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Las especies invasoras son, junto a la destrucción del hábitat, la principal causa de desaparición de plantas y animales
La globalización no es un fenómeno que afecta sólo al comercio, los sectores primarios, la industria, la economía, la seguridad, la política o los flujos migratorios de los seres humanos. También actúa, y no precisamente de modo positivo, en la naturaleza. Plantas y animales procedentes de otras latitudes del planeta dañan, de modo irreversible en ocasiones, a los seres vivos autóctonos de cada región del globo. Son muchas, y cada vez más, las especies que encuentran fuera de sus áreas naturales un medio apropiado para subsistir. Esta extraordinaria capacidad de adaptación se ha convertido en una amenaza que puede favorecer la extinción de las especies autóctonas con las que entran en competencia por el alimento o por el territorio. La proliferación de especies invasoras, o alóctonas, es, tras la destrucción del hábitat, la principal causa de extinción de plantas y animales, debido a que -según los casos- depredan sobre las autóctonas, compiten por los recursos, se hibridan y transmiten enfermedades.
La capacidad de adaptación de algunas especias foráneas se ha convertido en una amenaza para otras autóctonas
Algunas pueden llegar a cambiar el propio funcionamiento del ecosistema. Pero no todas las especies introducidas causan problemas. De hecho, muchas de las que habitualmente se utilizan en agricultura y ganadería son exóticas. Sin embargo, las especies invasoras se han convertido en parte importante del cambio ambiental global. En España, uno de cada cuatro tipos de peces que pueblan ríos y lagos es foráneo. Muchas plantas y animales han llegado, por causas accidentales o comerciales, a zonas muy alejadas de su hábitat natural. La introducción del conejo en Australia, que se convirtió en una auténtica plaga, es el ejemplo más conocido de especie invasora. En la Península Ibérica se han introducido -de forma intencionada o accidental- muchas especies exóticas, tanto de fauna como de flora que han causado graves perjuicios a las especies autóctonas.
Hierba de la Pampa o plumero
Falsa acacia (robinia pseudoacacia) invade, cada vez más, rincones de los montes. La hierba tradicional de los prados cercanos a la costa está siendo desplazada por el paspalum, gramínea sudamericana que forma una capa de grueso césped. El problema es similar al que se ha detectado en las comunidades del Sur y Baleares con el carpobrutus, césped africano que empezó a utilizarse para alfombrar los jardines de nuevas urbanizaciones por su capacidad para sobrevivir con poca agua y que ha terminado desplazando a las variedades que crecían en la zona.
Caulerpa taxifolia
Mejillón cebra
Cangrejo rojo americano
Lucio
Galápago de Florida
Malvasía canela
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