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Charo López, actriz: "El público forma parte del teatro y es testigo de una representación irrepetible"

  Lo primero que llama la atención cuando se habla con Charo López es que tiene voz y actitud de artista. Habla con suavidad pero derrocha fortaleza y convicción, las mismas que le han servido para ser una actriz popular y a la vez de gran prestigio, consiguiendo mantener su vida privada absolutamente al margen del papel couché de las revistas del corazón y de los programas de TV que hacen de los avatares de los famosos su principal contenido. Defiende con firmeza que su entrega al público se da sobre las tablas del teatro, y nunca traspasa las puertas del camerino.

"En España no tenemos una gran cultura teatral, y las entradas son demasiado baratas para lo que cuesta montar las obras. Por eso, es difícil cubrir los gastos"

Los espectadores de cine, TV o teatro saben que Charo López se distingue por elegir minuciosamente sus papeles. No en vano, su dilatada carrera profesional está ligada a los grandes directores del cine español, a series de televisión que constituyen hoy una referencia de exigencia y calidad en este medio tan denostado, y a obras de teatro escritas por autores de prestigio internacional. Dio vida a mujeres de carácter en películas filmadas por Gonzalo Suárez (Ditirambo, La regenta , Don Juan de los infiernos), Mario Camús (El Alcalde de Zalamea, La vieja música), Eloy de la Iglesia (Los placeres ocultos), Vicente Aranda (Tiempo de silencio), Daniel Calpasoro (Pasajes), Pedro Almodóvar (Kika), Montxo Armendáriz (Secretos del corazón) e Imanol Uribe (Plenilunio). Al mismo nivel, en la retina de los televidentes ha quedado ligada esta actriz autores como Vicente Pérez Galdós en Fortunata y Jacinta, a los Gozos y las sombras de Gonzalo Torrente Ballester y a Emilia Pardo Bazán en los Pazos de Ulloa. Tres obras maestras de la TV seriada que le reportaron, además de prestigio, una gran satisfacción pero que, paradójicamente, hacen que vea difícil su vuelta a la pequeña pantalla "tengo miedo a defraudar, a defraudarme y, aunque no descarto volver a rodar para la tele, el proyecto tendrá que ser un tesoro". No corre este riesgo en el teatro, porque es ella misma quien decide las obras a representar y quien las pone en marcha, bajo la dirección de Miguel Narros (El condenado por desconfiado), Fernando Fernán Gómez (Los lunáticos), o Carlos Gandolfo (Una jornada muy particular)."Cuando volví de América me lancé, y formé mi propia compañía para dedicarme a lo que más me gusta: interpretar personajes dramáticos". Charo López es, sin duda, una actriz de teatro.

Llegó al escenario por vocación, "lo heredé en los genes, mi madre no se dedicó al mundo del espectáculo pero era una mujer muy comunicativa. Respecto del público del teatro, asegura que "tiene un sentido crítico mucho mayor y más acertado de lo que él mismo piensa". Defiende la necesidad de recorrer toda la geografía del país para encontrarse con el público, y se muestra encantada con la red de teatros que proliferan lejos de Madrid y, aunque huye de los proyectos cuyo único propósito es hacer taquilla, lamenta los bajos precios de las entradas "más aún si se compara con los del resto de Europa" que hace muy difícil la rentabilidad del teatro. Pero esto no le amilana en su empresa y desde el 14 de marzo, fecha en que Salamanca, su ciudad natal, adoptó el título de Ciudad Europea de la Cultura, Charo López es Francesca, la mujer que vive unos días la encrucijada de su vida en Los puentes de Madisson.

Representa una obra que triunfó tanto como novela como, especialmente, en el cine. ¿Facilita esto el éxito de taquilla o se arriesga a las comparaciones?

La novela de R. J. Waller triunfó en el cine y también lo ha hecho en teatro, porque es una gran historia, y aun siendo un reto interpretativo, no temo las comparaciones, igual que no creo que el hecho de que la obra sea conocida por el cine garantice nuestro éxito. Son dos lenguajes distintos, y en ambos, el papel de Francesca es exquisito, un personaje que satisface a las actrices de primera talla, como lo demuestra que fuera Meryl Streep quien la llevara a la gran pantalla. Me apetecía mucho interpretar a esta mujer, me sentía cerca de ella y compartimos un mundo que nos afecta a ambas. Por eso monté la obra. El teatro te permite, como no sucede en el cine, elegir a un personaje, acceder a él y darle vida propia.

No deja de ser curioso que del lenguaje cinematográfico se pase al teatral, cuando antes sucedía lo contrario: una buena, o popular, obra de teatro era adaptada al cine.

Hay obras actuales de teatro que son excepcionales, pero igual que un buen argumento basado en una novela llega al celuloide puede hacerlo a las tablas. Puede también que nunca se traduzca a otro lenguaje. Sucedió con la obra del nobel Darío Fo Tengamos el sexo en paz. Una propuesta que abordaba con rigor, seriedad y talento un tema muy actual y que necesariamente hubo de ser el teatro quien lo pusiera en marcha.

Parecen muy lejanas las odiseas sufridas por los cómicos correcaminos que tan magistralmente reflejó Fernando Fernán Gómez en Viaje a ninguna parte. Sin embargo, la realidad parece no haber cambiado tanto: en las giras teatrales el escenario se sigue llevando a cuestas, son muchos los kilómetros que se recorren y los actores se convierten en artistas ambulantes que venden su arte. Además, muchas obras entrañan un gran riesgo económico. ¿Merece la pena tanto esfuerzo?

Es la única manera que tenemos de saber si las obras funcionan, si llegan al público. Antes se hablaba de giras de provincias, puede que este término resultara despectivo, pero ahora es todo lo contrario. Estrenar en las distintas plazas, conectar con todo tipo de público y salir a buscarlo a las diversas ciudades es clave. Por ejemplo, Los Puentes de Madisson no se estrenó en Barcelona, ni en Valencia ni en Madrid. La red de teatros de nuestro país es extraordinaria, los camerinos están cada vez más cuidados, las plateas se han construido muy bien o se han rehabilitado, se ha concedido importancia a la luz y al sonido.... En ocasiones, los teatros de las ciudades pequeñas están mejor preparados que los de las grandes, y los ejemplos de auditorios de vanguardia son cada día más numerosos. En definitiva, da gusto viajar con nuestras obras por todo el país aunque suponga un esfuerzo.

Es habitual que los productores teatrales manifiesten su preocupación por la escasa rentabilidad de las obras que montan. ¿Tan difícil es ajustar presupuestos?

El principal problema es que en España las entradas del teatro siguen siendo demasiado baratas. El precio no tiene nada que ver con lo que cuesta en Europa, y no digamos en Estados Unidos. Tristemente, hemos de admitirlo, no hay una gran cultura teatral, y montar obras sale caro y no se llega a cubrir gastos.

El teatro de vanguardia, de mucha relevancia en los años 80, rompió moldes pero se le achacó que resultaba incomprensible y aburrido para la mayoría. ¿Cree que alejó al público de las butacas?

Salvo las obras mal hechas, ningún movimiento teatral, por muy vacío o banal que resulte, tiene capacidad para dañar al teatro. Si la obra gusta, llena aforos, pero el teatro que intenta vender en la taquilla lo que no ofrece en el escenario aleja al espectador, que sabe más de lo que él mismo piensa. El arte no puede concebirse bajo el prisma mercantilista, porque se convierte en su peor enemigo.

El cine de consumo es un producto comercial elaborado por una industria exitosa, pero quizá más atenta al marketing que a criterios artísticos. ¿Cómo puede competir el teatro, con su modestia de medios, con una ficción cinematográfica protagonizada por actores mundialmente conocidos y que cuenta con la espectacularidad que aporta la tecnología de los efectos especiales?

"Los actores nos vemos obligados a entregarnos, a darnos al público en cada representación, que es irrepetible. Y esa es precisamente la magia del teatro"

Hay algo que ocurre en el teatro que no pasa en el mundo audiovisual. La tele es tan dura y el cine se presenta tan enlatado, que el público no puede manifestar su opinión. Por eso, estoy convencida de que nunca viviremos una crisis definitiva del teatro. Es un arte con muchos siglos de vida que está aprendiendo a convivir con otras manifestaciones artísticas, y que cuenta con una ventaja: el actor se expone todas las noches y entrega sensaciones, ofrece en vivo y de forma irrepetible un mundo distinto en cada representación. Los artistas podemos, en cada actuación teatral, estar sublimes, conectar con el público y transmitirle entusiasmo y amor o, por el contrario, resultar tediosos y comunicar inseguridad o cansancio. Es diferente todas las tardes, esa es la gran ventaja del teatro respecto del cine y la televisión.

¿Cree que el público de teatro es más exigente?

Sí que lo es y, además, forma parte del espectáculo. Si se entusiasma, se pone de pie, aplaude tu entrega, reconoce tu mérito y, lo más importante, se sabe protagonista de lo que en ese preciso momento se ha representado. En una película, la única opción que tiene el público es manifestar su parecer respecto de un producto cerrado que es el mismo que se vio ayer y el que se verá mañana. Pero no hay nada personal, no hay comunicación real con los actores. Por eso, nuestro público es muy heterogéneo y no se sujeta a un estándar de gustos. Hay días en que predomina la gente mayor y otros la gente joven. Tal vez un rasgo peculiar es que acuden más mujeres que hombres.

El público asiste a una sola representación, pero ¿cómo puede el actor mantener la tensión y la entrega a lo largo de las decenas de actuaciones que compone toda la gira?

Esa es precisamente la magia del teatro. El teatro entraña peligro, el actor está obligado, en cada representación, a entregarse, a hurgar en su memoria emotiva y a darse al público. Es, para nosotros, un auténtico desnudo integral.

¿Se sobrevive?

Todo lo que diga sobre el esfuerzo que ponemos en el escenario los actores es poco. Morimos todos los días al terminar la representación. La satisfacción es inmensa, acompañada de dolor y a veces de frustración, pero sabes que llegarán esas noches en las que la felicidad es indescriptible. El teatro engancha al actor.

¿Más que el cine?

En el cine tienes que esperar a que te llamen. El director te busca porque encajas en el papel, pero en el teatro, al menos en mi caso y a estas alturas de mi carrera, tengo la satisfacción de poder proyectar obras para trabajar en lo que me apetece. Regresé de América y monté mi propia compañía. Sabía que me acarrearía muchas complicaciones, pero he de reconocer que no me va mal.

¿Le aleja esta decisión de la televisión?

Seguramente haré series, pero he participado en trabajos televisivos tan bonitos que me da miedo defraudar al público y defraudarme yo. De los pocos aciertos de los que puedo presumir en mi vida, es que me marqué la obligación de respetar al público, ganármelo a través de mi trabajo, y creo haberlo conseguido. No puedo empezar a fallar ahora.

Un público que le es fiel, y la considera, además, un símbolo de belleza.

No me siento así, de hecho me molesta admitirlo y me cuesta hablar de ello. Ni de jovencita me consideré parte de ese prototipo, pero entiendo que no me corresponde a mí hacer el juicio, aunque intento defenderme de esa etiqueta.

Parece que ha tenido siempre las cosas muy claras.

Para mí ser cómica, ser actriz, fue una decisión que tomé tras saber para qué sirvo y cómo tengo que hacerlo. De hecho, no siento que asumiera ningún riesgo. Nací actriz, no significa esto que me esté piropeando, es como si dijera que soy rubia. Lo heredé con los genes, mi madre era una mujer muy extravertida y comunicativa, pero ella no convirtió sus cualidades en una profesión, y yo sí.

¿Calculó también el coste que supone la fama, aparcar el anonimato y verse obligada a compartir parte de su vida con el gran público?

El actor no tiene esa obligación. Debe ser muy cuidadoso con lo que hace y dice, ya que si se aprovecha de su posición puede generar mucho daño. Que yo tenga una voz pública es consecuencia de mi trabajo, pero no me otorga la facultad de poder utilizar mi fama en pro de cualquier cosa.

Salmantina de nacimiento y corazón, la obra con la que recorre ahora España arrancó en la hoy Ciudad Europea de la Cultura.

Ha sido un deseo, una necesidad y una suerte que nos haya tocado. Salamanca ,después de la capitalidad europea, con tantas propuestas atractivas de danza, música y teatro va a ser una ciudad más conocida, más querida y más entendida. Estoy completamente ligada a ella y muy orgullosa, aunque suene a folklore, de Salamanca.

Sorprende esta apasionada declaración en una persona que no acudió a Hollywood cuando Secretos del Corazón luchó por el Oscar.

Es que estaba de gira y no pude ir. Pero eso es lo menos importante de lo que le ha pasado a la película de Montxo (Armendáriz). Es una película extraordinaria, que ha obtenido muchos premios y que se está convirtiendo en una obra maestra.


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