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Fumar en espacios públicos: después de casi cinco años, otro informe de CONSUMER: Los lugares públicos "libres de tabaco" siguen sin respetarse

Fumaban los usuarios, de media, en el 46% de los espacios en los que estaba prohibido, y lo hacía algún empleado en el 24% de los lugares visitados

En todas las universidades y en casi la mitad de los institutos de enseñanza media

  Se fumaba en todas las universidades públicas visitadas (un total de 12 en otras tantas ciudades), en todas las estaciones de autobuses y en casi todas las de tren, en todos los aeropuertos, en la mitad de los ayuntamientos, diputaciones o gobiernos autonómicos, en el 42% de los institutos públicos de enseñanza media, y lo que es aún peor, en uno de cada tres hospitales (grandes y pequeños por igual) y gasolineras (se añade en este caso el problema de seguridad). Los únicos espacios libres de tabaco en que se respetaba la prohibición de fumar son los museos y los autobuses urbanos. En las Oficinas de Turismo y del INEM estudiadas el incumplimiento fue pequeño: sólo en el 17% se vio gente fumando.

Fumaba algún empleado en el 40% de las universidades y estaciones de bus y tren

Al tabaquismo pasivo (sufrido por quienes conviven habitualmente en espacios donde se fuma) se le ha relacionado con el aumento del riesgo del cáncer de pulmón, el asma y enfermedades respiratorias. Por tanto, quien deja de fumar o evita hacerlo donde hay o habrá otras personas, no sólo beneficia su salud sino también la de quienes le rodean.

No se predica con el ejemplo

Para que esta norma la cumplan todos los usuarios, parece imprescindible que lo hagan también sin excepción los empleados que trabajan en los espacios legalmente libres de tabaco. Pero lo real se aleja mucho de lo ideal y, en este caso, de lo lógico: en cuatro de cada diez universidades, estaciones de buses y trenes, algunos empleados fuman. Y lo hacen en tres de cada diez gasolineras y ayuntamientos, y en dos de cada diez aeropuertos, institutos, diputaciones o gobiernos, y oficinas de turismo. Y en uno de cada diez hospitales y oficinas del INEM. Los únicos espacios públicos en los que sus trabajadores no fumaban fueron las bibliotecas, los museos y los buses urbanos. Por otro lado, para que la gente no fume donde la ley lo prohíbe, conviene que (tal y como indica la normativa) estos espacios libres de tabaco estén señalizados como tales. Pues ni siquiera este elemental principio se cumple: en la mitad de las universidades y oficinas de turismo, en el 42% de las estaciones de bus y en el 25% de los institutos, autobuses urbanos, diputaciones o gobiernos, y estaciones de trenes, no hay señalización de que no se puede fumar. Y otro tanto ocurre en el 17% de los ayuntamientos y bibliotecas; y en el 8% de los hospitales, aeropuertos y gasolineras. Otra iniciativa (aún no contemplada en la normativa) que puede reducir el consumo de tabaco en espacios protegidos es que no se venda este producto en sus instalaciones. Parece lógico que, no tratándose de un artículo de primera necesidad y siendo el tabaco de muy fácil adquisición en otros lugares, no se venda en los espacios libres de tabaco. Pero en todas las estaciones de tren y de bus visitadas, en todos los aeropuertos y en nueve de cada diez gasolineras y universidades se puede comprar tabaco. E incluso en el 13% de los pequeños hospitales y museos y en el 7% de los institutos.

Cómo se hizo el informe

El objetivo de este estudio es comprobar el grado de cumplimiento del Real Decreto 192/1988, de 4 de marzo, modificado a su vez por el RD 1293/1999, de 23 de julio, que restringen el consumo de tabaco en espacios públicos. Se visitaron 228 lugares en los que no está permitido fumar en Barcelona, Madrid, Málaga, Bilbao, Valencia, Alicante, Santander, Vitoria, San Sebastián, Oviedo, Pamplona y A Coruña. En cada ciudad se visitaron instalaciones abiertas al público del Ayuntamiento, Gobierno o Diputación, un aeropuerto, una estación de autobuses y otra de trenes, una universidad pública, un instituto de enseñanza media, una oficina de Turismo y otra del INEM, un museo provincial, un hospital grande y otro pequeño, una biblioteca pública, cuatro gasolineras y dos líneas de autobuses urbanos. Todos estos lugares fueron visitados entre el 8 y el 15 de enero, en hora de máxima afluencia y en dos ocasiones, excepto en gasolineras y buses, que se visitaron una vez. En cada uno de los sitios, el técnico de CONSUMER permaneció durante 45 minutos sin desvelar el motivo de su presencia. Visitó zonas de acceso público como pasillos, salas de espera, salas de exposición y vestíbulos. En cada lugar observó si fumaban trabajadores y usuarios y si se veían señalizaciones de prohibido fumar. Además, se anotó la reacción de los empleados cuando CONSUMER les interpelaba refiriéndose al incumplimiento de la norma.

Los datos, según las ciudades

Aunque la situación sea muy mejorable en las 12 ciudades, algunas destacan por el grado de incumplimiento de la norma. Los datos (por lo exiguo de la muestra: 19 espacios libres de tabaco en cada ciudad) no pueden interpretarse como reflejo preciso de la situación en cada ciudad, pero muestran diferencias significativas. En Santander, Alicante y Madrid se fumaba cuando menos en el 60% de los espacios libres de tabaco, mientras que en Pamplona el incumplimiento era de sólo el 27% y en Bilbao y Valencia del 33%. Con el 40% figuran Vitoria, A Coruña, Oviedo y Barcelona. En San Sebastián se fumaba en el 53% de los espacios y en Málaga, en el 47%. También interesa cotejar en qué medida fuman los trabajadores de estos espacios: lidera el ranking Santander, donde lo hacían en el 67% de los lugares, y le siguen Barcelona (47%) y San Sebastián (40%). También mal, Alicante (33%), Málaga (20%) y Valencia (20%). Sólo en A Coruña y Pamplona, con un 7% de espacios en los que alguno de los empleados fumaba, la situación es aceptable, si bien en Vitoria, Bilbao, Madrid y Oviedo, con un 13%, la proporción no es tan lamentable como en otras ciudades. Santander y Alicante, por otra parte, son las ciudades que en mayor medida (casi en la mitad) estos lugares carecen de la señalización que prohíbe fumar. Y la indiferencia de los empleados de estos espacios públicos sin tabaco ante el incumplimiento de la norma fue mucho menor en Madrid (el 33% dieron respuestas apropiadas) que en la mayoría de las demás: en diez de las doce ciudades, ninguno de los empleados indicó a quien fumaba que la norma prohíbe hacerlo; algo, por otra parte, bien sencillo de hacer. Porque no se trata de coartar la libertad de los demás ni de imponer nada, sino de defender el derecho de los no fumadores recordando -a quien la desconoce o transgrede- la existencia de una normativa legal.

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