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Los celíacos no deben medicarse pero sí controlar todo lo que ingieren
La celiaquía, también llamada intolerancia al gluten, es una enfermedad intestinal crónica y relativamente común, debida a la mala absorción de alimentos con glúten -una proteína presente en harina, trigo...-. Esta patología, que según la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) afecta a uno de cada 200/300 nacidos, es el proceso crónico digestivo más frecuente en nuestro país, pero está infradiagnosticado: se calcula que menos de una cuarta parte se los pacientes celíacos saben que sufren la enfermedad. Las personas que padecen esta enfermedad no pueden consumir ningún alimento que contenga harina de trigo, cebada, centeno, avena y malta, pues la ingesta de alimentos con gluten les produce una lesión progresiva en las vellosidades del intestino encargadas de absorber los nutrientes de los alimentos y pasarlos al organismo. Como el gluten daña a estas vellosidades, los enfermos celíacos están mal nutridos y padecen diversas enfermedades, que pueden degenerar en cáncer o crisis celíacas con un desenlace fatal para el paciente.
Hay personas que padecen la enfermedad celíaca y no sufren síntomas porque la parte no dañada del intestino delgado todavía tiene la capacidad de absorber suficientes nutrientes. Sin embargo, estas personas aún corren riesgo de complicaciones producidas por la enfermedad. Lo más habitual es la presencia de una diarrea crónica con heces malolientes y pálidas, distensión abdominal, pérdida de peso, deficiencias nutricionales y anemia. El dolor abdominal puede ser recurrente y asociado a flatulencia y a movimientos intestinales anormales. Sin embargo, cada individuo puede experimentar síntomas diferentes (dolor en las articulaciones, calambres musculares, fatiga...). Pero los síntomas varían en función de la edad. Cuando en la dieta de los niños menores de un año se introduce la alimentación con papillas puede comenzar a detectarse la intolerancia al gluten. En estos casos los niños desarrollan un carácter huraño, irritable, junto a los síntomas médicos ya mencionados, y sobre todo, la falta de peso y de talla. Para determinar si un niño o un adulto padece esta enfermedad la prueba más fiable es la biopsia intestinal en el que se pueden detectar si la vellosidades encargadas de la absorción de los nutrientes están dañadas. En los adultos esta intolerancia alimenticia puede provocar depresiones, esterilidad tanto en el hombre como en la mujer, menstruaciones tardías e irregulares, caída del cabello y abortos reiterados.
Según la asociación de celíacos española, el 80% de los alimentos de un supermercado contiene gluten
El tratamiento de esta enfermedad es exclusivamente dietético y consiste en eliminar todo el gluten de la dieta. Esta medida debe tomarse de por vida y su cumplimiento riguroso representa un reto, porque el gluten puede presentarse en forma de aditivos estabilizantes, emulsionantes, espesantes y otros derivados de granos que lo contienen y que se incluyen en alimentos procesados comercialmente. Es decir, los celíacos no deben medicarse pero sí controlar todo lo que ingieren, ya que el gluten se encuentra en la mayor parte de los productos que compramos. Según la FACE, el 80% de los productos de un supermercado contiene gluten. Alimentos de consumo tan habitual como los que contienen rebozados, fiambres de categorías bajas, productos de panadería, pastas alimenticias, espesantes, salsas y condimentos utilizan harinas o derivados para su elaboración.
En la mayoría de los casos tras una dieta libre de gluten en dos semanas se experimenta una mejoría de los síntomas y en un periodo de varias semanas o meses se recupera el estado nutritivo. Pero la dieta libre de gluten es complicada y requiere una estrategia completamente nueva para comer, lo que afecta totalmente al estilo de vida personal. Comer fuera de casa puede ser un desafío para una persona con celiaquía, que debe aprender a examinar a fondo el menú y preguntar al servicio sobre fuentes ocultas de gluten. Y comprar productos sin gluten, otra opción, les resulta muy oneroso: un kilo de pasta alimenticia de trigo tiene un coste medio de 60 céntimos de euro, mientras que un celiaco paga por un kilo de pasta libre de gluten 5,76 euros.
Un equipo de científicos de la Universidad de Oslo (Noruega), y de la Universidad de Stanford (EE.UU.) ha descubierto la causa y un tratamiento potencial para la celiaquía. Los investigadores comprueban que el fragmento del gluten llamado gliadina, culpable de la afección, es resistente a la digestión y es el responsable de la reacción inflamatoria perjudicial para el intestino que experimentan los pacientes celíacos. Igualmente, informan sobre el empleo de una enzima dietética fabricada por una bacteria que puede romper dicho fragmento en pequeñísimas porciones inofensivas, lo que apunta a una posibilidad de tratamiento mediante suplementos dietéticos. Estos son los primeros hallazgos que ofrecen a las personas celíacas una esperanza real de llevar una vida normal.
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