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Invertir en renta fija: Ganancias más seguras, pero a largo plazo

Invertir en renta fija se asemeja a una carrera de fondo: se destina a estos efectos capital con el que se quiere lograr, sin prisas, beneficios seguros a largo plazo

Letras, pagarés de empresa, bonos del Estado, cupones, calificación AAA... ¿Qué significan estos términos? Todos están relacionados con la renta fija. En tiempos en que la cotización de la Bolsa no para de descender y los títulos que en ella cotizan ofrecen resultados negativos, los inversores buscan oportunidades de negocio más seguras. Es entonces cuando entra en juego la renta fija que, frente a la variable, resulta más atractiva porque es menos arriesgado ganar dinero, aunque las rentabilidades esperadas son menores y difícilmente superan el 5% anual. Invertir en renta fija se asemeja más a una carrera de fondo en la que lograr ganancias inmediatas pasa a un segundo plano: habitualmente se destina a estos efectos capital ahorrado del que se puede prescindir y con el que se quieren conseguir, sin preocupaciones, beneficios seguros a largo plazo.

¿Qué es la renta fija?

Se trata de valores que emiten empresas y organismos públicos para captar financiación externa. Representan préstamos que los inversores ofrecen a las entidades emisoras a cambio del pago de unos intereses y la devolución del capital invertido en un plazo fijado previamente. Un inversor en renta fija no es un accionista, ya que éste es propietario de una parte del capital social de la compañía y aquél únicamente es acreedor de la sociedad emisora. Esta cuestión cobra importancia en el caso de liquidación de la sociedad, en tanto que el acreedor tiene prioridad de cobro frente a los socios. La renta fija recibe esta denominación por el hecho de que la mayoría de los productos de este tipo que existen en el mercado (llamados bonos) pagan un interés (cupón) fijo que se conoce en el momento de la compra. La otra gran diferencia entre los bonos y los productos de renta variable (acciones) es que la renta fija no concede derechos políticos (participación en la Junta de Accionistas o acceder a las cuentas anuales), mientras que las acciones sí.

Números rojos

La renta fija se asocia a inversión segura, pero también puede sorprender con números rojos. No habrá problemas (salvo que quiebre la entidad emisora) si el bono se mantiene hasta su plazo de vencimiento. Ahora bien, si se pretende vender antes, conviene sopesar ciertas cuestiones. Si un inversor adquiere bonos a cinco años y se ve en la necesidad de desprenderse de ellos a los tres años, deberá tener en cuenta el precio del dinero (los tipos de interés), pues la cotización de un bono tiene una relación inversa con los tipos de interés. Esto es así porque si los tipos suben, las nuevas emisiones de renta fija ofrecerán más interés y, por lo tanto, el bono que el inversor quiere vender anticipadamente en el mercado secundario (como un mercado de renta fija de segunda mano) pierde atractivo respecto a los nuevos. Por ello, si vende, se desprenderá de su bono a un precio más barato del que pagó por él y perderá dinero. En el supuesto contrario, si bajan los tipos, podrá recibir ofertas más suculentas que le permitirán obtener ganancias.

Solvencia del emisor

Es necesario fijarse en tres factores: el plazo de la inversión, el tipo de interés y la solvencia del emisor. Generalmente, cuanto mayor es el plazo de la inversión, las ganancias lo serán también. Los intereses son fundamentales si el inversor decide vender sus valores antes de su plazo de vencimiento. Si bajan, el producto puede ser vendido a un precio más alto del inicial, pero si suben, hay riesgo de perder dinero. Respecto al emisor del valor, es fundamental saber si es solvente. Este riesgo lo miden agencias especializadas que otorgan calificaciones a las emisiones de renta fija. Estas valoraciones reciben también la denominación de rátings. Según el baremo de algunas agencias, el ráting de AAA es el más fiable y refleja una alta capacidad de la entidad emisora para hacer frente a sus compromisos financieros. Una B indica que las perspectivas son negativas y si una entidad emisora merece una C, se encuentra cerca del impago. Antes de optar directamente por la renta fija es muy recomendable tener en cuenta también la inflación, sin centrarse únicamente en la rentabilidad. La renta fija a corto plazo produce resultados que en ocasiones no superan el IPC. Es lo que ocurre con los activos públicos, en los que la rentabilidad de las letras del Tesoro, por ejemplo, no supera el 3%. Y recordemos que el IPC de octubre de 2002 se situó en torno al 4%.

Tipos de productos

Hay una gran cantidad de valores de renta fija, pero la principal diferencia entre unos y otros reside en la entidad que los emite -públicas o privadas- y en el plazo de vencimiento. La deuda pública procede del Estado, las comunidades autónomas y otros organismos públicos como ayuntamientos, y ostenta la máxima calificación crediticia por parte de las agencias, es decir, se trata de inversiones seguras. La deuda pública ofrece Letras del Tesoro, Bonos y Obligaciones. Las Letras son valores a corto plazo (se devuelven en un plazo máximo de 18 meses). Sus intereses se pagan de una sola vez y al mismo tiempo que se devuelve el capital invertido. Los Bonos, en cambio, están emitidos a tres y cinco años y son títulos que abonan un interés periódico, en forma de cupón. Las Obligaciones del Estado, cuentan con la misma naturaleza que los Bonos, pero son a largo plazo (10,15 y 30 años). El pago de los cupones se realiza de forma regular (trimestral, semestral o anualmente). La última emisión de deuda pública arrojó las siguientes rentabilidades anuales: Letras (2,9%), Bonos (3,8%) y Obligaciones (5,36%). Respecto a los valores de renta fija privada, destacan los pagarés de empresa, que son valores cupón cero, es decir, al igual que las Letras los intereses se abonan al vencimiento del capital invertido. Los pagarés son a corto plazo, entre siete días y 18 meses. Además, existen los Bonos y Obligaciones, que como en la deuda pública son los valores de medio y largo plazo, respectivamente.

El inversor, antes de comprometer sus ahorros, debe meditar sobre algunas cuestiones:

  • la cantidad disponible
  • el tiempo que se desea mantener inmovilizado el capital invertido
  • el rendimiento que espera obtener y el precio que está dispuesto a pagar para lograr su objetivo, es decir, el riesgo que está dispuesto a asumir

Hay que leer con detenimiento las cláusulas de este tipo de productos financieros. Puede haber problemas para recuperar el capital antes del plazo previsto. Conviene cerciorarse de que el contrato permite recobrar la inversión en todo momento y conocer bajo qué condiciones se hará.

Comisiones: el producto financiero en el que se invierte se deposita en una cuenta de valores, que se abre en cualquier banco o caja de ahorros. Estas cuentas se gravan generalmente con dos comisiones: por administración y custodia, aproximadamente entre el 0,5% y el 0,6% del valor de los títulos; y en el momento del cobro de los intereses anuales, alrededor del 0,30% de los intereses recibidos.

Fiscalidad: las ganancias que se obtienen mediante los fondos de renta fija se suman a la base imponible del IRPF y sufren retenciones fiscales de hasta el 18%.


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