte con presupuestos más amplios que una privada, pero que deben mantener el equilibrio. Además, incluimos giras en el extranjero, necesarias para realizar nuestra misión de embajadores del arte de nuestro país.

Una partitura musical o un libreto de ópera quedan escritos, con lo que años e incluso siglos después, pueden reproducirse tal y como el autor los pensó. Pero, ¿cómo se lega a los artistas del futuro una coreografía?

A la danza se le hace menos caso del que merece. Apenas tiene eco en los medios de comunicación

Conservar, transmitir y reinterpretar las creaciones de ballet ha sido un problema al que se hizo frente con la aparición del vídeo. Algunos coreógrafos desarrollaron su propio sistema de apuntes, pero el lenguaje de la danza no se puede trasladar a un documento escrito. Se han perdido, por ello, coreografías únicas de las que apenas quedan algunas notas. Hoy, poder filmar la representación, los ensayos y el proceso de aprendizaje de los pasos, nos permite la perdurabilidad. Junto a las imágenes, se archivan las anotaciones del coreógrafo.

Cuando se habla del duende de los bailarines, ¿se hace referencia a un don natural o a una forma de interpretar que puede aprenderse?

Vayamos por partes. El esfuerzo de un bailarín es enorme y su carrera muy larga, como la de cualquier persona dedicada a un arte en el que el sacrificio y el estudio son constantes y muy exigentes, pero tampoco hay que mitificarlo. El primer requisito para ser bailarín es amar mucho la danza, y el segundo, desarrollar las facultades que precisa este arte. La danza pone en contra del ejecutor a su propio cuerpo, que va a posibilitarle que sea o no bailarín. Para ser un bailarín ejecutante es imprescindible contar con facultades físicas concretas, y una de ellas es la fuerza. Después, se desarrolla un agudo sentido musical, aunque no estamos obligados a saber leer música. Un bailarín sigue la música de oído, la interpreta. Y después está el duende: la capacidad de comunicar a través de la danza, de hacer arte.

Habla de la importancia del cuerpo. ¿Cómo afrontan los bailarines una lesión?

Los bailarines son físicamente muy duros. Aunque en el escenario todo parezca frágil y sus movimientos trasmitan sensibilidad, los bailarines son casi atletas. Se han mitificado las lesiones, que pueden ser horrorosas, pero con mucho esfuerzo y si la lesión no es irreversible, se puede recuperar la máquina.

¿Cómo se llega a ser primer bailarín?

La pregunta correcta sería cómo se debe llegar, porque a veces se trazan caminos extraños. Lo deseable es que el bailarín complete sus estudios y se integre en el cuerpo de baile, donde despuntan los mejores. Poco a poco, encuentra la oportunidad de desarrollar su danza con un cariz individual, lo que le puede convertir en solista. De los solistas, el mejor será el primer bailarín. Y sólo unos pocos de los primeros bailarines llegarán a convertirse estrellas.

A la hora del retiro, algunas estrellas de la danza se hacen coreógrafos o directores de una compañía, como es su caso.

Cuando se ha trabajado con muchos coreógrafos y se ha interpretado muchas obras, te llega el momento de querer expresarte y se te despierta la inquietud de comunicar a través de un lenguaje creado por ti misma. Primero sientes el deseo de crear, y ese es el paso anterior a llegar a la dirección o a ser coreógrafa.

La ruptura con el ballet clásico acabó con el romanticismo y los tutús y con una visión algo arcaica y cursi de la danza. Nace entonces, hace ya décadas, la danza contemporánea. ¿En qué momento de la evolución nos hallamos ahora?

Como sucedió con otras artes, las vanguardias rompieron con lo instaurado y dieron un giro. Desde entonces, se ha avanzado en esa línea pero ahora no hay vanguardia, vivimos una época de tránsito y creo que algo va a ocurrir porque se están buscando nuevos lenguajes. Mientras, triunfa la comercialidad, la mal entendida modernidad, una corriente que lleva a centrar la creatividad en una marca famosa, en un glamour mal entendido y supeditado a corrientes.


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