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Accesibilidad en el tiempo de ocio: Cines, museos y piscinas marginan a los discapacitados

Usuarios de sillas de ruedas e invidentes comprobaron "in situ" en doce ciudades la accesibilidad de 36 cines, 36 museos y 12 piscinas

Museos y sillas de ruedas

El 55% de los museos suspendió el examen. Las variables más críticas para los usuarios de sillas de ruedas fueron los accesos y las barreras en el interior del museo. Se pudo acceder al 92% de ellos, pero en uno de cada cinco de éstos fue posible por que los técnicos de CONSUMER prestaron ayuda a los discapacitados. En unos casos se debía a la existencia de escalones y en otros, a que al comprobar que el personal de museo no atendía al timbre de la puerta exterior, específica para minusválidos, el técnico de esta revista buscó y encontró a algún empleado del museo. De los museos a los que fue posible acceder, en el 36% no se pudo visitar algunas áreas o salas porque había barreras arquitectónicas que lo impedían. Ello se tradujo en un suspenso para estos museos. En el 42% de los museos, sin embargo, los minusválidos no se toparon con traba alguna para visitarlo con comodidad. En el resto, las barreras se refieren a incomodidades en el tránsito o a la exposición de obras inaccesibles para el usuario debido a su ubicación (excesivamente altas o en vitrinas con escasa visibilidad desde la silla de ruedas). Los aseos: tan sólo los tenían bien adaptados el 48% de los museos. Y, por último, sólo la mitad de los museos pueden decir que en sus inmediaciones hay un aparcamiento reservado para minusválidos.

Museos para ciegos

El 67% de los museos no aprobó el examen de los usuarios ciegos. Y tan sólo el 16% han adoptado medidas para facilitarles la estancia y disfrute en el museo. Los que lo han hecho, además, sólo ofrecen esta adaptación en un número reducido de obras expuestas. Se ha valorado positivamente que se permitiese a los ciegos palpar las esculturas para así poder apreciar el volumen y textura de la obra. En sólo la mitad de los museos que contaban con ascensor éste se hallaba adaptado con números en braille y/o dispositivo sonoro de aviso de parada y situación. Los pocos (el 33%) que superaron el examen lo hicieron porque algún empleado se prestó a realizar, junto al invidente, una visita guiada -sin coste ni horario prefijado, porque cuando suponía gasto o se exigía cita no se valoró tan positivamente- explicando al usuario ciego las obras del museo.

En las piscinas el problema está en el acceso al agua

El 58% de las piscinas suspenden el examen, pero salvo en dos de las doce estudiadas la adaptación de los accesos de entrada era buena. Las barreras más visibles son los obstáculos que impiden acceder a alguna zona del polideportivo. Pero si hay una variable de gran relevancia para el minusválido en una piscina es la adaptación del mecanismo de entrada al agua. De bien poco sirve que las instalaciones estén adaptadas si no se facilita el acceso a la propia piscina. Cinco de las doce estudiadas suspendieron por no contar con una "grúa" o mecanismo similar que deposita al usuario en el agua, lo que las convierte en inusables para una persona que va en silla de ruedas. Y sólo una no logra el aprobado general teniendo adaptada la entrada al agua.

En cuanto a los invidentes que desean hacer uso de las piscinas...

una de cada cuatro suspende el examen. En el 83% de ellas (diez de las doce estudiadas), un empleado acompañó a los invidentes. Y el 75% carecían de obstáculos reseñables. Una de las carencias más comunes es la inexistencia de elementos de información o situación (carteles, paneles, etc.) para los invidentes. Ninguna piscina ofrece información en braille, sólo se ofrecía en el ascensor. El 83% disponen de corcheras que delimitan todas o algunas de las calles. En las dos que no las tienen, ello dificulta la orientación de los ciegos cuando nadan, aunque en ambos casos el personal de la piscina se ofreció a acompañarles mientras nadaban.

Los desplazamientos

Un discapacitado, para hacer uso de piscinas, museos o cines, debe desplazarse por la ciudad. Las doce ciudades han sido suspendidas, tanto por los minusválidos como por los invidentes. En el caso de los usuarios de sillas de ruedas, el suspenso generalizado se debe fundamentalmente al estado de las calles (estrechamientos de aceras, pivotes que obstaculizan el tránsito, contenedores de vidrio y mobiliario urbano - papeleras, bancos farolas, señales- mal ubicado, vehículos estacionados en las aceras...), a los vados no acondicionados -bien por carecer de rebaje o por la existencia de vehículos en los mismos-, a la poca conciencia social de algunas personas, y a las largas esperas que se debe soportar a la hora de tomar taxis o buses adaptados para minusválidos. La situación cambia de una ciudad a otra, pero ninguna aprueba el examen. Los eurotaxis (taxis adaptados, normalizados) no están disponibles en todos los turnos, y otras veces su número no es suficiente para atender la demanda existente. En Alicante no se pudo localizar un eurotaxi, y en Málaga, Barcelona y San Sebastián la espera osciló entre los 50 y los 65 minutos. En el caso de los buses urbanos, si bien el 73% de los que se tomaron estaban adaptados, casi la mitad de ellos adolecían de deficiencias en su adaptación: el conductor no se acerca lo suficiente a la acera, con lo que la rampa no reposa sobre ésta y queda un escalón (hasta la calzada) de la altura del bordillo, o la rampa del bus no baja hasta el suelo.

Para los invidentes, las principales barreras en sus desplazamientos pueden englobarse también en dos grupos. El primero está compuesto por elementos no propios del mobiliario urbano, como bicis, motos, coches y camiones de reparto, carteles publicitarios y maceteros de comercios, etc., que no se encontraban debidamente alineados en las calles, con el consiguiente peligro para las personas ciegas. El segundo grupo está formado por baldosas rotas, farolas, señales, árboles y papeleras mal ubicados, aceras que se estrechan, calles peatonales transitadas por coches, bocas de incendio que, por su ubicación, pueden provocar tropiezos, desniveles sin diferenciar mediante cambio de textura del pavimento, contenedores para el reciclaje no alineados...

Por otro lado, el 63% de los semáforos a los que se recurrió en esta prueba no contaban con dispositivo sonoro de aviso para invidentes. Y en lo que al transporte público se refiere, sólo el 17% de los autobuses tienen dispositivo sonoro de información o localización, mientras que el metro (Valencia, Bilbao, Barcelona y Madrid) estaba adaptado para ciegos en todas las ciudades que cuentan con este medio de transporte. En cuanto a los taxis, ninguno de los que se tomaron disponía de aviso sonoro que informara cada cierto tiempo al usuario invidente cuánto dinero se lleva consumido en el trayecto.

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