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Miguel Zugaza, director del Museo del Prado: "Los museos han de liderar la promoción del conocimiento del arte"

  Miguel Zugaza, director del museo por antonomasia en nuestro país, nos recibe en la fastuosa sala del Patronato del Museo del Prado y se inclina preferentemente por esas respuestas rápidas, concretas y concisas tan propias de los ejecutivos con agenda muy apretada, lo que no obsta para que se vuelvan amplias y entusiastas cuando las preguntas afectan al arte y a su divulgación.

Cuando a primeros de 2002 fue nombrado director general del Museo del Prado, asumió la labor de culminar el tan ambicioso como polémico proyecto de reforma del museo, iniciado hace ya seis años. Licenciado en Geografía e Historia por la Complutense de Madrid, se doctoró en Arte Contemporáneo. Desde 1994 hasta 1996 fue subdirector general del Museo Reina Sofía de Madrid, participando en la remodelación de la colección permanente y en el programa de exposiciones temporales. Y entre 1996 y 2002 ejerció la Dirección del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Para este vizcaíno de carrera profesional meteórica, el museo es un lugar de encuentro entre la sensibilidad individual del visitante y las obras de arte. De ahí que, en su opinión, la misión del museo no sea otra que promover y procurar esa experiencia.

Expertos en arte han opinado que 'el perfecto director de un museo' debe perseguir la independencia en el desarrollo de su cargo y la continuidad en su labor. ¿En qué cree que se basa la importancia de estos objetivos?

La dirección de los museos precisa de una doble condición: debe mantener un diálogo fluido con el mundo académico y con los historiadores del arte, al tiempo que es responsable de la gestión, y eso le lleva a implicarse en el ámbito de los recursos humanos y las acciones comerciales. Reunir esas dos condiciones es difícil y en décadas anteriores no se entendía así. Pero pertenezco a una generación de historiadores del arte que han trabajado en los museos, y que si bien están inmersos en el mundo académico y artístico no han perdido de vista la necesidad de especializarse en la dirección empresarial. Creo que represento la unión de ambos aspectos: el conocimiento de la historia del arte y la gestión de los recursos.

El Prado es una referencia artística y cultural de alcance mundial, y la expresión museística española por excelencia; sin embargo, ahora debe rivalizar dentro y fuera de nuestras fronteras con y atractivos centros de reclamo cultural y turístico. ¿Está preparado para competir en estas nuevas coordenadas?

La clave para hacer de El Prado un centro moderno y acorde a las exigencias actuales es finalizar el proceso de instauración del nuevo museo, un proyecto que lleva ocupando muchos años de trabajo y cuya culminación está prevista para principios de 2004. En concreto, se trata de completar la ampliación y la construcción de nuevas salas con el objetivo de ser no sólo pinacotecas sino espacios de exposición y conferencias. Este ha sido el elemento tractor de la reforma, que se ha efectuado bajo la dirección del Patronato dotándole de un nuevo marco jurídico y administrativo sin dejar de ser una institución pública.

¿Cómo se establece el precio de la entrada a un museo como El Prado? En un tiempo no demasiado lejano, la visita era gratuita para los usuarios.

La gesitón del museo y la mejora de servicios exige que, además de la Administración pública, también el usuario contribuya económicamente

No cobrar entrada simplificaría la organización. Y en El Prado, que es una institución pública, permitiría una relación completamente abierta con el público. Pero la gestión del museo y la mejora y calidad de sus servicios exige que además de la Administración, también los usuarios contribuyan. La taquilla es una de las fuentes de ingresos más importante, y son pocas las vías de financiación con las que contamos, por lo que no podemos prescindir de ninguna. De cualquier forma, El Prado, no siendo gratuito, ha mantenido sus tarifas y ofrece distintas modalidades, como el abono de museos estatales o los carnés de estudio y amigos, que facilitan a quienes acuden muy a menudo hacerlo sin que el gasto sea un obstáculo. Además, como en otros museos públicos europeos, el acceso es gratis los domingos.

Se suceden exposiciones con la intención de promover el acceso al arte a todo tipo de público. Sin embargo, para admirar y entender determinados movimientos artísticos se antoja imprescindible un cierto nivel cultural ¿Cómo se conjuga ese acercamiento popular al museo con la dificultad de disfrutar del arte y comprenderlo?

Los museos tienen mucha responsabilidad en la educación de la historia del arte, y si lo que presentan públicamente es un patrimonio común, han de multiplicar los esfuerzos para crear recursos adecuados para que todo tipo de público encuentre los medios de aproximación a lo que el museo contiene. En El Prado, lo que guarda y muestra es historia del arte y una gran concentración de cultura. Por ello, entre sus objetivos figura desarrollar un programa de educación, y no sólo en su aspecto activo y dinámico sino también especializándose en los diversos tipos de público. La falta de cultura artística es un problema educativo cuya responsabilidad no recae sólo en los museos, pero nosotros hemos de liderar la promoción del conocimiento del arte porque tenemos el instrumento principal: el arte en sí mismo. A nosotros nos resulta más fácil que al sistema educativo trasladar estos conocimientos, pero El Prado siempre ha estado limitado por la carencia de espacios donde desarrollar actividades de formación. Se han hecho cosas, pero no han adquirido la dimensión necesaria; de ahí la importancia de la ampliación.

¿Debe el museo impulsar corrientes artísticas y convertirse en mecenas de talentos artísticos o su función ha de limitarse a exponer su colección, a ser una mera pinacoteca?

Este museo no promueve nuevos valores, porque muestra arte moderno pero no contemporáneo. De todos modos, nos interesa mucho saber lo que piensan los creadores actuales sobre nuestras actividades. No nos limitamos a nuestra visión como historiadores: los artistas nos ayudan a contemplar los proyectos y exponer las colecciones de otra manera. Pero no hablamos sólo de artistas plásticos. Escuchamos a literatos, músicos o arquitectos que puedan ofrecernos una visión diferente. De esta, forma logramos mantener vinculado el museo a la actualidad.

Y en el caso de artistas plásticos actuales. ¿Terminará acogiendo sus obras?

El visitante del museo ha de aspirar a vivir una experiencia sensible

El Prado seguirá sumando pintura, alimentando la historia del arte español. Durante el siglo XX, asumió las colecciones del siglo XIX y de las primeras décadas del XX. Este no es un museo de arqueología, es de historia del arte; por tanto, procura aumentar su colección y consolidar su valor histórico y artístico.

¿Cómo se convierte el público en dueño ocasional de esa obra?

El público que visita un museo debe buscar una experiencia con el arte. Puede querer recibir conocimientos, pero ha de aspirar a lograr una experiencia sensible. Lo que se celebra en el museo es una relación íntima entre un espectador y una sensibilidad concreta ante una obra, en nuestro caso una pintura. Este es el gran acontecimiento que el museo ofrece: provoca una experiencia emocionante. Cuando se organizan visitas, tratamos de que la gente pase por una especie de barrido de imágenes, que contemple las grandes obras, todas ellas, el catálogo. Bien, puede existir, y existe, ese espectador que lo que quiere es haber permanecido delante de una imagen célebre. Pero el museo aspira a retener una atención particular, que mirando un cuadro logre una vivencia privada y extraordinaria. Miquel Barceló cuenta que cuando en un museo se topa con un espectador que contempla la misma obra durante más de 10 minutos, le vienen ganas de abrazarle. Esa debe ser nuestra misión, conseguir el encuentro entre el espectador y la obra. Pero la gente tiene poco tiempo y una gran necesidad de ver y no perderse obras importantes de la colección. Nuestro trabajo en el ámbito de la educación debe encaminarse a despertar la sensibilidad, aunque somos conscientes de que en esta época el usuario busca acumular experiencias.

Invítenos a recorrer El Prado. ¿Qué ruta nos recomendaría seguir?

Si nunca ha visitado el Museo, le propondría un grupo de diez obras a lo largo de todas las salas, que permitiera comprender un poco el conjunto artístico que se pueden encontrar. No serían necesariamente las obras maestras de El Greco, Goya o Velázquez. Debemos entender que no no es en un museo enciclopédico, por lo que está permitido buscar y encontrar lo que nos guste.

En enero de 2000, los técnicos de la revista CONSUMER realizaron un análisis en profundidad sobre los 18 mejores museos de Bellas Artes de España. El estudio se fijó en aspectos muy distintos de los artísticos: la infraestructura del edificio, los servicios (cafetería, teléfono público, asistencia sanitaria, parking,...), la información gratuita disponible sobre las obras expuestas, los precios de la entrada, la seguridad y el estado de limpieza y conservación de las instalaciones. El mejor valorado fue precisamente el Museo de El Prado, pero se anotaban como aspectos a mejorar la escasa información, en el folleto y en algunas obras. ¿Qué opinión le merece este diagnóstico?

Fueron muy generosos en su valoración, creo que la ampliación es imprescindible, y tiene como objetivo resolver su función de servicio público. Incluye los fallos de infraestructuras.


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