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Aúnan ocio estival con trabajo no remunerado y permiten convivir con personas de otras ciudades, culturas y países
Arrancar maleza del Camino de Santiago, recuperar una vieja escuela y convertirla en residencia de ancianos, canalizar agua desde un pozo hasta un poblado, regenerar montes que fueron pasto de las llamas o acompañar a personas con minusvalía durante sus vacaciones son algunas actividades que cada verano reúnen a cientos de jóvenes europeos en torno a lo que se conoce como campos de trabajo. Se trata de aunar el tiempo de ocio estival con trabajo no remunerado, a la vez que se convive con personas de otras ciudades, culturas y países. Los requisitos para participar en campos de trabajo, cuyas ofertas tramitan las instituciones autonómicas y se hacen públicas a partir de abril, son tener más de 16 años y menos de 25 años (aunque hay destinos más especializados que buscan profesionales sin importar su edad), abonar los 60 euros que dan derecho al alojamiento y a la manutención durante los 15-20 días en los que habitualmente se prolonga el encuentro (el traslado corre por cuenta del voluntario) y acatar unas sencillas normas que se resumen en respetar a los demás y cumplir con las obligaciones que marca la organización.
En un campo de trabajo lo fundamental es desarrollar un proyecto, lo que exige seriedad y asumir responsabilidades
La idea nace a finales de la Primera Guerra Mundial. Diversas organizaciones humanitarias aprovecharon la infraestructura y la red de voluntariado joven para organizar grupos que, durante los meses de verano, dedicaran su tiempo a rehabilitar infraestructuras de pueblos y ciudades devastadas por la contienda. Décadas después se mantiene la propuesta de destinar quincenas de estío y vacaciones a trabajar de forma voluntaria en pequeños proyectos arqueológicos (restaurar iglesias, excavar en ruinas), medioambientales (limpiar riberas de ríos y costas marítimas, repoblar montes, levantar cortafuegos) o humanitarios (acompañar a ancianos o personas con minusvalía, colaborar en campos de refugiados). Se trata de una actividad que va más allá de los campamentos que permiten conocer otras culturas, una modalidad también muy extendida; en los campos de trabajo el voluntario se compromete a trabajar sin recibir a cambio remuneración alguna.
El Servicio de Voluntariado Internacional coordina los proyectos en la Comunidad Europea, Estados del área y otros países mediterráneos (Turquía, Marruecos, Túnez) e incluso en Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, la gestión y la publicación de ofertas corresponde a cada comunidad autónoma aunque, en ocasiones, también entidades privadas sin ánimo de lucro (ONG sobre todo) incluyen entre sus proyectos campos de trabajo. Este año está previsto que después de Semana Santa las instituciones comuniquen los destinos y las plazas a cubrir y abran el plazo de inscripción. Las normas les llevan a no acoger a más de 2 personas de la misma provincia en la que se desarrolla el trabajo y los límites de plazas vienen marcados por el cupo otorgado a cada comunidad. La plaza se consigue, salvo si se precisa de unos determinados conocimientos, en función de la fecha de inscripción y no hay inconveniente en ser apuntado en más de un destino.
Los 60 euros que se abonan dan derecho a alojamiento, comida y seguro de accidentes durante la estancia, aunque el traslado siempre corre a cargo del voluntario. Los campos de trabajo no prometen lujo ni comodidades, se duerme tiendas de campaña o habitáculos rudimentarios y a menudo las colchonetas en el suelo hacen de cama. Dependendiendo del proyecto, además, la preparación de comidas y la logística son también responsabilidad de los integrantes del grupo. Esta actividad se suma al tiempo de trabajo, que se desarrolla de lunes a viernes durante 5-7 horas al día y preferentemente por mañanas. Si bien en los campos de trabajo siempre hay monitores especializados que dirigen el proyecto y en ocasiones se ofrecen otras actividades para ratos de ocio, son los propios participantes los únicos resposables de organizar su tiempo libre.
Aunque la mayoría de destinos son nacionales, salir al extranjero es un atractivo añadido de los campos de trabajo por las oportunidades que brindan para practicar idiomas. No obstante, ese no es el objetivo de estas actividades. Y con el fin de asegurarse de las verdaderas intenciones de un voluntario, algunos campos de trabajo de países de habla inglesa exigen a los paticipantes, antes de admitirlos, que demuestren haber realizado con anterioridad labores de voluntariado. En otros destinos, aunque el conocimiento de la lengua no es determinante, se precisan nociones mínimas del idioma o idiomas en que se desarrollará el campo de trabajo (normalemente la lengua local y el inglés) para asegurar la comunicación entre los integrantes del campo.
La participación de personas de distintos lugares conviviendo bajo los principios de respeto mutuo y solidaridad, trabajando desinteresadamente para lograr objetivos comunes, permite conocer diferentes realidades sociales, culturales, económicas, etc., tanto de las personas que participan en el proyecto, como del país o región donde se desarrollan. Los campos de trabajo, a diferencia de colonias o campamentos, son espacios donde se requiere una máxima participación e implicación de los voluntarios en cuestiones comunes que afectan al desarrollo de la actividad.
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