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Joane Somarriba, ciclista, bi-campeona del Tour de Francia: "Entiendo que los padres tengan miedo de que sus hijos salgan a la carretera en bici"

  Joane Somarriba (Sopelana -Vizcaya-, 1972) ha ganado cuatro grandes vueltas ciclistas, las ediciones de 1999 y 2000 del Giro de Italia y las del Tour de 2000 y 2001, lo que le acerca al récord de tres Tours de Luperini (conseguidos en 1995, 1996 y 1997).

En plena pretemporada con su equipo, el Deia, hace un hueco en su agenda repleta de kilómetros, pruebas y escaladas para hablarnos de lo que fue una diversión y pasó a ser un proyecto profesional. Con la mente centrada en el Tour 2002, "donde al duro perfil con puertos míticos como Glandon, Madaleine, Izoard..., se añade la responsabilidad de salir como favorita", apenas tiene tiempo para pensar en otra cosa que no sea entrenar: "la vida de una ciclista es efímera, y tenemos que aprovechar los años buenos". Lo dice quien fue capaz de salir a flote y volver al deporte de elite tras una operación de hernia discal en 1991 cuyas complicaciones la apartaron de su carrera deportiva durante dos años y casi la dejan postrada en una silla de ruedas. Su tesón personal y la pasión por la bici la llevaron a conjugar su identidad como mujer y su vocación de deportista. "En el ciclismo, dentro de los deportes populares y de espectáculo, la diferencia de resultados entre hombres y mujeres está más acentuada que en otros, aún si cabe".

Es consciente de que sus triunfos han servido para rescatar de la sombra una modalidad deportiva poco conocida en nuestro país, lo que le llena "de satisfacción y orgullo". Sus alegres y espontáneas expresiones gestuales y locuacidad se transforman en serias y meditativas sólo en un momento a lo largo de la entrevista, cuando rompe una lanza a favor de sus compañeros y contra la presión a la que se ven sometidos por los reiterados controles antidopaje: "lo único que pido es que se mida a todos los deportes por igual, no tenemos por qué ser los únicos sospechosos". Todavía le quedan muchos proyectos por cumplir, pero sabe que, siendo joven aún, tendrá que apearse de la bicicleta y emprender una carrera bien distinta a la de las competiciones ciclistas aunque "eso sí, vinculada a este mundo". Y sólo entonces se planteará tener familia "es que tengo compañeras que son madres, y las he visto sufrir muchísimo para compaginar su vida personal y laboral y yo no deseo eso". A sus futuros hijos les quiere transmitir la pasión por el ciclismo "como hizo mi padre con sus cuatro hijas, cuando las carreteras no entrañaban tanto peligro para el ciclista, aunque lo de aquí nada tiene que ver con la inseguridad de Italia", un país que conoce bien porque fue allí donde dio el salto a la profesionalidad y a la fama.

¿Cómo se llega a la convicción de que una afición puede convertirse en una profesión?

"Algunas compañeras ciclistas son madres, y las he visto sufrir mucho para compaginar su vida personal con la profesional"

Al principio, andar en bici era un juego, una diversión de fin de semana para la que demostré unas cualidades especiales, de hecho recuerdo que mi hermana mayor se quejaba porque entrenaba más que yo pero terminaba siempre detrás. Y así, de salir a dar vueltas terminé en una escuela, me apunté a pruebas y carreras, y empecé a plantearme el ciclismo como una meta, más allá de una distracción o un deporte.

Sin embargo, tuvo que salir fuera a hacer carrera.

En España no había apenas equipos que apoyaran a las chicas, tan sólo nos facilitaban la ropa, de hecho todavía no existe la posibilidad de convertirse en profesional, y por ende tener una dedicación exclusiva. La suerte me llegó en un Giro de Italia al que acudí con la Federación estatal; entonces el equipo italiano Alfa Lum se fijó en mí y me ofreció una ficha. Me costó tomar la decisión, pero entendí que no podía dejar pasar esa oportunidad después de tantos años de trabajo. Sabía que iba a ser duro: iba a un país extranjero, a un pueblo cercano a Bolonia con unas condiciones muy buenas para entrenar, pero donde vivir significaba casi exclusivamente entrenamiento, competiciones y carreras. Al final, me compensó con creces, por los resultados y por que estas experiencias te forman, aprendes mucho de ti misma, y del mundo que te rodea. Por ejemplo, he tenido compañeras, sobre todo rusas, que tienen hijos. Para ellas, la bici es su trabajo, viven en países con economías deprimidas y es su manera de ganarse la vida, pero este deporte exige todo de ti y les he visto sufrir muchísimo.

Usted sortea desniveles de porcentajes impensables, recorre decenas de kilómetros bajo el capricho del clima, contrarrelojea bien ¿cuál es su característica principal como ciclista?

En mi caso, lo que mejor me define es la regularidad. La clave es sentirte cómoda en todas las modalidades, porque es así como se ganan las pruebas. Si miro atrás veo que casi no he tenido días malos o si los he tenido los he podido sobrellevar. Por supuesto el entrenamiento es fundamental, por ejemplo en pretemporada recorres hasta 150 kilómetros diarios, pero también potencias fondo, o escalada. Y al final, si tu objetivo son las grandes vueltas por etapas, como el Tour o el Giro, utilizas las carreras porque la competición es al final lo que te pone en forma, vas afinando, te vas encontrando contigo misma y empiezas a pensar en las grandes citas.

¿Y en los puertos a 2.000 metros de altitud?

Las etapas duras, las interminables escaladas, dependen mucho de ti, de las circunstancias en las que estás corriendo. El Tourmalet de mi primer Tour me pareció durísimo. Pero en 2000, cuando gané la carrera, no me pareció tan horroroso, ese día me iban las piernas y disfrutaba subiendo. Pero no hay duda de que estos puertos te obligan a un desgaste tremendo.

La experiencia es un grado, ¿no le da cierta tranquilidad?

"Lo que hiciste el año pasado ya está olvidado, y encima te genera más presión, al salir de favorita en las vueltas importantes"

Cada temporada es diferente. Lo que hice el año pasado ya lo he olvidado, y si de algo sirve ahora es que te genera una presión importante: salgo de favorita, se espera que esté en mi nivel, pero no puedes evitar sentir que el último mes es clave, que no puede pasar nada, que no te coja una gripe, que no te caigas y además, siempre te queda la incertidumbre de que a pesar de haber entrenado igual, tal vez no consigas el mismo estado de forma. Le das muchas vueltas a la cabeza. Yo en carrera soy muy fuerte, pero en el entrenamiento soy pesimista. Reconozco que mi marido tiene mucho trabajo conmigo. (Está casada con Ramuntxo González Arrieta, ciclista profesional que se retiró la pasada campaña).

¿Es consciente de que ha entrado a formar parte de la historia del deporte?

Abrir camino es muy gratificante, sobre todo cuando ves que obtienes resultados y éstos se traducen en que por primera vez, aquí, un esponsor (el diario Deia) apoya a seis corredoras de nivel profesional. Y es que, si en la mayoría de deportes la diferencia entre mujer y hombre deportista es grande, en el ciclismo es aún más acusada. El enorme presupuesto que mueve una escuadra masculina contrasta con la casi ausencia de equipos femeninos. Equipararlo lo veo todavía muy lejano, aunque no hay que perder la esperanza ya que en otros deportes como el tenis y en parte el atletismo ya se ha conseguido.

¿Tanta diferencia hay entre un pelotón masculino y otro femenino?

Si comparas el público que hay en las subidas de los chicos con el número de espectadores de las chicas da mucha tristeza. Recuerdo con especial cariño y satisfacción la salida del Tour en Bilbao, la gente se volcó y tengo que decir que me llevaron en volandas durante toda la etapa. Pero eso es una excepción, aunque cada vez haya más gente a la que le interesa nuestras carreras, lo que aumenta la moral y las ganas de seguir luchando.

Sin duda, el deporte es un espectáculo y cada día se exige más los deportistas, que se ven obligados a esfuerzos casi inhumanos. ¿Cómo se viven desde dentro los escándalos relacionados con el dopaje?

En el mundo del ciclismo tenemos la sensación de ser algo así como una cabeza de turco con este tema, y esto nos está haciendo mucho daño, porque va en detrimento no sólo del deporte y los deportistas, es que pone en peligro su viabilidad económica. Se olvida que estamos muy controlados, que nos sometemos a muchos análisis de sangre, de orina... no sé qué otro deporte está tan fiscalizado. Y no es justo. Se han llegado a dar circunstancias escalofriantes. Al alojarnos en un hotel para emprender el Giro, nos registraron como si fuéramos delincuentes. Esta presión antideportiva desmoraliza, y es difícil de entender qué necesidad hay de que registren tu equipaje de madrugada. Espero que esto cambie, en el sentido de que esa lucha contra el dopaje se extienda a más deportes, y que la exigencia de salud sea compartida.

Una salud que también se expone en la carretera, porque el entrenamiento de un ciclista se realiza sobre el asfalto y eso entraña un peligro.

Todos los días estamos expuestos a un accidente. Trabajamos entre coches, pero en general he de decir que en las carreteras del País Vasco, donde yo entreno, se nos tiene en cuenta. Y yo puedo compararlo con Italia, donde su afición al ciclismo (que, después del fútbol, es el deporte que más seguidores mueve) no les impide moestrar una falta de respeto total en las carreteras. Parece increíble, pero da miedo, nunca se te olvida el casco. Y aunque en nuestro país sea muy diferente, eres consciente del peligro. No es de extrañar que el ciclismo de base se esté viendo reducido, yo entiendo que los padres tengan miedo de dejar que sus hijos salgan por la carretera, tenemos experiencias muy malas.

La nueva ley de Tráfico permite a los ciclistas circular en autovías, ¿No entraña aún más riesgo aventurarse en vías de alta velocidad?

Las autovías tienen arcenes muy grandes, a mi me parece una medida positiva, como lo es la preferencia que tienes en un rotonda si vas en bici. Son pasos hacia delante, aunque no tenemos que conformarnos. Todavía estamos muy muy distanciados de Europa del norte, donde tienen una cultura ecológica, de nivel de vida y salud mucho mayor: allí la gente aparca los coches y coge las bicis.

La falta de seguridad también ha influido en el aumento del uso de las bicis de monte.

A mi no me gustan, y es que son dos deportes que nada tienen que ver. Al ciclista de ruta le gusta subir puertos, bajarlos, pisar el asfalto, recorrer kilómetros siguiendo un trayecto... pero no hay duda de que la mountain bike es una alternativa muy saludable y menos peligrosa que el cliclismo de carretera.

¿A quién admira como mito deportivo?

Sin duda, a Miguel Indurain. Soy su fan número uno. Como corredor y como persona es muy grande. He tenido oportunidad de conocerle, era compañero de mi marido, y es de esa gente que admiras y no te decepciona, era igual de grande sobre la bici que cuando se bajaba de ella.

¿Y qué pasa cuando un ciclista se baja de la bici definitivamente?

Está claro que tu profesión termina antes que la de los demás, acabas tu carrera a una edad en la que otra gente está empezándola, pero hay que ser optimista y pensar ha sido tu elección, en la que te dejas la piel y con la que disfrutas de unos años magníficos. Después vendrán otros. En mi caso, ligados casi seguro al deporte, que es lo que más me gusta.


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